Verjas recortadas con forma de corazón; señales de tráfico descodificadas que cuentan historias; muros como lienzos; irónicas sombras chinas; el collage de una bailarina que aprovecha su escorzo para pedir un taxi. El arte rasante de Pejac (Silvestre Santiago, Santander 1977) comparte siluetas, ensoñaciones gráficas, complicidad, ingenio y capacidad para deconstruir el hallazgo artístico en un mensaje comprometido. En Pejac el blog es sobre todo un cuaderno de bitácora global donde la creación se asoma a un escaparate sin límites.«Un estudio de arte no es un lugar neutral, puede incluso llegar a ser más personal que tu propia habitación».
El entorno urbano vertebra su presente artístico y su sitio en Internet es el pulso público, el latido donde refleja creación, exposiciones e intervenciones en la calle. 'Vosotros ponéis los muros...y nosotros los convertimos en lienzos', reza una de sus últimas acciones en la periferia industrial santanderina. Hay algo silenciosamente combativo en este ilustrador muchas veces cáustico, que revela paradojas, envía mensajes subliminales y desnuda las sombras a través de pinturas, dibujos, collages, ilustraciones e incluso incursiones en la novela gráfica ('Vuelo rasante').
El ganador del Pancho Cossío ha recorrido en los últimos quince años un fecundo trayecto de espacios y lenguajes fronterizos con la imaginación como único lugar en el mundo. Su trabajo más reciente, exhibido en la galería Siboney, se ha plasmado en una serie de dibujos a lápiz. El humor negro, la actualidad, los guiños cinematográficos, la facilidad para mostrar el otro lado del espejo son sus puentes críticos con lo cotidiano. Una libreta itinerante y un 'período-ventana' para dar validez o caducidad a las ideas conforman sus materiales. «Soy obsesivo y perfeccionista». The Jesus and Mary Chain, The Kills o Gainsbourg le ayudan a «fantasear y agudizar de algún modo extraño los sentidos». Su método responde a un esquema en cadena: «Una vez tengo la imagen definida, decido qué formato, disciplina, soporte o lugar la van a potenciar y a expresar mejor». Frente a pretenciosas naderías, este creador riguroso y abierto persigue la «coherencia entre las contradicciones del trabajo diario». Nada más significativo que la cita de Wilde que posa como un friso sobre su ordenador: «No soy tan joven como para saberlo todo». ::