Con lágrimas en los ojos y con una emoción que su voz temblorosa le impide ocultar, Manuel Díaz recuerda sus más de 40 años saliendo cada día a pescar (desde los 13 años), cuatro décadas que tocan ahora a su fin. La edad, el cansancio, y ese desgaste especial con que la mar castiga a los que se dedican al oficio le obliga ahora, a los 61 años, a jubilarse. Con él se retiran sus dos hermanos, sus hermanas las rederas y también el 'Padre José', uno de los barcos más antiguos de la bahía castreña (1994) y un pesquero perteneciente a una familia que ha dedicado varias generaciones a la mar. Un clan numeroso que comenzó en el oficio con José Díaz (el padre). Fue él quién consiguió aglutinar en torno al negocio familiar a hijos, yernos, nueras, nietos e incluso bisnietos, algunos trabajando y otros echando una mano. Primero con el 'Cantufas', después con el 'Dimar', que se quemó en el 93 durante las fiestas de San Pelayo, y finalmente con el 'Padre José' con el que se cierra la tradición.
Ahora, los tiempos han cambiado y el oficio de la pesca al que antaño se dedicaban la mayoría de los castreños ha pasado a un segundo plano. Las nuevas generaciones prefieren trabajar en tierra y eso es algo que el propio Manuel ha podido comprobar en sus carnes. «Mis hermanos y yo somos mayores. Hemos querido jubilarnos antes pero hemos aguantado hasta que no hemos podido más. Mi hermano el motorista está también inválido. Se ha caído dos veces y se ha roto la pierna y ya no tenemos ni motorista. Tengo un hijo y un sobrino que han estado embarcados con nosotros, pero no quieren hacerse cargo del barco».
Y es que la mar es muy dura. Manuel lo reconoce y recuerda además que el cierre del caladero ha podido desanimar a la gente joven. «Estos últimos años debido al descanso del caladero del bocarte se ha estado ganando menos dinero de lo que se tenía que ganar pese a la ayuda que nos daban. Este año se ha abierto el caladero pero la anchoa no ha valido porque los fabricantes ya habían buscado nuevos mercados para abastecerse cinco años». Sin embargo, hay que tener en cuenta que la suya es una generación 'con otra pasta', acostumbrada a vivir en una época complicada, a tener que trabajar duro, sin protestar y sin contar con muchas alternativas.
Pertenece a esa prole de pescadores que han dado su vida por y para la mar, esos a los que siempre se les escucha decir que están deseando jubilarse, pero que cuando se les acerca el momento, como a Manuel, el camino hacia la retirada se hace pesado y es entonces cuando se tiende a echar la vista hacia atrás. No se ha parado ni por un momento a pensar en los años de merecido descanso que le aguardan ahora y, por el contrario, sólo es capaz de decir a punto de llorar que «me da mucha pena porque han sido muchos años».
En los últimos días, se ha paralizado la actividad del 'Padre José' y la familia Díaz ha estado sacando del barco todos los utensilios y aparatos que pueden venderse a otras embarcaciones. Será a mediados de septiembre cuando Manuel lo lleve a Santander para que sea desguazado. A partir de ahí, el puerto de Castro Urdiales contará con un sólo barco de cerco (aquellos de dimensiones más grandes y que se dedican a la pesca de altura), el 'Albo Puertas', que parece que seguirá unos años más porque, en este caso, hay gente joven dispuesta a recoger el testigo. No obstante, Manuel vaticina que «poco a poco iremos todos al desguace».
La retirada ahora del 'Padre José' no es más que la continuidad de lo que parece ser la crónica de una muerte anunciada, la del puerto castreño que, todo indica, está abocado a recoger, en un futuro no muy lejano, sólo a las embarcaciones de recreo. Y a en la actualidad suman más que las dedicadas a la pesca profesional. «Hay varios barcos pequeños que están esperando a que les concedan el desguace. Si se lo dan habrá más que se retiren», afirma Manuel. Y es que por quitar toneladas de la mar, la Unión Europea ofrece ciertas cantidades de dinero. «Se creen que cuantos menos barcos hay, menos se pesca, pero los barcos que quedan hoy son muy competitivos y sacan más pescado de los que sacaban antes 100».
Lo que suceda de aquí a unos años no se puede saber, se verá con el tiempo. Pero depende, eso seguro, de lo dispuestas que estén las nuevas generaciones a ir a la mar y a continuar con la tradición pesquera de la que los castreños están tan orgullosos. «Trabajo no va a faltar porque hay escasez de personal». Lo único que está claro es que Castro Urdiales y su bahía dicen adiós para siempre al 'Padre José'.