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La gestión del Patrimonio

TRIBUNA LIBRE

La gestión del Patrimonio

La destrucción del puente de Limpias no es una excepción, otros edificios están en peligro

08.10.10 - 00:33 -
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Muchas comunidades nos envidiarían. Pocos son los pueblos e incluso aldeas de nuestra Cantabria en donde falte una casona blasonada, una torre, ferrería, molino o iglesia de interés. Pero cuando contemplamos esa rica herencia de nuestros mayores, a menudo nos invade una sensación agridulce y de desánimo, ya que gran parte de esas edificaciones están en estado de semiabandono.
Son varios los motivos de su decadencia: el desgaste de los años, las guerras tan frecuentes en otros tiempos, los desastres naturales, la desaparición del mayorazgo, la marcha de las gentes a las capitales, la emigración y también la llegada de épocas de carestía. Todos actuaron pero la especulación y la desidia, más depredadoras y recientes, lograron lo que el tiempo y los elementos no pudieron.
La situación es grave y si no se pone algún remedio, y pronto, ese gran patrimonio puede perderse de manera irremediable. Esta responsabilidad es de todos, pero no es igual para todos.
Hace unos días leíamos en EL DIARIO que en Limpias un constructor había derribado de la noche a la mañana y sin permiso el añejo y sugerente puente de la casona de Juan Cosme de Albo. La indignada reacción de las autoridades municipales no se hizo esperar, mientras que las autonómicas, indiferentes, no se han pronunciado. Para los conservacionistas y amantes del patrimonio ha supuesto una agresión difícil de entender.
Y el hecho es que las contradicciones institucionales han consentido esta tremenda agresión. Sin embargo, no es este un hecho aislado. En los últimos años se han producido otras actuaciones lamentables, algunas denunciadas en este medio, ante la pasividad total de las autoridades autonómicas con responsabilidades patrimoniales y si alguien no lo impide el deterioro llevará a la desaparición a edificios como el palacio de Ceballos en Cayón, la torre de Mogrovejo, el palacio de los Acebedos en Hoznayo, la torre de Calderón de la Barca en Viveda o a la casa de Cubillas en Ajo.
El conflicto se origina en una Limpias que crece insosteniblemente y en donde recientemente se habían levantado una serie de pisos, en territorio afectado por crecidas, inundaciones y desbordamientos. No es el mejor lugar para construir y esperamos que en el futuro la naturaleza no se violente.
Pero ese puente, ahora parece que nadie lo duda, forma parte de nuestro Patrimonio y debiera por tanto ser competencia de la Consejería de Cultura, a pesar de que para esa institución, la casa y su entorno carezcan de valor patrimonial, pues cuando se solicitó su protección argumentó que «la Casa de Albo no era representativa de ningún aspecto destacado de la cultura de Cantabria y no se podía encuadrar en ninguna corriente artística». Para el Ayuntamiento si tenía valor y con cierta ambigüedad ha explicado que no había autorizado el derribo, responsabilidad del constructor.
La Corporación obligará a rehacer el puente, hecho asumido por el constructor que dice que devolverá las piedras que se llevó y que se compromete a reconstruirlo, -y a nosotros nos parece una buena e imprescindible medida- pero no nos podemos creer que explique después la alcaldesa que «se levantará con una mayor amplitud». Cuesta entender estos argumentos. Alguien responsable y cabal debe tomar las riendas de este desastre para que el puente del siglo XVIII de la casona de Juan Cosme de Albo se rehaga bajo un riguroso control. Ya no será el mismo puente pero el mal menor es rehacerlo fielmente.
Probablemente la Consejería argumentará que la casona de Limpias y su puente no estaban protegidos ni catalogados y es verdad, ella misma lo impidió. En el año 2000, siendo Consejero de Cultura José Antonio Cagigas, se comenzó la catalogación de todo nuestro patrimonio en un importante trabajo que iría revisando la Comunidad, pueblo a pueblo, bajo el título de 'Catálogo del Territorio Cultural de Cantabria'. El entonces Gobierno de Cantabria buscó la erudición de los mejores especialistas. Se editó en el año 2000 el primer tomo que se ocupaba de las Juntas de Cudeyo y Cesto, en el 2001 el tomo dos que recogía el patrimonio de las Juntas de Ribamontán, Siete Villas, Voto y las villas de Escalante y Santoña y el tomo tres en el 2002 que estudiaba el patrimonio de Santander.
Cuando llegó al Gobierno el PRC pensamos que un partido con ese apellido mejoraría el proyecto. La desilusión no pudo ser mayor: se paralizó el trabajo absolutamente y al preguntar, tuvimos esa respuesta ambigua y astuta, que ni dice que si, ni dice que no, sino todo lo contrario. La falta de catalogación es el motivo de estos desastres y la responsabilidad es de Cultura.
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