Aunque fueron los éxitos en el British Open, en el Másters de Augusta y en la Copa Ryder los que auparon a Severiano Ballesteros a ser uno de los mejores golfistas de la historia, sus cinco títulos en el Campeonato del Mundo Match Play han dado un gran lustre a su extenso y gran palmarés. El primer Mundial Match Play que conquistó el de Pedreña llegó en el año 1981, un año en el que Seve firmó actuaciones dignas de un genio y protagonizó otras para el olvido como su descalificación en el Open de Estados Unidos por llegar tarde al tee de salida. Ese mismo año Ballesteros, haciendo gala de un espíritu combativo, que quizá heredó de su padre, se enfrentó a los máximos responsables del Circuito Europeo. Esto le costó muchos sinsabores, como por ejemplo, que no fuera seleccionado para esa edición de la Ryder Cup. La realidad fue que Seve, del 18 al 20 de Septiembre, no jugó la Ryder Cup de 1981. En los siguientes torneos Seve puso en evidencia a muchos, pues demostró que su nivel estaba muy por encima del resto de jugadores del Circuito. Como dato sirva el siguiente: En los seis torneos que jugó en lo que restaba de año, conquistó cuatro importantísimos títulos: Open de España, Dunlop Phoenix en Japón, Australia PGA y el Mundial Macth Play en el mítico campo de Wentworth. Severiano Ballesteros siempre ha dicho que la primera de sus cinco victorias en el Mundial Match Play fue para él uno de los momentos más inolvidables de su carrera deportiva y así lo recordaba en una entrevista. «La primera de mis cinco victorias en el World Match Play Championship, después de batir a Irwin, Norman, Langer y en la final a Ben Crenshaw, es uno de mis mejores recuerdos como golfista. Siete días antes, me había impuesto en el Open de España, pero en cambio, la semana anterior, había sido excluido de la Ryder Cup». Precisamente fue Crenshaw, el que dijo de Severiano una de las frases que han pasado a la historia. «Seve plays shots I don't even see in my dreams» («Seve juega golpes que no he visto ni en mis sueños»).
Al año siguiente, en 1982, y después de imponerse en los Open de Madrid y Francia y en el Masters de San Remo, Ballesteros certificó su gran temporada revalidando su título en el Mundial Match Play. Días antes de que comenzase en el campo londinense de Wentworth, el mayor de los Ballesteros, Baldomero, 'Merín', dijo estas palabras: «Seve aún tiene que dar un bombazo antes de que finalice la temporada». Y así fue, por segundo año consecutivo, el de Pedreña se adjudicaba el Suntory World Match Play tras una emocionante final frente al escocés Sandy Lyle en la que se llegó al desempate. Ballesteros jugó 107 hoyos en tres días. En cuartos de final eliminó al norteamericano Bobby Clampett, en semifinales, al también estadounidense Lanny Wadkins y en la final, al escocés Lyle en una de las finales más dramáticas jugadas hasta entonces desde que comenzase a disputar el Match Play en 1964.
En 1984 Severiano conquistó a un país, Inglaterra. Si en 1979 ganó en su primer 'British', cinco años más tarde se coronó como el mejor jugador de golf del mundo, precisamente en el país que inventó este deporte y un año después de haberse vestido con su segunda chaqueta verde en el Masters de Augusta. En el 84 conquistó su segundo Open Británico y acabó la temporada ganando el Mundial match Play también en la isla. En esta ocasión el cántabro se impuso sin problemas al alemán Bernhard Langer, que intentó crear un clima hostil hacia Ballesteros. Langer le acusó de ser «intimidador y poco amistoso durante los recorridos» y la prensa británica siguió la final con el máximo interés. Con su tercer Match Play en el bolsillo, por el que ingresó unos 9,6 millones de pesetas, Ballesteros se convertía, a sus 27 años, en el segundo jugador de la historia que ganaba tres veces un Mundial Match Play. Todavía no sabía el jugador de Pedreña que iba a conquista otros dos más.
Un 1985 exitoso
El 85 fue un año de éxitos para Ballesteros. Desde el inicio de la temporada y hasta el final, el jugador cántabro se confirmó como el mejor del mundo y exhibió una gran regularidad, con triunfos importantes (USF Classic, Open de Irlanda, Open de Francia, Open Sanyo, Open de España, Ryder Cup y Campeonato de España). Aunque en esta ocasión se le escaparon los triunfos en dos grandes citas como el Open Británico y del Masters de Augusta, si brilló en la Copa Ryder, donde el equipo europeo se llevó la victoria, y en el Mundial Match Play. El de Pedreña sumó ese año su cuarto título y volvió a demostrar su predilección por el torneo. En esta ocasión se repitió la final del 84 con Ballesteros y Langer como protagonistas del esperado duelo. Ballesteros arrasó. Consiguió una victoria holgada sobre el germano por seis hoyos de ventaja cuando todavía quedaban por disputarse cinco de los 36 de que constaba la competición, un resultado con el que el cántabro establecía un nuevo récord en una final del Suntory Match Play. En aquel momento el anterior estaba en manos del surafricano Gary Player, que en 1966 había derrotado al norteamericano Nick Nicklaus por 6 a 4. Fue un triunfo que además supo a revancha. Severiano se vengó de Langer, ante el que había perdido en el Masters de Estados Unidos en el mes de abril de ese año. Para llegar a la final, Seve tuvo que eliminar en las rondas de cuartos al galés Ian Woosnam y en semifinales al estadounidense Andy North, que ese año había ganado el Open de su país. Tras ser derrotado por el de Pedreña, North destacó de Ballesteros que «si no es el mejor jugador del mundo, le falta muy poco para serlo». Esta victoria en el 85 fue la última lograda por Seve en los años ochenta en esta competición. El quinto y último título Match Play de Seve llegó en 1991. Fue el día 20 de octubre cuando Ballesteros se proclamó pentacampeón de este Campeonato del Mundo, en la modalidad de uno contra uno, en un campo, el de Wentworth, que siempre ha sido uno de sus favoritos junto al de Pedreña, donde jugaba y entrenaba; el de Augusta, donde ya había ganado tres Masters; y el de St. Andrews. Esta victoria le sirvió para igualar el récord de victorias conseguidas en este torneo -cinco- que hasta ese momento estaba en poder del mítico Gary Player. En la final del 91 su rival fue el zimbabuano Nick Price, al que derrotó por 3 y 2 (tres puntos de ventaja cuando quedaban por jugarse dos hoyos). Ballesteros, que no disputaba una final Macth Play desde el 85, inició el partido frente a Price sin arriesgar, pero con la suficiente concentración como para cubrir los primeros 18 hoyos del 'West Course' de Wentworth con los mismos golpes que el zimbabuano, que ese año había ganado dos torneos del circuito estadounidense. En el segundo y definitivo recorrido, Ballesteros ganó el segundo y tercer hoyos, lo que desconcentró por completo a Price. El jugador africano comenzó a fallar en el green golpes relativamente fáciles mientras que el cántabro mantenía una gran regularidad que le hizo llevarse el triunfo a falta de dos hoyos. El triunfo de Ballesteros en esta edición tuvo aún más relevancia, si se tiene en cuenta que las condiciones del jugador no eran las idóneas para competir en un torneo de estas características. Antes de iniciarse, el cántabro padecía un esguince de tobillo, un fuerte dolor de espalda y una molesta gripe que mermaron sus facultades.