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«Por ahí me llaman anchoa»

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«Por ahí me llaman anchoa»

El presidente recibe a un grupo de turistas a petición de un admirador de Elche

08.09.10 - 00:17 -
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Iba ayer el presidente, Miguel Ángel Revilla -o 'anchoa', como dice que le llaman «por ahí»-, más contento que unas pascuas camino a su despacho, después de dedicar hora y media de su tiempo a un grupo de 64 turistas murcianos y alicantinos, la mayoría de la tercera edad. La historia de la recepción no tiene desperdicio -ver el artículo de Eva Santonja-, y el de ayer fue el regalo definitivo que Revilla quiso hacer a su joven amigo Víctor, nieto de Trinitario (uno de los turistas), con quien se carteó, intercambió presentes y llamadas de teléfono. El colofón: este grupo de jubilados cambió el País Vasco por Cantabria en sus planes de vacaciones y, a cambio, el presidente les recibió y se ocupó de organizarles algunas de las excursiones.
Los levantinos llegaron con la promesa de conocer a Revilla, a quien han visto «por la tele» y al que consideran «tan simpático, allá lo admiramos mucho, ¿aquí no?», pregunta una señora de Murcia, «no como el antipático del nuestro». Ayer al mediodía ocuparon las sillas de la sala de prensa del Gobierno de Cantabria en Peñaherbosa, para ver cumplidas sus aspiraciones. Todos se llevaron su bolsa con regalos promocionales -guías turísticas y libros de cocina-, aunque en la mente del grupo estaba la famosa pulsera 'mágica', la del Jubileo, la que Revilla dice que da tanta suerte. Tras el reparto, una mujer le pidió otra para su nieta, «que padece derrame cerebral», y el presidente se quitó la suya y se la dio, con muchos aplausos emocionados de la gente. «Yo el año pasado estuve muy mal, los médicos decían que lo que yo tenía no era nada bueno. Se equivocaron, -señala la pulsera-, hay que tener espíritu positivo», dijo Revilla. La abuela de la niña le dio, a cambio, una estampa de una santa «para que le conserve la salud y la simpatía».
De guía turístico
Fue el momento más emotivo de una larga charla en la que Revilla demostró ser un cicerone de primera. En el relato de la historia del Lignum Crucis y el Beato de Liébana no se oía una mosca, al igual que al desvelar los secretos del escudo de Cantabria (que por qué está la Torre del Oro, qué son las estelas, los santos patronos...). Les avanzó lo mucho que van a disfrutar en su visita a Cabárceno y les recomendó de manera encarecida ir a los Picos de Europa, a disfrutar del paisaje, la gastronomía y tomar un chupito de orujo, «que no es bebida, es medicina, no como el gallego, que Fraga usa para hacer queimada».
La ruta turística preparada por el presidente fue atendida con gran interés, aunque el grupo estaba deseando que de su boca saliera la palabra mágica: «anchoa». Carcajadas. «¿Que por qué son tan famosas? Algo habré hecho yo, y también Rita Barberá». Más risas. Habló del bocarte, contó la historia del salazón y desveló la forma de preparación de las anchoas que iban a poder ver en su visita a una de las fábricas de Santoña. Después vino su personal canto de alabanza: «No hay un día que no coma anchoas. Llego por la noche, la mujer y los niños en la cama. Cojo un octavillo, empapo el pan y las coloco encima. Abro un Ribera del Duero, veo la tele y en diez minutos entro en coma profundo. Y jamás tuve ardores». «¡Qué suerte!», exclamó alguien. «Si hasta se las di a los chinos y se les pusieron los ojos redondos».
Y contó entonces la anécdota de un pregón que dio en Lugo, tierra de su suegro, en la que no podía empezar por el griterío de las 15.000 personas que había en la plaza: «¡Revilla, anchoa!», «¡se las comió todas Rita! Les contesté. Es que por ahí me llaman anchoa». Dice que el Rey le habrá llamado por teléfono «tres o cuatro veces. Y no para ver qué tal, sino para pedirme anchoas. Y las que le mando son de las especiales. Cuando voy a verle, si no se las doy antes no me recibe».
Y muchos chascarrillos más que dejaron al grupo la mar de contento. Le regalaron unos dátiles de Elche y limones de la huerta murciana, y Revilla admitió que no conoce estos lugares, «¡pues tiene que venir!», le invitaron. «Aquí tenéis un amigo para siempre», les contestó, «y lo del tiempo está arreglado. No va a llover hasta que os vayáis, aunque lo diga el telediario».
Trinitario estaba radiante con el resultado de las gestiones de su nieto, «si hasta una de las veces que le llamó le pilló en plena partida de bolos. Nos ha recibido muy bien. Volveremos a Cantabria».
Revilla se despidió, muy satisfecho «por lo fácil que es hacer feliz a la gente, qué menos que reconocerles el gesto de querer venir a verme». «Y que cambien País Vasco por Cantabria», añadió.
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Revilla repartió besos y abrazos entre los integrantes de un grupo de turistas de Murcia y Elche a los que recibió en la sede del Gobierno de Cantabria. :: ROBERTO RUIZ

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