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«Ya sé lo que es la muerte dulce»

CANTABRIA

«Ya sé lo que es la muerte dulce»

30.10.10 - 00:22 -
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El jueves a media noche, en el hogar de la dominicana Ada Muñoz, su nuera y las tres nietas se quedaron de pronto dormidas. La abuela se dio cuenta de que algo raro ocurría. «Yo me mareaba, iba de acá para allá, sin fuerzas, me bamboleaba así...-hace giro con la cintura-». Suerte que su hijo, ese día, decidió ir al gimnasio por la noche en vez de meterse en la cama, y cuando llegó a casa, en un cuarto piso de la calle Juan de Garay de Santander, se encontró el desolador panorama, toda su familia estaba intoxicada por inhalación de gas: su madre, de 59 años; su mujer, de 32 años, y las tres hijas de ambos, de diez, cuatro años y una de sólo cuatro meses. Todas fueron evacuadas en ambulancia hasta el Hospital Valdecilla -las dos adultas-, y a la Residencia Cantabria -las tres niñas-.
Ada fue la única que no perdió de todo el sentido, y cree que ha experimentado eso que llaman «la muerte dulce. Debe ser esto, porque no te enteras, el gas no huele, sólo te adormece». Le quedaba raciocinio para pedirle al hijo que llamase a la ambulancia, y entre ambos buscaron una explicación al estado de las mujeres de la casa, que al principio no pasaba por el gas. «Pensábamos que nos habíamos intoxicado con la loción para piojos que esa noche le habíamos aplicado a las dos niñas mayores, incluso llamamos al teléfono que venía en el frasco, pero no, no era eso». No, era el gas. Entonces llamaron al teléfono de emergencias del 112, que dio aviso a los bomberos, que llegaron a la 01.48 horas y, una vez inspeccionado el piso, comprobaron que se trataba de una mala combustión de la caldera.
«No nos enteramos de nada»
«La suerte es que yo tenía todas las ventanas abiertas, siempre lo hago porque fumo», explicó Ada. «Y fue casualidad, porque jamás dejo la caldera encendida, pero como mi nuera acababa de lavar el pelo a las niñas se olvidó de apagarla», añadió. La nuera se quedó dormida en un sillón, mientras se extraía la leche para dar el biberón al bebé. En otro dormitorio estaba la niña mayor y la mediana en el cuarto de Ada, que se fue a acostar con ella cuando empezó a sentirse mal. Fue en ese instante cuando llegó el hijo, que trabaja en Burgos: «Dios quiso que no muriésemos, porque él, como llega tan tarde, suele venir derecho a la cama, y esta vez decidió ir al gimnasio. Eso nos salvó».
Mientras llegaban las ambulancias, el padre hizo vomitar a las niñas, relata Ada, que regresó al piso ayer a mediodía para ventilarlo y prepararlo para el regreso de la familia. Se la veía tranquila. «Es que ni siquiera nos llevamos susto, no nos enteramos de nada», explica. Tanto es así que dice que todo ocurrió mientras veían en la tele «la serie Águila Roja». Asegura, además, que está curada de espantos. «Tengo 59 años y hace cuatro que me diagnosticaron un cáncer. Los médicos me dicen que estoy desahuciada. Que sea lo que Dios quiera», dice resignada encogiendo los hombros.
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