La Fundación Síndrome de Down de Cantabria va a cumplir 30 años con un gran trabajo a sus espaldas. Su actual presidenta, María Victoria Troncoso, recuerda mejor que nadie todos los avances que se han logrado desde que un grupo de padres, cuyos hijos sufren este mal, decidieran unirse para contribuir a que estos niños fueran más felices. Poco podían imaginar que 29 años después muchos de estos chicos, ya jóvenes trabajadores, iban a estar pensando en independizarse de sus familias y compartir una vivienda tutelada por la fundación con otros como ellos.
En tres décadas de intenso trabajo estos padres infatigables han logrado que sus hijos, con 47 cromosomas en lugar de 46, iban a estudiar, trabajar y, sobre todo, estar felizmente integrados en la sociedad cántabra.
La Fundación Síndrome de Down es una institución sin ánimo de lucro, constituida el 21 de diciembre de 1982 y clasificada como benéfico-particular-mixta por Orden Ministerial de 13 de abril de 1984.
Basada en la idea primordial del respeto a la persona, su objetivo esencial es la promoción y realización de cuantas actividades contribuyan a mejorar las condiciones de vida de las personas con síndrome de Down en Cantabria, favoreciendo su plena integración en la familia, en la escuela, en el trabajo y en todos los ámbitos de la sociedad a los que puedan tener acceso.
En esta asociación, la familia tiene un papel fundamental. Desde sus inicios imparte distintos tipos de talleres para ayudar a los padres a comprender y a convivir con esta enfermedad.
Además del apoyo a las familias en la fundación se imparten diversos programas según la edad del afectado con esta síndrome. Así, hasta los seis años se intentan desarrollar los primeros estímulos de los niños, mediante el aprendizaje de la lectura y escritura o el uso del ordenador, entre otras actividades.
De los 6 a los 16 años se ofrece apoyo escolar, clases de educación física, talleres de habilidades sociales e incluso se anima a los jóvenes a participar en un club de ocio y convivencias.
En la etapa de jóvenes y adultos se incrementa el programa escolar y se les entrena para enfrentarse al mundo laboral. Es la etapa más emocionante, algo así como la graduación de todos estos chicos que están deseando demostrar al mundo su valía. Reciben muchas clases de preparación para el empleo que luego aplican en distintas empresas e instituciones de la región.
Actualmente decenas de empresas y varias instituciones de la región cuenta con algún empleado con síndrome de Down.