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La Gimnástica recuerda lo que es ganar

GIMNASTICA

La Gimnástica recuerda lo que es ganar

13.12.10 - 00:28 -
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El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. El triunfo de la Gimnástica fue el premio a la perseverancia, a la inquebrantable fe en la victoria. No comenzó jugando bien, pero se repuso. Inició el encuentro corriendo detrás del balón, pero no se resignó al papel de comparsa. A punto estuvo de encajar un gol en el primer lanzamiento de su oponente, pero no se amedrentó.
Después, se sacó de encima el peso del encuentro, de la responsabilidad mal llevada, esa que atenaza músculos y cerebro, y se adueñó del balón; llegó con facilidad al área rival, pero sus jugadas se perdieron en la nada, desvaneciéndose en medio de la bruma que emana del miedo a ganar. Aún así, mantuvo la fe suficiente en el triunfo hasta que, al final, llegó. Había llovido mucho desde la última victoria de los blanquiazules, demasiados puntos en la orilla del camino. Este era el momento para reencontrarse con la victoria.
Sin excusas
Los números del Barakaldo invitaban al optimismo moderado. Carente de victorias a domicilio, sólo dos empates y tres goles a favor. Estadísticas de un equipo que no atraviesa por su mejor momento. Después de varios tropiezos y del esperanzador empate ante el líder, los de Torrelavega no podían recaer de nuevo.
Esta vez sin lluvia, sin viento y con un terreno que no estaba en perfectas condiciones, pero sí apto, los locales no iban a tener argumentos en que excusarse en caso de sufrir otro traspié. El equipo salió al campo decidido, con mucha tensión y con las ideas claras acerca de cómo afrontar el partido. Nada de toques en corto; en cambio, profundidad, balones a la banda y pases largos. Ese era el plan. Movimientos rápidos, circulación veloz que impida al oponente defender con comodidad. El rival, no obstante, también juega y no acostumbra a hacerlo como uno quiere. De ahí que el Barakaldo de los primeros minutos no se ciñese al guión y decidiese tomar la iniciativa y obligar a los futbolistas locales a replegarse. A los gimnásticos les costó asumir su rol de comparsa y tardaron en asentarse con cierta disciplina táctica sobre el terreno de juego. En el minuto 13, el Barakaldo, que no parecía el equipo que muestran sus pobres registros, sembró el pánico en las gradas. Su delantero centro, Negredo, chutó con potencia hacia la portería, Iván no logró atajar el balón y éste estuvo a punto de colarse en su portería. Lo salvó la línea de gol, que detuvo la pelota en seco, como si estuviera imantada.
En busca de la victoria
Pasado el susto, se repuso el equipo local, que respondió minutos más tarde con un chut poco afortunado de Ricki, flojo y muy desviado. A la Gimnástica parecía no costarle el control del juego, incluso daba la impresión de llegar con facilidad, pero sus futbolistas, en cuanto se sentían próximos a la portería contraria, se perdían en innumerables regates, requiebros innecesarios y una pasividad en el momento de tirar fuerte a portería desazonadora. Lo intentó de nuevo el Barakaldo en el minuto 18, ya por última vez, con un suave disparo de Negredo. A partir de ese instante, el encuentro quedó en manos del equipo local.
Antes del descanso, Jorge dispuso de dos ocasiones que no logró culminar. De esta forma, dominante pero estéril, se marchó el equipo de Gómez al vestuario.
Lejos de amodorrarse y perder la fe, el conjunto local arrancó en la segunda mitad con mucho más brío, obligando al equipo vizcaíno a atrincherarse en su mitad del campo, con un único destino, la supervivencia. Conscientes de que no iban a ganar, los jugadores visitantes lucharon por el empate.
Depositaron en ese ejercicio toda su energía, pero no fue suficiente. La victoria, a veces, le pertenece a quien más la persigue. No siempre la fortuna resulta esquiva a quien la merece. La Gimnástica, esta vez, mereció el triunfo y lo consiguió. Avisó Jorge con varias escapadas en solitario que no acertó a culminar y Gómez movió sus piezas de la reserva. Dio entrada a Bubu, Perujo y Lavín con el propósito de imprimir más velocidad al juego y, a la postre, dichos cambios le devolvieron con creces su confianza.
Bubu se adueñó de la derecha, Perujo descompuso la firmeza de los centrales con sus anárquicas galopadas y Lavín, tantas veces obligado a vivir el fútbol al otro lado de la cal, selló con una jugada personal el triunfo de su equipo. Su gol representó un vale por tres puntos. La Gimnástica, de nuevo, volvió a dar en el clavo.
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