Indignación. Fue la palabra más repetida durante todo el día de ayer por usuarios de la playa de El Puntal, vecinos y políticos como reacción a la noticia publicada en EL DIARIO MONTAÑÉS sobre la petición de la Dirección General de Biodiversidad de que desaparezcan los chiringuitos y el embarcadero de este arenal de Somo.
El apoyo social queda demostrado, en primera instancia, por las 3.000 firmas a favor del mantenimiento recogidas en una semana.
Los alcaldes de la zona, Francisco Asón (PRC-Ribamontán al Mar), Íñigo de la Serna (PP-Santander) y Severiano Ballesteros (PRC-Marina de Cudeyo) exigieron ayer que se renovaran las concesiones, que caducaron en 2008.
Los tres consideraron que tanto los dos chiringuitos como la pasarela por la que desembarcan los pasajeros de las lanchas de las empresas 'Playas del Puntal' y 'Los Reginas' prestan un servicio «imprescindible» para los usuarios de esta playa.
Aunque el arenal pertenece al municipio de Ribamontán al Mar, la mayoría de sus usuarios proceden de Santander. Por ello, su alcalde consideró que «tengo mucho que decir en su defensa».
Defensa de De la Serna
Fue Ricardo Tricio (copropietario del primer chiringuito, el embarcadero y las lanchas 'Playas del Puntal') quien puso al corriente de la situación a De la Serna. Le explicó que cuando pidió a Costas un permiso para recuperar la arena que los temporales del invierno 'roban' de los bajos del restaurante y que se acumula a los pies del embarcadero, Biodiversidad emitió un informe en el que pedía la desaparición de todas las instalaciones. Por eso, De la Serna defendió el pasado 1 de julio su continuidad ante la directora general de Costas, Alicia Paz.
«Entre otros asuntos que llevé a Madrid estaba el de El Puntal, porque es una playa muy utilizada desde hace muchos años por los santanderinos. La directora general me aseguró que por su parte no había ningún problema para continuar con las concesiones, si las instalaciones se ajustan a la Ley de Costas, pero que si Biodiversidad no cambiaba su informe, no sería posible sacar un nuevo concurso». Como conclusión, De la Serna apuntó que «quien realmente quiere cargarse los chiringuitos y el embarcadero, para que la gente no puede ir a este playa si no tiene barco particular, es el señor Revilla, no Costas».
De todo el informe de Biodiversidad, firmado por la directora general, María Eugenia Calvo, la parte más demoledora y que supone la sentencia de muerte para estas infraestructuras está en las cuatro últimas líneas: «Se considera altamente prioritaria la retirada de todas las instalaciones existentes en El Puntal de Somo, estimándose conveniente no otorgar una nueva concesión debido a la afección de las mismas sobre el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) Dunas del Puntal y Estuario de Miera».
Para el regidor de Ribamontán al Mar, Francisco Asón, es incomprensible que «el puerto natural más importante de España esté afectado por un LIC, porque no sólo es el puntal, sino también Somo y Pedreña. Ni todo Vizcaya ni Guipúzcoa juntas están tan afectadas como nosotros».
En este sentido, Severiano Ballesteros, alcalde de Medio Cudeyo, afirmó que «el problema es que aquí no se enteran de lo que legislan en Europa, pero luego se aplican las leyes sin tener en cuenta si perjudican a los ciudadanos. Lo primero que hay que proteger es al ser humano, por encima de las gaviotas (es un decir) o del paisaje, siempre que no sea una aberración».
Desde la Consejería de Ganadería se sostiene que las instalaciones de El Puntal afectan a las dunas y al hábitat marino. Los tres alcaldes rebaten los argumentos dados por Biodiversidad: «Hace 75 años, cuando comenzaron los primeros desembarcos de pasajeros a través de las 'pedreñeras' y, más tarde, hará unos 45 años, con los primeros chiringuitos, casi no existían las dunas. Fueron los propietarios de los restaurantes quienes plantaron los árboles y hierbas dunares».
Dunas cuidadas
Asón indicó que «hay fotos que son el mejor testigo. Demuestran que antes, las dunas de El Puntal no eran, ni de lejos, lo que son ahora. Otra cosa es que, de cara a una nueva concesión, los chiringuitos tengan que ajustarse a la legislación en cuanto a su tamaño».
Ballesteros también apoyó esta postura afirmando que «en los últimos 30 años, las dunas han crecido 200 metros. Si los chiringuitos fueran tan malos para el desarrollo de las mismas, como afirma Biodiversidad, ¿cómo es que la tendencia no haya sido a desaparecer? Éste es un mundo de locos. Estamos en unos municipios que son un cero a la izquierda».
En cuanto a la afección marítima, el documento de Biodiversidad apunta la existencia de «vertidos de gasoil y otros productos al agua con efectos negativos sobre un área potencial de especies vegetales formadoras de praderas submarinas del Cantábrico». Sobre este punto, De la Serna aseguró que señalar a las 'pedreñeras' como únicas culpables «está fuera de lugar, ya que el tráfico más importante de la bahía es de barcos privados. ¿Qué pretende el Gobierno de Cantabria: prohibir la circulación de las embarcaciones?».
Asón también se refirió a este punto diciendo que «no acabo de entender su postura. ¿Quiéren que volvamos a la Edad de Piedra, todos a nado hasta El Puntal? El ocio náutico tiene que respetarse. Somos una comunidad que vivimos de los servicios y el turismo. Estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado y luego llegarán las lamentaciones».
Rafael Bedia, copropietario de las lanchas 'Los Reginas', indicó que la arena que se mueve cada año desde la base del embarcadero para asentar el primer chiringuito y para que las 'pedreñeras' tengan suficiente calado para poder desembarcar a sus clientes, «no es nada comparada con la que mueven cada verano los barcos privados», si se tienen en cuenta las anclas de los cientos de embarcaciones que fondean a lo largo de toda la playa (durante los fines de semana de julio y agosto llegan a las 300), así como los barcos que, cuando hay marea baja, entran hasta la orilla para encallar en la arena a la espera de la pleamar. Las 'pedreñeras' «no están más de cinco minutos en cada parada, lo que tardan en llenarse, y no tocan el fondo».
Bedia insistió que «con nuestro transporte, la gente llega a El Puntal de forma ordenada. El chiringuito les proporciona un servicio de comida, baños y lugar donde tirar la basura nada más llegar».
Puso el ejemplo de las Islas Cíes, en Galicia. «Son Parque Nacional de las Islas Atlánticas y su acceso está muy regulado. Pero allí hacen todo lo contrario que aquí. Para poder llegar en embarcación privada hay que solicitar un permiso especial. Sin embargo, hay un servicio continuo, como el que prestamos nosotros, porque es el que mejor cuida el entorno».
Pero la Consejería de Ganadería es rotunda en su evaluación de repercusiones sobre el medio natural. En su documento afirma que el sistema dunar donde se instalan los restaurantes y el atracadero estaría formado geomorfológicamente, de modo natural, por dunas tipo lenguiformes y actualmente están ocupadas por instalaciones antrópicas que fragmentan el sistema dunar de El Puntal y obstaculizan el funcionamiento de su dinámica natural». En cuanto a la solicitud de movimiento de arenas, apunta que «no es compatible con los objetos de conservación».