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El ídolo apodado 'Matador'

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El ídolo apodado 'Matador'

La afición británica asistió asombrada al idilio de Seve con el famoso hoyo del aparcamiento en el campo del Royal Lytham and St. Annes

08.05.11 - 00:00 -
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se acercaba al hoyo. Su carácter ganador había quedado reflejado en la jornada anterior, cuando al ser preguntado por los periodistas él pronosticó que firmaría el par en el 17, clave para ganar el torneo. Y Ballesteros no falló. Logró el par tras un putt desde cinco metros que mantuvo durante unas décimas de segundo suspendida la atención del público que abarrotaba el campo. La bola quedó colgada al borde del hoyo y, finalmente, optó por introducirse para satisfacción de un Severiano que explotó de alegría al experimentar por adelantado la emoción del triunfo. Su gesto al embocar la bola se convirtió en la imagen de la marca Ballesteros.
En el último hoyo, de par 4, denominado Tom Morris, Ballesteros sentenció con un nuevo birdie al embocar desde cuatro metros. Un hoyo por detrás, Watson tuvo que vérselas con un una bola endiablada que fue a chocar contra el muro, sin espacio para meter el hierro. Su bogey consiguiente, unido al birdie de Ballesteros, colocaron a Watson en una situación imposible. Necesitaba un eagle en el último hoyo para forzar, al menos, el desempate. Consiguió el par, y un total de 73 golpes para la última ronda, con lo que igualaba a 278 para el segundo puesto empatado con el alemán Bernard Langer, compañero de partida de Ballesteros.
Ya en la sala de prensa, Ballesteros fue preguntado por su seguridad y sangre fría en el hoyo 17 pese a los dos bogeis de las jornadas anteriores. «Estoy muy satisfecho. Tuve problemas en los dos días anteriores, pero estaba convencido, y así se lo dije a mi caddie cuando nos dirigíamos al tee, de que debía salvar el par para lograr el triunfo».
Mientras Severiano alzaba la copa en St. Andrews, en Pedreña, su padre y su cuñada lloraban de alegría frente al televisor. Así lo relató el periodista de El Diario Montañés Jesús Martínez Teja en su crónica. «Baldomero Ballesteros no pudo resistir la tensión. Estaba solo, en su casa de Pedreña, siguiendo por televisión la última jornada del Open Británico. El padre de Seve, con los nervios a flor de piel, dio un tremendo salto de alegría cuando, en el hoyo 17, el menor de sus vástagos aseguró el triunfo. En Santander, la esposa de Merín Ballesteros, Mari Carmen, que acababa de llegar de la playa, justo a tiempo de conectar la pequeña pantalla, no podía estarse quieta en ningún sitio. Su pequeño hijo la miraba asombrado. Hasta se llevó un pequeño susto cuando su madre, terminado el torneo, rompió a llorar de alegría. Lo primero que hizo fue llamar por teléfono a su suegro. Eran los dos miembros de la familia que estaban en Cantabria, porque el resto se había desplazado a Escocia. Allí, la historia era otra (.) La pregunta del pequeño sobrino de Seve, Iván, 'mamá ¿por qué lloras?', resumía el estado de ánimo de todos los Ballesteros».
En 1988
En 1988 Baldomero Ballesteros, el hermano de Severiano, tuvo que seguir el desarrollo del Abierto Británico por teléfono. Televisión Española no ofreció en directo el torneo, y en la casa de los Ballesteros, en Pedreña, las noticias llegaban a través de lo que narraba por teléfono Sergio Gil, periodista de la televisión catalana.
Severiano comenzó el torneo con unos prometedores 67 golpes en la primera jornada, que le situaron líder de la competición, en el campo del Royal Lytham St. Annes Golf Club, donde ganó su primer Open British. Sin embargo, quedó desbancado por culpa de los 71 y 70 que firmó en los dos días siguientes. Estas tarjetas permitieron al cántabro llegar al último recorrido con todas las opciones de triunfo y, lo que es más importante, con su instinto ganador apareciendo ya en St. Andrews.
Su extraordinario último recorrido de 65 golpes le dio al de Pedreña su tercer trofeo del Abierto Británico, estableciendo en 273 golpes el nuevo récord del campo y con el hoyo del aparcamiento como protagonista central de su triunfo.
Ballesteros inició el último recorrido con dos golpes de desventaja sobre el líder, Nick Price, y por detrás también de Faldo, campeón el año anterior. El cántabro inició su espectacular remontada con una excelente serie de birdie-eagle-birdie en los hoyos 6, 7 y 8, circunstancia que le permitió alcanzar a Price en la primera mitad del recorrido y establecer una ventaja de tres golpes sobre Faldo. El pedreñero alcanzó el liderato en el hoyo once, aunque vio cómo de nuevo Price la igualaba en el 12.
Sin embargo, tuvo que ser de nuevo el hoyo 16, el del aparcamiento, el que significara el principio de la victoria para Ballesteros. El cántabro logró el birdie, que le dejó en cabeza de la clasificación. «Esta vez no encontré ningún coche aparcado en la calle del hoyo 16 y deberían poner vehículos en sucesivas ediciones, ya que estoy acostumbrado a sortearlos», dijo Severiano en tono jocoso después de alzar la copa.
Seve se mantuvo en once bajo par desde el hoyo 16 hasta el final del encuentro, mientras Price estuvo en diez bajo par hasta el último hoyo, que finalizó con nueve por debajo del para del campo.
Fiel a su tradición, el golpe de salida en el tee del 18 del cántabro se desvió un poco y la bola aterrizó en el borde derecho de la calle, pero Ballesteros, un especialista en situaciones difíciles, salió con maestría. En el segundo golpe, con un hierro 6, mandó la bola al ante-green, desde donde la envió magistralmente con el chip hasta colocarla a diez centímetros del hoyo e, incluso, rozó el borde del agujero, lo que le hubiera supuesto acabar con un birdie más.
Al final, Nick Price terminó a dos golpes de Ballesteros, mientras que Nick Faldo se tuvo que conformar con la tercera posición a seis golpes del de Pedreña. El triunfo de Ballesteros convirtió en realidad el sueño que quince días antes del torneo tuvo su nuevo caddie, el británico Ian Wright. «Realmente tuve una premonición, no sólo que Seve iba a ganar, sino que la victoria no se confirmaría hasta el último green».
Al final, los comentarios eran unánimes en mostrar el asombro por la enorme potencia de los drives del español, a quien no le importa que las bolas vayan fuera de las calles, ya que en su juego corto posee el toque maestro necesario para convertir en un birdie una situación desesperada». Así narraban las crónicas del mes de julio de 1979 la hazaña de Severiano Ballesteros en el Abierto Británico de golf, sobre el mítico campo de Royal Lytham and St. Annes Golf Club. El cántabro se convertía el 22 de julio del citado año en el jugador más joven en ganar el torneo, uno de los 'grandes' de este deporte, y llevaba al golf español a cotas nunca alcanzadas hasta entonces. Las más de 40.000 personas que se apiñaron en el hoyo final para ver su triunfo demostraban la popularidad de un deporte en Gran Bretaña que, tristemente, pasaba inadvertido en España. Apenas unas columnas en la prensa española reflejaban el hito más importante del golf para el país. Sin embargo, Severiano Ballesteros, con sus triunfos, con sus hazañas, y con su respeto y popularidad internacional, logró, victoria a victoria, cambiar por completo este panorama.
Ballesteros no se conformó con ganar sólo un Abierto Británico. Lo hizo en otras dos ocasiones más, en 1984 y 1988. Sus golpes imaginativos, imposibles, su táctica ofensiva que le hizo ganarse el apelativo de 'Matador' y sobre todo el idilio que mantuvo en el campo del Royal Lytham and St. Annes con el famoso hoyo del aparcamiento, hizo de él un jugador idolatrado y admirado, un deportista único, un mito, una leyenda que perdurará en la historia de este deporte.
En 1979
Severiano Ballesteros comenzó a forjar su leyenda en el Abierto Británico en 1979, año en el que consiguió su primera victoria en uno de los torneos más importantes del planeta y dejó un golpe para la historia y el recuerdo: el del hoyo del aparcamiento. Severiano Ballesteros llegó al hoyo 16, un par 4, con un golpe de ventaja sobre sus perseguidores. El de Pedreña, con su potente drive, envió la bola a unos 300 metros, pero desviada al aparcamiento de automóviles en las inmediaciones de la calle.
Al cántabro se le autorizó entonces un tiro sin penalización, y lo cierto es que no lo desaprovechó. Metido entre los coches, golpeó la bola y la dejó a unos increíbles 15 metros del hoyo. Su imagen saliendo del aparcamiento entre los gestos de admiración e incredulidad de aficionados y rivales forma parte de la leyenda del golf. Ballesteros, con el putt, logró el birdie que le situaba bajo el par del campo y que sostuvo hasta el final para alzar la copa de campeón.
Contra el viento y la lluvia
Fue, el British de 1979, un torneo marcado por las adversas condiciones meteorológicas. Viento y lluvia a las que el cántabro se adaptó a la perfección, y que le permitieron superar en la última jornada a alguno de los más grandes jugadores del momento y de la historia: Jack Nicklaus -que se había proclamado campeón el año anterior- Lee Treviño, Ton Watson, Hale Irwing, Ben Grenshaw, Johnny Miller y Tom Westkof.
Al último recorrido, Ballesteros llegó con el par del campo, a dos golpes del entonces líder, Hale Irwing, que no pudo con la presión (jugó en el mismo partido que el cántabro) y terminó por hundirse con cinco sobre el par. El cántabro realizó un recorrido marcado por la regularidad, sin altibajos, que le llevó a ser líder en algunos momentos de la jornada, pero a no distanciarse cuando era superado por sus rivales. Su primer asalto definitivo se produjo en el hoyo 13, con un asombroso putt de 12 metros desde fuera del green, y después de un soberbio segundo golpe desde una posición imposible en el rough. Más tarde, lo remató con su hazaña en el hoyo del aparcamiento. El juego corto del cántabro y su ansia de victoria fueron claves para hacerse con la victoria.
Al final, Severiano Ballesteros lograba su primer British tras dejar a tres golpes de distancia a Ben Grenshaw y Jack Nicklaus, empatados en la segunda posición.
«Me he quedado sin habla»
Para el recuerdo quedarán las palabras del campeón australiano Peter Thompson cuando fue preguntado por el drive de Ballesteros en el hoyo 16, de más de 300 metros: «No puedo contestar. Me he quedado sin habla».
El segundo triunfo en el Abierto Británico lo logró Severiano Ballesteros en 1984, año en el que, además, estableció un nuevo récord sobre el mítico campo de St. Andrews al firmar un tarjeta de 276 golpes, doce bajo el par del campo, y dos menos que el que había establecido 24 años antes el australiano Kel Nagle. Para lograr la victoria, el de Pedreña mantuvo un apasionante mano a mano con Tom Watson (que se quedó sin igualar el récord de seis victorias en poder de Harry Vardon), que se decidió en el conocido como hoyo de la carretera, que mantuvo su condición de juez implacable cuando el torneo se celebra en St. Andrews, y definido por el propio Ballesteros como el «hoyo más difícil del mundo».
Hasta la última jornada de la competición, el golfista cántabro no había tenido suerte en el complicadísimo hoyo 17. En los dos jornadas precedentes, Ballesteros había firmado dos boogies, y en la última jornada la presión ejercía una tremenda fuerza sobre el jugador cántabro a medida que
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