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Un montañés en Augusta

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Un montañés en Augusta

Ballesteros se vistió en dos ocasiones la chaqueta verde que reciben los ganadores del Masters, en donde el cántabro se convirtió en una leyenda del golf

08.05.11 - 00:01 -
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Corría el 13 de abril de 1980. Un joven de Pedreña de sólo 23 años de edad se alzaba con la victoria en el Masters de Augusta, uno de los cuatro 'majors' (además del torneo de maestros de Augusta están en este grupo el Abierto de los Estados Unidos, el Abierto Británico y el Campeonato de la PGA). Severiano Ballesteros daba un paso más hacia la consideración de mito del golf.
Ballesteros, que fue el segundo jugador extranjero en conseguir vestir la chaqueta verde después de que el sudafricano Gary Player lo hiciera en los años 1961, 1974 y 1978 y el más joven en conseguirlo hasta ese momento, dio una verdadera lección sobre el magnífico campo de Augusta, en el estado de Georgia.
El golfista cántabro dominó el torneo desde el principio. De hecho, llegó al noveno hoyo en la última jornada con una ventaja de 10 golpes sobre sus más inmediatos seguidores, Newton y Gilbert. Sin embargo, quizá por su juventud y por su todavía corta experiencia, Ballesteros encadenó una serie de malos golpes que sirvieron para que sus rivales se colocaran a sólo tres golpes de él.
Y fue en ese justo momento cuando apareció la figura del genio. Tras una mala salida en el hoyo 15 (la bola acabó entre los árboles que flanqueban la calle en una acción que, según los comentaristas de la época «nadie en el mundo podía hacer mejor»), un golpe magistral de esos que muy pocos jugadores son capaces de dar permitió al cántabro colocarse en el 'green'. Era el comienzo de su primera victoria en Augusta.
Al final, con 13 golpes bajo el par del histórico campo, el de Pedreña se vistió la mítica chaqueta verde y se embolsó los 55.000 dólares destinados al campeón.
La victoria de Ballesteros en Augusta propició que el jugador cántabro se convirtiera en la estrella de un deporte que, por aquel entonces, era absolutamente minoritario en España. «Es un país de 37 millones de habitantes, con 30.000 jugadores de golf y el campeón del Masters», señalaba el comentarista que transmitía el partido para la televisión estadounidense, que añadía que «hay que darle las gracias a ese mozo santanderino, más que por haber ganado, por cómo ganó».
Incluso el embajador de España en Estados Unidos en aquellos momentos, José Lladó, felicitó al cántabro, al que trasladó el «orgullo del Gobierno y del pueblo español».
El triunfo de Ballesteros fue recogido con júbilo por la prensa española del momento. Así, el 'ABC', destacaba que «Ballesteros dio una lección a los grandes maestros del golf». 'El País', por su parte, señalaba en su crónica que «Severiano Ballesteros, de la estirpe de los recogepelotas, de la raza de los españolitos insólitos, del grupúsculo de los genios esporádicos, le ha proporcionado al depauperado, triste y casi yermo deporte español la ocasión de ordenar un volteo general de campanas y disparos de morteretes». El desaparecido 'Ya' recogía en sus páginas que «el extraordinario triunfo del español tiene especial relevancia. Lo ha conseguido en el más importante torneo de los cuatro que componen el Gran Slam, lo que supone que a partir de ahora esté considerado como el número uno del mundo».
La segunda victoria
Apenas tres años después, el 12 de abril de 1983, Ballesteros volvía a grabar con letras de oro su nombre en la lista de ganadores del Masters de Augusta. Tras haber sido objeto de algunas críticas, todo el mundo, detractores y admiradores, no pudieron hacer otra cosa que rendirse ante la genialidad del cántabro.
«Cuando juega como lo hizo el lunes, no es él quien está metido en problemas, sino el resto del mundo», aseguraba el 'Washington Post' respecto al jugador de Pedreña, al que calificaba como «el más deliberadamente enigmático golfista del mundo».
Ballesteros, que no bajó en ningún momento del tercer puesto situándose a un sólo golpe de los primeros, sentenció el torneo cuando se había llegado a la mitad del recorrido en la jornada final. El cántabro no sólo había recortado el golpe de diferencia que tenía con el hasta ese momento líder, sino que le había metido cuatro de ventaja. Había superado los nueve primeros hoyos con sólo 31 golpes. La victoria estaba en sus manos.
Situado cómodamente en cabeza, el golfista cántabro se limitó a jugar 'de libro', es decir, estaba tirando a asegurar. Ni siquiera el abundante agua que había en el campo parecía capaz de impedir su triunfo, que se selló, como otras muchas veces, con un golpe de maestro. En el hoyo 18, desde fuera del 'green', a una distancia de unos 10 metros («no a 25 como se ha dicho», relataban las crónicas de la época), Ballesteros introdujo directamente la bola en el agujero «entre una extraordinaria ovación de las 50.000 personas que presenciaron la última prueba». John Watson, el héroe local, no podía hacer ya nada para evitar la victoria del español.
La exhibición del pedreñero se tradujo en una nueva chaqueta verde para su particular colección y un premio que rondó los 12 millones de pesetas, unos 72.000 euros.
Como en 1980, la victoria del cántabro fue motivo de orgullo patrio. Y es que no había demasiadas ocasiones de que el deporte español brillara de la manera que él lo estaba haciendo brillar. «Severiano Ballesteros regresa hoy a su tierra para descansar brevemente antes de su participación en el Open de Madrid la próxima semana, aunque no se conoce el itinerario a realizar. Centenares de telegramas se han recibido tanto en Estados Unidos como en su casa de Pedreña felicitándole por el triunfo. Entre los más importantes cabe destacar uno del Rey y otro de Felipe González. A nivel regional, el presidente del Gobierno de Cantabria, el consejero de Cultura y el alcalde de Santander también han enviado mensajes», señalaba la crónica de EL DIARIO MONTAÑÉS.
La victoria de Ballesteros en Augusta tuvo tal repercusión que Televisión Española transmitió en diferido por su primera cadena la jornada final del torneo al día siguiente. Eso sí, otras cadenas públicas de televisión, como la estadounidense, la inglesa o la japonesa, sí dieron el partido en directo.
Apenas un par de días después de haberse enfundado por segunda vez la chaqueta verde que le acreditaba como ganador del Masters de Augusta, Ballesteros regresó a Cantabria. Lo hizo acompañado por su padre, Baldomero, y por su entonces novia, Carmen Botín. Su llegada a Parayas no despertó demasiada expectación debido a que no se sabía prácticamente nada respecto al momento en que el campeón iba a llegar a la capital cántabra. Sólo unos pocos aficionados tuvieron la suerte de conseguir el autógrafo del maestro.
Sin embargo, el hecho de que regresara a España sin participar en el Torneo de Campeones que habitualmente se juega la semana posterior a la disputa del Masters causó un profundo malestar entre los estadounidenses. «Es lógico que estén enfadados, porque es la primera vez que un ganador del Masters no juega el Torneo de Campeones», aseguraba el jugador nada más llegar a Santander, en donde dio algunos consejos que, a buen seguro, habrán sido muy provechosos para las posteriores generaciones de golfistas.
Uno de ellos, se refiere a la táctica a emplear en los torneos: «Para ganar un torneo siempre es mejor estar entre dos y cuatro golpes detrás. Es preferible en cuanto a que no tienes nada que perder y todo que ganar. Si vas primero, es difícil porque tienes que ganar y los demás van por ti. Es mayor responsabilidad».
Por último, las manifestaciones que recogió EL DIARIO MONTAÑÉS en el aeropuerto santanderino, reflejan bien a las claras cuál era la vinculación de Ballesteros con su tierra: «Soy montañés y seguiré siendo montañés hasta que me muera. Este triunfo, por supuesto, se lo dedico a la Montaña».
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