Lo mismo ríe, que llora, aplaude o abraza, Mingo -así conoce todo el mundo a Domingo Herrero- es un tipo de lágrima fácil que ayer recibió el afecto de la Asociación de Maltratados por la Administración (AMA) cuando han pasado ya dos años desde que fuera derribado su chiringuito de la playa de Cuberris (en Ajo, Bareyo). En el fantasmal pedazo de cemento que quedó de aquella demolición, unos trescientos afectados por sentencias de derribo acudieron a llenarle de besos, colgar un par de monigotes que sujetan una pancarta de 'monumento a una injusticia', gritar que «¡Mingo somos todos!» y asegurarle que no le van a dejar solo, más cuando en el Parlamento se ha aprobado una ley para indemnizar antes de derribar que, piensan, se le debería aplicar también a él. «Y no que, tras dos años, siga sin una solución y ni un céntimo en el bolsillo», dijo el presidente, Antonio Vilela.
Mingo reside con su compañera en un piso de alquiler en el pueblo de Ajo. Tuvo que abandonar la caravana que aparcó en el solar -es suyo- donde estaba el chiringuito «porque el alcalde no me quiere dar luz», dijo, y la necesita literalmente para vivir, «para conectar mi oxígeno». Aún así, va a su playa a diario, a atender a las gallinas que tiene en un pequeño huerto y a recordar sus treinta años «dando servicio a la playa, porque ahora no hay nada». Lamenta que le hayan denegado el permiso para poner un carrito de helados, que le nieguen sus intentos por mejorar su situación. Ahora, la pareja vive con los 540 euros de pensión de Mingo y «algo menos» que cobra ella. Pagan 350 euros de alquiler «más el agua, la comunidad y la luz», y sigue tirando, en buena medida, «porque se acuerdan de mí y estamos todos unidos». Él aporta lo suyo: «voy a las manifestaciones, a los encierros, a lo que haga falta» y se implica hasta la médula con los casos de otros afectados, tanto que «prefiero morirme antes de ver que derriban una sola casa más», les dijo.
Y sigue luchando por lo que piensa que es justo. Su abogado, Aurelio Calvo, ha presentado un recurso de nulidad contra el auto de la Audiencia de Cantabria que desestimó la querella por prevaricación interpuesta contra el alcalde de Bareyo por derribar el chiringuito sin un plan de seguridad y salud en el trabajo previo.
Luego hablaron varios asistentes, como Angelines, que reconoció el trabajo de Vilela, «eres nuestro capitán, y te necesitamos para llegar a puerto»; Ciriaco, que pidió a «los jueces y al presidente de Arca que nos dejen vivir en paz»; o el presidente de los Afectados por la Ley de Costas, José Luis Thomas, que compartió la lucha de AMA, «que será la nuestra en 2018», fecha en la que caducan las concesiones.