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«No pude aprender música en los libros y tuve que vivirla»

MÚSICA

«No pude aprender música en los libros y tuve que vivirla»

29.09.10 - 00:05 -
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El relato de su familia es una historia de ida y vuelta. Desde aquel primer viaje que llevó a sus bisabuelos de origen vasco a establecerse en su Buenos Aires natal, al que lo trajo de vuelta a España, hace ahora ocho años, para afincarse definitivamente en Cantabria. La pureza del tango argentino empapó la infancia de un músico curioso, atraído por sonidos raros. Una beca lo llevó a Bulgaria para una especialización en folclore musical y etnomusicología. La inquietud se materializa hoy en una colección de casi un centenar de instrumentos, reunidos en sus viajes alrededor del globo. Ellos centran su principal anhelo: levantar en Cantabria un museo donde mostrar cómo la cultura de cada pueblo puede quedar inmortalizada en la música. Entre tanto, diferentes proyectos musicales lo llevan estos días en directo por Cantabria, Asturias y el País Vasco. El Espacio Espiral y el Café de las Artes sirven de escenario para dos de sus más importantes propuestas escénicas: la didáctica de 'Sonidos del mundo', y la poética de 'Amores meus'.
-En los recuerdos de su infancia no hay lugar para el frío, y si lo había, el tango caldeaba el ambiente.
-Cuando nací en 1967, en una localidad del sur del país (Banfield), tuve la suerte de tener al lado la casa de mis abuelos. Allí vivía un tío mío, que tenía una guitarra. Cuando tuve 4 ó 5 años comencé a enredar con ella. A los nueve años comencé los estudios en el conservatorio, pero no fui un alumno muy aplicado. Aún recuerdo aquella guitarra, tenía una pegatina en el interior en la que ponía 'Tango'.
-La experiencia real estudiando música vino después, en Bulgaria.
-En el año 1987, cuando me ofrecieron la beca para hacer una especialización de música tradicional. Tuve la suerte de entrar en el ámbito de la música académica por la puerta grande.
-¿Cómo llega a Santander?
-Llegué con un contrato en 2005. Fue para un concierto que recordaré como uno de los mejores de mi vida, al menos uno de los más multitudinarios. La gente abarrotaba el lugar y las cabezas se perdían en el horizonte. Otra oportunidad similar me trajo a Camargo dos años después, pero esta vez ya no me fui. Una chica, Mónica, fue la causa. Se puede decir que en Cantabria me encontraron la música y el amor.
-Y aquí desarrolla su carrera.
-Desde que vivo en Cantabria he podido rodearme de profesionales de la música, cosa que me costaba mucho en Argentina. Allá tenía buenos músicos sobre el escenario, pero poco disciplinados para el trabajo del día a día. No quiero decir con esto que los músicos argentinos no tengan responsabilidad. Pero en ese aspecto he tenido mucha suerte en Santander.
-Un lugar con estrechos lazos en ultramar.
-La afición santanderina por el tango y el bolero se nota mucho. Y es muy lógico por la gran cantidad de emigrantes que hubo a Cuba, México y Argentina. Allí, en Buenos Aires, tenemos precisamente un centro montañés.
-Sus proyectos son varios.
-Estamos obligados, por cuestiones de presupuesto, a configurar diferentes formatos de directos. En ocasiones voy solo, o acompañado de algún músico. En estos casos ofrezco un concierto con tintes didácticos, en el que pretendo ilustrar sobre la historia que hay tras el sonido de cada instrumento. También trabajo en el 'Cuarteto Tango Querido', uno de los grupos más representativos de la música popular rioplatense en Europa con Anne Landa, Pedro Aguinaga y Víctor Sánchez.
-Nadie mejor que usted para comprender la riqueza de las culturas y sus tradiciones musicales...
-Hay cosas que se pueden aprender en los libros, pero hay música que sólo se puede comprender si la vives. Es lo que me pasó a mí. Hay que conocer a la gente, a la cultura que forja cada estilo. Conviene contemplar el instrumento y ver cómo funciona, por qué se toca de tal o cual manera. Por eso respeto tanto la tradición, y no entiendo esa manía de querer cambiar las cosas.
-Parte de su historia se puede contar a través de su colección.
-Son cerca de cien instrumentos recogidos en cada país al que pertenecen. Alrededor del 40 por ciento es de Sudamérica, otro 40 por ciento de los Balcanes y el restante lo conseguí por el resto del mundo.
-¿Y los toca todos?
-Cada uno es un mundo, y es una pena que tantos mundos estén metidos en cajas.
-¿Quiere exhibirlos?
-Hace tiempo que mi amigo Tono Reguera y yo tenemos una idea. Él vive en Colindres y conserva una colección de más de 200 instrumentos. Junto a la mía conforma una muestra de gran valor. Nuestro sueño es crear un museo donde la gente pueda contemplar de primera mano cada instrumento, escuchar su sonido y aprender su historia.
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«No pude aprender música en los libros y tuve que vivirla»

La colección de Pablo Mezzelani conserva una amplia muestra de instrumentos de diferentes zonas del mundo. :: ROBERTO RUIZ

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