«Queridos amigos y paisanos:
Ya estoy en casa. Quienes me conocéis bien, sabéis lo que esto significa para mí. Después de la larga y difícil etapa que me ha tocado vivir, podéis imaginaros la enorme satisfacción que siento por estar otra vez entre los míos, en Pedreña y en Cantabria, disfrutando de nuevo de esas pequeñas cosas de las que está compuesta la vida y que tanto se echan de menos cuando no se tienen. Muchas veces, en la habitación del hospital en el que he permanecido más de dos meses, estuvieron presentes en mis pensamientos el mar, las montañas, los incomparables paisajes de Cantabria, la tierra más hermosa del mundo, y recordaba hechos, situaciones, lugares y amigos.
Os dije que estaba preparado para ganar el partido más difícil de mi vida, puesto que no me quedaba más remedio que jugarlo. Cuando me fue detectado el tumor cerebral, y superado un breve y lógico momento de abatimiento, supe que tenía que luchar con mayor firmeza que nunca, enfrentándome a la enfermedad cara a cara, con fuerza y coraje para vencer. Prometí, por mí mismo y por mi familia, que iba a ser capaz de derrotar a la enfermedad, que iba a tener el ánimo presto a lograr la victoria, como tantas veces hice en mi carrera deportiva. En este sentido, quiero recordaros lo que dejé escrito el mismo día que salí del hospital: cuando se combate con fe y perseverancia, todo es posible. Es el mejor mensaje que puedo dar a quienes sufren un problema parecido. Si creemos en nosotros mismos, si pensamos que se puede ganar y nos marcamos unos objetivos, nada es imposible. Ganamos, seguro.
Hay que situarse en el «tee» del uno con los pies bien firmes en el suelo, una enorme fuerza mental, la mirada alta, la vista hacia el frente y sin ningún miedo. Cuando puedes jugar un «mulligan», es decir, cuando se te ofrece una segunda oportunidad, hay que aprovecharla. Inicié la salida con el «driver» dispuesto a llegar al «green» del 18 en el menor número de golpes posible, decidido a lograr cuantos «birdies» o «eagles» fueran necesarios para bajar del par del campo de la vida. Y en ello estoy. Apenas si he comenzado a jugar, están pasando aún los primeros hoyos, pero el partido va muy bien. Comencé de forma inmejorable, con un «albatros», ya que los doctores, tras cuatro operaciones, lograron hacer un excelente trabajo. Queda todavía tiempo por delante y algunos «obstáculos» por salvar, pero sabéis que nunca me voy a rendir, porque creo firmemente en el triunfo. La terapia de recuperación ya ha comenzado y, cuando finalice, alzaremos un nuevo trofeo, el más importante. En este camino no estoy solo. He hecho referencia anteriormente a los doctores que me atendieron en el Hospital La Paz de Madrid, a los responsables y personal de la UCI y a los de la segunda planta. A todos ellos les estaré siempre agradecido por su enorme valía profesional y humana. Son ya mi familia. Señalé que tampoco olvidaré nunca la extraordinaria, compleja y difícil labor de mis hijos, hermanos, cuñadas y sobrinos, que están siendo claves para mi salud mental y física. Agradecí también los miles de mensajes recibidos de todo el mundo, desde las más altas personalidades al más humilde de los aficionados. Estas sinceras muestras de cariño son un estímulo permanente, que además contribuyen a que trate de superarme con mucha fe y determinación.
Pero en esta ocasión concreta quiero dar las gracias especialmente, de todo corazón, a mis paisanos, porque han sido muchísimos los mensajes que me han llegado desde Cantabria. Y vuestro apoyo, transmitido por muy diversos medios, ha jugado un papel de suma importancia, más de la que podéis imaginaros. Resulta muy reconfortante saber que tantas personas, y sobre todo mi gente, está detrás de ti, animando y alentando, deseando verte bien de nuevo. Por tanto, quiero dirigirme a vosotros a través de EL DIARIO MONTAÑÉS, ya que es imposible hacerlo personalmente como sería mi deseo, para expresaros mi más profundo reconocimiento.
Gracias a todos por todo.
Felices Fiestas y recibid un fuerte y fraternal abrazo de vuestro amigo».