Debemos estar preparados. En el futuro habrá más temporales y serán más virulentos. Con olas cada año más grandes, de fuerza descomunal, que seguirán golpeando Cantabria. Ese mar bravío, indomable, imponente, que ha destrozado parte de la costa cántabra esta misma semana se repetirá con mayor frecuencia. Pese a este augurio «no hay que alarmarse», tranquiliza César Vidal, profesor de la Universidad de Cantabria perteneciente al Grupo de Ingeniería Oceanográfica y de Costas, «pero sí debemos estar prevenidos y planificarlo con antelación», advierte al tiempo que muestra un mapa de España con todo el Norte y la costa gallega marcados en rojo: el lugar donde embestirán las olas.
La borrasca 'Bekcy', sin llegar a convertirse en una ciclogénesis explosiva (una tormenta perfecta) ha dejado encima de la mesa de todos los expertos registros históricos: olas de más de 13 metros, con una altura 'significante' de nueve metros (la media que se elabora a partir de un tercio de las olas más altas durante un periodo concreto), una fuerza brutal capaz de generar energía para cubrir las necesidades de 200.000 hogares durante un año y una subida del nivel del mar de 60 centímetros en el Puerto de Santander. Pero para los expertos, todo esto entra dentro de lo que definen como 'normalidad'. «No es algo excepcional», sostienen ante la mirada incrédula de los neófitos en la materia. Y es que los datos más significativos para el análisis posterior ya figuran en sus manos desde hace tiempo y la conclusión está muy clara: esto no deja de ser «nada más» que una proyección prevista y con periodos de retorno establecidos. El mar crece todos los años. Lo hace aproximadamente a razón de cinco milímetros, medio metro cada cien años, con unos 15 metros de retorno. Y todos los años también se enfurece. «Igual que lo ha hecho siempre». Aunque ahora lo hace con más frecuencia y con mayor fuerza. Aquí es donde radica lo «excepcional» para los expertos. «No es la primera vez, ni será la última, que veamos temporales y olas de ese calibre en las aguas del Cantábrico», insiste César Vidal, «pero lo cierto es que ahora son más frecuentes. Van a ir en progresión, con olas más grandes y con mayor fuerza. El mejor remedio es analizarlos, entenderlos y poner los medios para que sus efectos sean los mínimos». ¿Cuál es la razón de que pase ahora todo ello? «Es fruto del cambio climático», afirma rotundo el profesor de la Universidad de Cantabria.
El origen
El origen de los últimos temporales que han azotado con fuerza a la costa cántabra hay que encontrarlo en la denominada Oscilación del Atlántico Norte, uno de los patrones meteorológicos conocidos desde hace tiempo. De ella depende que los inviernos en el Norte de Europa sean húmedos y templados, o secos y fríos, ya que controla los flujos de viento, la humedad atmosférica, la nubosidad y las trayectorias de las borrascas. Su ciclo se repite del orden de entre ocho y diez años. En esa serie entran cuatro o cinco años malos y otros tantos más buenos. Y ahora, es evidente, nos encontramos en la 'parte oscura'.
El espectacular oleaje de esta semana tiene su punto de partida en la conjunción de dos elementos clave: la formación de una borrasca en el atlántico norte con vientos huracanados de más de cien kilómetros a la hora ('Becky') y una marea viva en el Cantábrico. El resultado de esta unión fueron olas de más de 13 metros de altura tal y como detectó la boya instalada en la Virgen del Mar, de unos diez metros frente a la playa de Las Quebrantas, en Somo, de 6-7 en la zona del Chiqui de Santander, y de más de 18 en alta mar, según los datos del Grupo de Ingeniería Oceanográfica. Estas olas no han estado muy lejos de las más elevadas conocidas en los últimos años. El récord desde los años 90, cuando comenzaron a sistematizarse las mediciones fiables en aguas del Cantábrico, se registró el 24 de enero de 2009, en pleno episodio de ciclogénesis explosiva. En aquella ocasión, la boya de la Virgen del Mar anotó una altura máxima de ola de 26,13 metros, equivalente a un bloque de ocho pisos. La ola significante más elevada fue entonces de 14,88 metros superando un registro de 12,54 metros de marzo de 2008. Ingeniería Oceanográfica cuenta con datos que demuestran que sobre el periodo de los últimos cincuenta años las olas crecen unos cinco centímetros por año.
Quizá, uno de los datos más sorprendentes que ha dejado 'Becky' para las estadísticas es la subida de 60 centímetros experimentada por el nivel del mar en el Puerto de Santander. Vidal habla de nuevo de dos elementos unidos: la altura de la marea ese día (4,82 metros a las seis de la mañana) y una caída de la presión atmosférica hasta los 883 milibares (la presión normal a nivel del mar es de unos 1.013 milibares). Ello, unido a las olas y al fuerte viento, hizo que el nivel del mar subiese en Santander hasta niveles no conocidos.
La tesis de Vidal coincide con la de otros expertos en la materia. «Llevamos los últimos cuatro años sufriendo consecuencias y efectos que no pasaban desde 2002. Y eso se nota en los daños que causan los temporales en la costa», sostiene el catedrático Raúl Medina, el director del Grupo de Ingeniera Oceánica.
Es más, los datos facilitados por la Administración apuntan a que la borrasca 'Becky' ha sido una de las cinco más potentes que han afectado al norte peninsular en los últimos diez años. César Vidal va más allá y, según su impresión, 'Becky' ha sido la tercera más potente en los últimos cuatro años, después de la conocida ciclogénesis del pasado mes de enero y del temporal acontecido en diciembre de 2006.
Las consecuencias
El Grupo de Ingeniería Oceanográfica de la Universidad de Cantabria ya elaboró para el Ministerio de Medio Ambiente un 'mapa de riesgo' de las zonas inundables en caso de temporal en la costa. En dicho documento queda reflejada el área susceptible de inundarse, así como los periodos de retorno. Una sencilla tabla que permite comprobar qué zonas se inundarán en función del oleaje. En el caso concreto de Cantabria, Vidal traslada dos ideas: «las zonas que se inundan actualmente seguirán inundándose» y las «construcciones realizadas en la costa serán las más afectadas por el empuje de la arena» e, incluso, «algunas llegarán a desaparecer».
En Santander no habrá graves problemas en las próximas décadas, pero sí se mantendrán los actuales. Es decir, inundaciones en el área de El Sardinero y un problema derivado del aumento del nivel del mar: el sistema de alcantarillado y saneamiento. El resto, requerirá pequeñas actuaciones para que las obras que se hagan frente a la costa (diques, puertos y paseos marítimos) tengan en cuenta la altura de las olas y del nivel del mar, y el conocimiento de que contra la naturaleza es muy difícil luchar. Vidal lo resume en dos sencillas frases: «El Chiqui se seguirá inundando, igual que la sala de fiestas Buenas Noches Santander y la arena seguirá llegando al parque de Mesones, tal y como sucedía hace años. Ahí estaban los antiguos balneario de La Concha -una inundación hace años reventó toda su estructura- o el pabellón real La Caracola -que se llevó un temporal-». ¿Cuándo ocurrió esto último? En el año 1951. «Entonces, también había temporales muy destructivos en la costa cántabra. La diferencia es que había menos publicidad».