eldiariomontanes.es
Domingo, 27 mayo 2012
sol
Hoy17 / 23||Mañana15 / 17|
más información sobre el tiempo

Deportes

Estás en: > >
El niño del 'swing' bajo la luna llena

SEVERIANO BALLESTEROS | BIOGRAFÍA

El niño del 'swing' bajo la luna llena

Carácter. Las escapadas nocturnas al campo de Pedreña marcaron los orígenes del golfista cántabro, vástago de una familia de agricultores y ganaderos

08.05.11 - 00:00 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
En este vídeo, Ballesteros afirma que le gustaría jugar una partida de golf en formato Pro Am con Zinedine Zidane, Iker Casillas, que es mi ídolo, y con Cindy Crawford.
Escondido entre las jarras del Open Británico, las Ryder Cup y la chaqueta verde del Masters de Augusta se asoma el primer trofeo que ganó Severiano Ballesteros. No lo consiguió en Inglaterra ni en EEUU ni en ninguno de los cientos de campos de golf que pisó durante su vida. Pedreña, su pueblo natal, fue testigo de lo que entonces sólo era la victoria de un niño en una carrera de 1.500 metros, pero que, a la postre, se convertiría en la primera muesca de un hombre que había nacido con el ansia indomable de ganar.
Siempre se ha dicho que Seve nació para jugar al golf porque su brazo derecho medía cuatro centímetros más que el izquierdo. Pero esa ventaja a la hora de situarse frente a la bola, tan codiciada en el circuito profesional, no pesaba nada en la balanza de futuro de un niño nacido en la cara más humilde de la España franquista. Precisamente su origen, –desde cero, desde lo más bajo– es lo que marcó su estilo de juego y engrandeció su leyenda en un deporte dominado entonces por las clases más altas de la sociedad.
El 9 de abril de 1957, Baldomero Ballesteros y Carmen Sota tuvieron su cuarto hijo –antes habían llegado Baldomero, Manolo y Vicente–. Lo llamaron Severiano, en honor al suegro de Carmen. Este nacimiento se produjo en una fecha muy especial para ellos, ya que justo diez años antes tuvieron que superar la muerte del que hubiese sido el hermano mayor de ‘Seve’, fallecido a causa del ataque de un enjambre de avispas. Era una familia sustentada por la agricultura y la ganadería de la zona, como el resto de los apenas trescientos habitantes que entonces tenía Pedreña. Pero este pueblo tenía algo que lo diferenciaba del resto: el campo de golf inaugurado en 1929.
El gen ganador
Severiano heredó el gen del deporte de su padre, campeón de España de remo con la legendaria trainera ‘Castilla’ en varias ocasiones. Baldomero era un hombre de convicciones fuertes. Creía en Franco y en su capacidad para mejorar el país, por eso cuando los republicanos le obligaron a alistarse durante la Guerra Civil, se pegó un tiro en la mano izquierda. Fue condenado a veinte años de cárcel, pero se fugó del hospital y se pasó al ejército de los nacionales. Años después, en 1975, ‘Seve’ se enteró de la muerte del dictador en Orlando (EE UU), a través de una emisora mexicana, mientras disputaba la clasificación para jugar en el circuito americano.
En Pedreña, la familia Ballesteros Sota vivía en una casa construida por los bisabuelos de Severiano en 1882. Los hermanos dormían en las habitaciones situadas sobre el establo de los animales, y él compartía la suya con Vicente. Lo llamaban el ‘cuarto oscuro’ porque no tenía ventanas.
Era la época en la que nadie tenía reloj y todos se guiaban por las campanadas de la iglesia; en la que el único teléfono de Pedreña era el de la centralita de la señora Angelita, y en la que los cinco kilómetros de distancia al colegio se hacían corriendo.
‘Seve’, como la mayoría de niños de aquellos años, no terminaba su horario laboral al salir de clase. Antes de ir al colegio sacaba las boñigas de las vacas y, al volver, ayudaba a ordeñar, recoger la hierba y dar de comer a los animales. Los sábados su obligación era limpiar los zapatos de toda la familia.
Pero también había tiempo para las travesuras, como aquella ocasión en la que, junto a sus amigos, entró a robar fruta en dos fincas privadas. En el cuartelillo de la Guardia Civil el sargento, al que apodaban ‘Ojo Breca’, les amenazó con romperles la cara si volvían a hacerlo. Caprichos del destino, Seve compró años más tarde esas mismas casas. En una se instaló con su familia y en la otra vivió su madre hasta que falleció.
Las estrecheces económicas de la época se hacían palpables en los detalles del día a día y, sobre todo, en las ocasiones especiales. Por eso Seve no pudo hacer la comunión con el resto de sus amigos, sino que tuvo que esperar a la boda de sus primas Marisol y Maricarmen para compartir celebración. Y por eso en su casa todas las noches se cenaba lo mismo: un tazón de leche con una torta de borona (masa de harina de maíz). La infancia de Severiano también tuvo apeaderos en el cine ‘El Casino’, único del pueblo, donde todos los domingos a las cuatro de la tarde se estrenaba una película en blanco y negro. Las cinco pesetas de la entrada se las daba su hermano Vicente a cambio de su ración de flan que preparaba su madre cada semana. Conseguir las golosinas para ver la película ya era otra historia: un empujón al carro de la señora Fidela y caían unas cuantas.
Ver los programas de la única televisión de Pedreña tampoco era sencillo, por eso eran continuas las escapadas de Seve al bar ‘El culebrero’ para evadirse con las aventuras de ‘El santo’, ‘Daniel Boone’ y ‘Bonanza’.
El primer contacto de ‘Seve’ con el golf fue pateando piedras con un ‘hierro 8’ –regalo de uno de los socios del club a su familia– mientras cuidaba de las vacas que pastaban en el campo. Allí entrenaba sus primeros golpes, los que había aprendido de su hermano Manolo, su primer profesor. «Hubiera ganado más torneos si no fuera por el tiempo que dedicó a enseñarme», reconoció Seve más de una vez.
A los ocho años consiguió compaginar lo que empezaba a ser una pasión con la necesidad acuciante de ‘sacarse unas perras’. Comenzó a trabajar como caddie en el Golf de Pedreña. Allí conoció a Tasio, Cayarga y Zalo que, como él, se ganaban el sueldo portando las bolsas de los palos de los socios del club. Seve ya no necesitaba venderle los flanes a su hermano para ir al cine. En el club le pagaban cinco duros por llevar la bolsa, además de la propina –entre treinta y cincuenta pesetas dependiendo de la generosidad del socio–.
Para Severiano ser caddie no era sólo un trabajo, sino un acercamiento, la posibilidad de estar en primera línea, con los pies en el ‘green’, observando el juego de otros. Así fue como no perdió detalle de los movimientos de su tío Ramón Sota, mejor jugador de España en los años sesenta.
El paso hacia delante lo dio cuando su hermano Manolo le regaló un ‘hierro 3’. Como a los caddies les estaba prohibido jugar en el campo junto al resto de socios, ‘Seve’ decidió convertirse en un furtivo. Como los niños que bajo las mantas encienden una linterna para seguir leyendo un libro de aventuras, Severiano se escapaba de casa cada noche para colarse en el campo de golf con su palo recién estrenado. Allí, sólo con la luna, empezó a jugar sus primeros hoyos. Sin público, sin fotógrafos... la leyenda empezó a gestarse con nocturnidad, alevosía y en silencio.
Poco a poco, Seve fue dejando de lado los estudios para dedicarle más horas al golf. Hasta que un día anunció en casa su intención de dejar el colegio para centrarse en el deporte. Su padre negoció un término medio, golf durante el día y clases por la noche. Y le dio un consejo: «Recuerda, hijo, que para ser el primero en algo hay que demostrarlo».
Los años fueron pasando mientras Severiano se empapaba de todo lo que veía en el campo de Pedreña, incluso empezó a jugar los torneos para caddies que se organizaban allí. En esta época conoció a Mister Michael, un aristócrata inglés con el que departía asiduamente sobre golf mientras portaba sus palos. Un día, el británico le pidió que jugara contra él. Cuando acabaron los 18 hoyos, asombrado por el juego desplegado por Seve, le regaló su ‘putter’ y le dijo: «Algún día llegarás a ser el mejor del mundo».
En diciembre de 1973, con 16 años y a sólo un mes de dar el salto al circuito profesional, una travesura estuvo a punto de tirar a la basura su futura carrera. Junto con un grupo de amigos entró de noche en el campo de Pedreña y se dirigieron al hoyo 6, donde sobresalían unas tuberías. Algunos decidieron tirarlas rodando por la ladera. Seve, que no quería arriesgarse a una sanción de los propietarios del campo, no participó en la gamberrada. Pero no le sirvió de nada. Al día siguiente todos fueron castigados y Severiano no pudo convertirse en profesional en enero. En esa época, un familiar suyo trabajaba en los astilleros, y su madre le insistió en ponerse a trabajar allí. Su padre, de nuevo en el papel de mediador, propuso esperar a que su hijo cumpliera la sanción. Lo que pasó después ya forma parte de los libros de historia de este deporte. Severiano Ballesteros se convirtió en golfista profesional el 22 de marzo de 1974, con 16 años. Sin una carrera amateur, sin profesores especializados, sólo compitiendo en torneos de caddies y mejorando su ‘swing’ en las noches de luna llena.
Seve comenzó a competir en torneos de España y del extranjero, mejorando su juego y recogiendo anécdotas como la que aconteció en un campeonato celebrado en Sudáfrica, en la época del ‘apartheid’. Al golfista de Pedreña le sorprendió ver cómo los caddies –todos negros– apagaban los cigarrillos de los jugadores –todos blancos– con el pie descalzo. No estaba acostumbrado a ver la esclavitud tan de cerca y, al año siguiente, cuando volvió, compró trajes nuevos a todos los caddies. Se los dio a uno de ellos para que los repartiera entre sus compañeros. Al día siguiente, nadie lo llevaba puesto. «¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los trajes?», preguntó Seve. «Es que en mi casa somos muchos», le respondió el caddie.
La financiación, el dinero, fue el principal quebradero de cabeza estos primeros años como profesional, hasta el punto de que sus padres vendieron una vaca por 20.000 pesetas para los gastos de los viajes. Gracias al doctor César Campuzano, primer patrocinador de Seve, pudo jugar varios torneos. Incluso Emilio Botín, cuyo caddie era el padre de Severiano, le ofreció 25.000 pesetas para cada torneo a cambio del 75% de las ganancias. Pero el golfista se negó porque el trato con Campuzano era más ventajoso para él. En enero de 1977 comenzó el servicio militar como voluntario de aviación. Después de tres meses de instrucción en la base aérea de Getafe fue destinado a Cuatro Vientos. Como no podía ser de otro modo, la ‘mili’ también fue una cantera de anécdotas. En una ocasión, Seve entró en el despacho de un general con el objetivo de conseguir un permiso para disputar un torneo en Alemania. El general no puso ningún impedimento, pero, a cambio, le pidió al golfista un favor: «Tráeme una muñeca hinchable de allí», le dijo. El de Pedreña nunca cumpliría la orden, ya que estando en Alemania le avisaron de su licenciatura del servicio.
Seve vivió entonces alguno de sus mejores años como profesional. Escribió su nombre con letras de oro en la historia del golf al convertirse, con 22 años, en el campeón más joven del siglo XX del Open Británico (1979) y se vistió la chaqueta verde del Master de Augusta en 1980.
Fue entonces cuando funda en Madrid la compañía Fairway para desarrollar y gestionar sus intereses en España, a la que seguiría Trajectory en 1986, centrada en sus proyectos de campos de golf.
En pleno apogeo de su carrera, la vida le propinó su primer golpe. En el otoño de 1985 los médicos detectaron a su padre, que entonces tenía 67 años, un cáncer de pulmón. Fueron juntos a Houston para que fuera tratado y poco después decidieron regresar a Pedreña, donde el 4 de marzo de 1986 Baldomero Ballesteros falleció. Muy afectado por su perdida, Seve decidió jugar el Master de ese año para dedicarle la victoria a su padre, pero la falta de concentración durante el torneo se lo impidió.
La etapa de Mónaco
Al año siguiente decidió marcharse a vivir a Mónaco, no por razones fiscales, como él mismo explicó, ya que sus empresas seguían pagando impuestos en España, sino por «cuestiones estratégicas», al estar más cerca de los campos donde se desarrollaba el circuito europeo. «El hecho de tener dinero no hace mejor a las personas. Yo no he jugado para ser multimillonario, sino para divertirme y triunfar en un deporte que es mi pasión», confesó Seve en su día. Allí, en Mónaco, mantuvo una relación muy cordial con la familia Grimaldi hasta que, cinco años después, decidió volver a Pedreña.
En 1988 la vida de Severiano Ballesteros dio un giro radical. Carmen Botín, hija del presidente del Banco Santander, le acompañó a su primer torneo como novia formal. La historia de Severiano y Carmen se remonta a comienzos de los años 70, cuando sustituyó a su hermano Vicente como profesor de golf de la familia del banquero. Carmen tenía entonces ocho años, y no volvieron a verse hasta que ella cumplió los 16, cuando se acercó a verlo jugar al Match Play de Inglaterra, aprovechando que ella estudiaba en un colegio privado de Londres.
En 1982, Carmen veraneó con sus padres en Pedreña. Un día, se acercó a casa de los Ballesteros para pedir pimentón, y ‘Seve’ aprovechó para invitarle al cine. Desde entonces y hasta noviembre de 1988 vivieron un noviazgo sin compromiso formal debido a los viajes de él y a que ella se marchó a estudiar a EE UU. Hasta que en esa fecha decidieron casarse, no sin que a Seve le asaltaran dudas acerca de cómo iba a afectar a su vida profesional. «Pasado el tiempo pude saber que mis temores no eran infundados. El Open de 1988 fue mi último gran triunfo en un Grand Slam. El matrimonio y los hijos cambian radicalmente el modo de vida de un deportista y eso afecta a su comportamiento en el campo», desveló el golfista años después.
Para entonces, la prensa española ya llevaba especulando mucho tiempo con la boda de «la hija del banquero y el campeón de golf», como se puede leer en revistas de la época. El enlace tuvo lugar en la capilla de la residencia ‘El promontorio’ de la familia Botín en Santander. La misa estuvo oficiada por Pedro Cea, ex párroco de Rubayo, y monseñor Federico Sopeña. A pesar de la discreción y del reducido número de invitados, las fotos del banquete y de la luna de miel salieron a la luz pública a través de una agencia de noticias.
La relación con sus suegros se mantuvo siempre dentro de los márgenes del respeto y la cordialidad. «Emilio me aceptaba porque veía en mi a un trabajador como él, que además obtenía éxitos. Creo que yo era su yerno favorito. Emilio es un hombre inteligente, trabajador, que se merece lo que ha conseguido», dijo Severiano del presidente del Banco Santander.
El reconocimiento oficial de toda la sociedad a su trayectoria llegó al año siguiente, en 1989, cuando recibió de manos del Príncipe Felipe el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Pronto nacerían sus hijos: Javier, en 1990; Miguel, en 1992, y Carmen, en 1994. Todos ellos se educaron en colegios ingleses porque tanto Seve como su esposa consideraron que son «los mejores del mundo». «Cuando uno viaja por el mundo deja de hacer cosas. Yo dejé de ir a misa, soy católico no practicante, como la mayoría de los españoles. Lo que nunca he hecho es ir a misa para que vean que asisto. Carmen y yo íbamos con nuestros hijos para que ellos tuvieran una referencia espiritual», confesó Seve en su biografía. A principios de los 90, el dolor de espalda que padecía Severiano –el mayor rival que tuvo en un campo de golf– comenzó a ser insoportable. Esta dolencia crónica nació por culpa de otra de las aficiones de Seve: el boxeo. A los 14 años, practicando con un amigo, se cayó para atrás y se lesionó la espalda para siempre. Cargar con las bolsas de los palos durante sus años como caddie tampoco ayudó mucho a curar la lesión. «Me mantuve en la cima del golf con un dolor constante», confesó recientemente.
En noviembre de 1993, decidido a acabar con esto, se trasladó con su familia a Arizona para someterse a un tratamiento especial. Antes de acabarlo, la abuela de Carmen falleció y ella regresó, junto a sus hijos, a España.
El empeoramiento de su espalda, su nueva situación familiar, algunos problemas con los responsables del circuito europeo y la llegada de nuevas generaciones (José María Olazábal, Colin Montgomery...) aceleraron la entrada de Seve en su otoño profesional. Pero lejos de apartarse, siguió compitiendo y ganando títulos.
El siglo XXI se mostró inclemente con Severiano. El 24 de octubre de 2002 falleció su madre, y dos años después decidió separarse de su esposa Carmen.
«La relación con Carmen se fue deteriorando poco a poco, quizá faltó una mayor comunicación y entendimiento. La verdad es que no llegamos a sintonizar como pareja. Desde el principio ella no entendió que un deportista de élite es una persona diferente y, en cierto modo, muy vulnerable, que en el hogar necesita serenidad y mucha tranquilidad. Carmen es muy buena madre, pero su visión de la vida le hizo cometer el más grave error de todos: aislarme de mi entorno. Para ella, su único universo era su padre», dijo el golfista tras la ruptura.
El de Pedreña aún debió afrontar una pérdida más en poco tiempo. En marzo de 2007 falleció en accidente de tráfico Fátima Galarza, la joven de 29 años con quien había rehecho su vida. Este golpe fue muy duro para un Severiano que decidió retirarse del golf profesional el 16 de julio de ese mismo año. «Mi época dorada fue entre 1979 y 1988. Creo que el mejor jugador de golf de todos los tiempos es Jack Nicklaus, después Sam Snead y luego Gary Player, aunque también hay que contar con Tiger Woods y Nick Faldo», señaló poco después en sus memorias.
«No puedo decir que haya hecho amigos íntimos en el golf, es muy difícil hacerte amigo de alguien con quien compartes la ambición de ser el mejor del mundo». Ballesteros convivió con esa ambición desde niño, desde esas noches furtivas en el campo de golf de su pueblo. Seve siempre tuvo hambre de victorias. Y consiguió saciarlo.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Videos de DEPORTES
más videos [+]
DEPORTES
El Diario Montañes

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.