El número 10 de la calle La Peña, en Comillas, destaca entre los demás edificios por su aspecto chamuscado. En el primero, donde vivía Fátima, hay pintores. De la ventana del tercero, asoma una cabeza algo inquieta que busca a los periodistas con la mirada. Es Jaime, el hermano del pirómano que ha quemado las viviendas.
Jaime Gravalosa no se esperaba que su hermano fuese capaz de quemar la casa de ambos, aunque cuando la Guardia Civil le dijo que había sido un incendio intencionado, «supe que había sido él», sentenció. Lo dice así, convencido y encogiéndose de hombros, como si contase hasta tres: «Nos llevamos mal desde hace años por temas de herencia y él nunca ha tenido una conducta muy normal».
El hermano de Jaime, Juan Carlos Gravalosa, fue detenido el pasado martes como presunto autor del incendio desatado el 14 de agosto en el edificio. «El inmueble, en el que hay varias viviendas, es entero de mi hermana. Yo vivía en el tercero derecha, al lado de mi hermano, el que ha quemado el edificio. Fátima, una chica marroquí, vivía en el primero y el piso de al lado lo tenía alquilado una pareja», cuenta Jaime.
«Sinvergüenza»
Al parecer, el día en que tuvo lugar el incendio, se hospedaba en el inmueble otro hermano de Jaime, Julio Gravalosa, que había venido a pasar unos días desde Barcelona, con su mujer y una pareja amiga de ellos. «Tuvieron que pasar por unas escaleras de un balcón a otro», dice.
«Yo soy el hermano del sinvergüenza que ha hecho esto», asegura Jaime, que la mañana del incendio se levantó, desayunó, tomó su pertinente pastilla matinal y encendió la televisión. «De repente escuché como granizo y me asusté. Entonces me asomé a la ventana y vi las llamas». Eran como las ocho de la mañana y el hermano de Jaime, Juan Carlos, quería «dar un susto a la vecindad», pero se pasó con las cerillas.
Jaime muestra los daños sufridos en las viviendas con la actitud de un niño pequeño que ha descubierto un cobertizo. Sólo que su cobertizo consiste en paredes quemadas que convierten su antigua vivienda en la más terrible 'Casa del terror'. Los escombros acechan las pisadas, amontonados en las esquinas, y media botella de Fanta naranja sobre los restos de la encimera de la cocina ofrecen al paraíso del desastre un aspecto más real.
«Hay que tomárselo con humor», dice, y encaja media sonrisa en la cara mientras posa con su perra, 'Nena', en una de las habitaciones más afectadas. Quizá sonríe porque, a pesar de todo, se ha sacado las castañas del fuego. «Desde que ocurrió no he parado de limpiar y recoger escombros». Y es que algunas partes de la casa llegaron a alcanzar temperaturas de hasta mil grados. «Las barandillas se fundieron y una bicicleta que teníamos, de repente, se hizo líquido y desapareció», explicó.
La Guardia Civil dice que se han salvado de milagro, porque la vivienda tenía muchos años, «como cuarenta». Ahora solo hay restos y todo lo blanco se ha vuelto negro. Excepto el hueco de Jaime. Ése, más o menos, se salvó. «Prefiero vivir aquí, porque esta es mi casa, aunque cada vez que baje las escaleras tenga que oler a quemado. Es mi casa», insiste.
Salvó la tele
Es su casa y está bien. A su vivienda no llegó el fuego y, aunque están arreglando las tuberías y la electricidad, Jaime conserva la tele de mil euros que se acababa de comprar cuando ocurrió el incendio. «Salí el último. Dijeron que me iban a pasar una escalera y que tuviese paciencia. Así que me dio tiempo a vestirme y a poner la televisión encima de la cama porque quería llevármela», afirma señalando la pantalla plana.
Según Jaime, Carlos y su novia, la pareja del primero, consiguieron una casa aquí al lado y se han ido a vivir ahí. Fátima, la chica del primero, no tuvo la misma suerte. En su casa están los restos de un sofá, una cocina pequeña y algunas camisetas tendidas en cuerdas. Los pintores están arreglando la pared.
«Tengo la ropa en el coche. Algunos días duermo en casa de mi jefe y otros días en casa de alguna amiga, porque no he podido volver desde que sucedió», se queja Fátima. Cuando la preguntan sobre su relación con el presunto autor del incendio dice que «no tenía mucha, pero tampoco tuve ningún problema con él».
Fátima llevaba viviendo en esa casa ocho años y espera poder volver dentro de poco. «A mi vivienda no llegó el fuego, pero se vio afectada por el agua y la electricidad no funciona. Desde que abandoné mi hogar, no puedo descansar tranquila. Estoy deseando que terminen los arreglos para poder volver», afirma. El Ayuntamiento, por su parte, está ayudando a sufragar los gastos que conllevan los arreglos de la electricidad y las tuberías. Las heridas de los afectados, será el tiempo quien las arregle.