El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que tuvo que publicar recientemente su certificado de nacimiento para contrarrestar los ataques de sus rivales sobre su posible extranjería, avaló ayer una trayectoria familiar común a 44 millones de americanos al visitar la casa del padre de su tatarabuelo en Moneygall, un pueblo irlandés de menos de 300 habitantes.
Desde allí partió en 1850 Falmouth Kearny, en tiempos de la Gran Hambruna, y fue a Ohio, donde tenía familia. Ayer, Obama y su mujer, Michele, abrazaron afectuosamente a un 'primo lejano', Henry Healy, visitaron la casa de su ancestro, tomaron unos sorbos de cerveza Guinness en el pub Olly Hayes y pasaron tres cuartos de hora estrechando manos y charlando con los vecinos.
El presidente de Estados Unidos acortó la primera escala de su gira europea porque la amenaza de la nube volcánica procedente de Islandia aconsejó un vuelo de última hora hacia Londres, donde iniciará hoy una visita de Estado. Pero su breve estancia en Irlanda ofreció la estampa de un líder con enorme popularidad en países extranjeros, relajado y con toque humano, en lo que se considera como un primer paso de la larga campaña electoral del próximo año.
Como otros muchos presidentes de Estados Unidos, Barack Obama tiene ancestros irlandeses y sus anfitriones le recibieron ayer como la encarnación del sueño americano, tal como expresó el primer ministro, Enda Kenny, en su discurso de presentación de su huésped ante cerca de 30.000 personas congregadas en Dublín para escuchar al jefe de la Casa Blanca.
Impulso de amor
La policía, que se había empeñado hace una semana en aislar de la población a la reina Isabel II durante su paso por Dublín, en la primera visita de un monarca británico al sur de Irlanda en un siglo, para prevenir todo riesgo de incidentes, tuvo que pedir ayer que no acudiese más gente a la céntrica plaza de College Green para evitar el riesgo de una aglomeración excesiva ante el presidente americano.
«He venido a casa para recuperar el apóstrofe que se perdió en el camino», dijo el líder, ya rebautizado jocosamente a la irlandesa como O'Bama. Y, tras las bromas iniciales y el agradecimiento por la acogida, pronunció un discurso vigoroso y cálido, en el que además de subrayar la influencia irlandesa en Estados Unidos -«nunca una nación tan pequeña ha inspirado tanto a otra», dijo- animó a quienes le escuchaban a superar la grave crisis económica.
Obama apoyó también el proceso de paz en Irlanda del Norte, afirmando, con palabras de Bob Kennedy, que ha enviado «una ola de esperanza» al mundo. Los irlandeses «han inspirado al resto del mundo eligiendo dejar en el pasado las llagas de la violencia y la desconfianza». Y añadió: «Vosotros, los irlandeses, perseverásteis y votásteis e hicísteis que vuestra voz se escuchase en favor de la paz, y respondísteis heroicamente cuando fue desafiada. A pesar de la dificultad obstinada de nuestros problemas, el impulso irreprimible del amor siempre nos ha sostenido».