Siempre resulta peligroso radicalizar las situaciones, cosa que está sucediendo con el tema de la energía eólica, sometido a puntos de vista tan dispares entre las partes implicadas, que mas parece un 'diálogo de besugos' que algo impregnado de equilibrio y sensatez.
Parece evidente, y pocos dudarán de ello, que las energías limpias -y la eólica es una de ellas, aunque no la única ni la mas barata- se imponen en un planeta duramente castigado por el 'veneno' que diariamente enviamos a la atmósfera y cuyas nefastas consecuencias ya estamos comenzando a percibir con desastres de toda índole, asolando pueblos y ciudades. Un sí rotundo, por tanto, al fomento e instalación de este tipo de energías. Pero ahora viene la segunda parte: ¿cuánta, cómo, dónde?. Justo es en estos puntos donde la confrontación es virulenta entre el 'criterio oficial', dispuesto a entrar a saco, donde sea y como sea, y los grupos ecologistas y partido de la oposición, partidarios de un programa menos agresivo con la naturaleza.
Es ahí donde habrá que profundizar para que, manteniendo los objetivos básicos, no causar males mayores que los que tratamos de evitar. Todo es cuestión de criterio.
Decía recientemente el Consejero de Medio Ambiente, que también la reina de Dinamarca veía molinos desde su ventana; yo puedo replicarle que en un viaje de 500 Kms. realizado este verano desde la Baviera alemana al Tirol austriaco, zonas de máximo interés paisajístico, no he visto ni un solo molino de viento. Eso es una evidencia de que por esos pagos se preserva el paisaje contra viento y marea, nunca mejor dicho.
Existen en esta región de incalculables bellezas naturales, lugares que con el plan eólico que se pretende, están en serio peligro. Toda la zona de Liérganes y Alisas, con Fuente las Varas y el poljé de Matienzo incluidos, son, entre otras, zonas con un interés paisajístico de primer orden, que quedarian irremisiblemente dañadas. Procede entonces ser cautos y no destrozar ese legado natural que debemos a las generaciones que nos sucedan.