Depresiones, trastornos de ansiedad, tristeza, apatía, cansancio, y sentimientos de impotencia, fracaso y ruina son lugares comunes entre la mayor parte de los propietarios que conviven desde hace años con la amenaza del derribo de lo que es su hogar, entendido como el lugar donde viven en el calor familiar.
Dice el presidente de la Asociación de Maltrados por la Administración (AMA), Antonio Vilela, que la lectura de los informes periciales de sicólogos y siquiatras sobre el sufrimiento de estas personas es un «viaje al infierno de Dante». Puede resultar hiperbólico el símil, pero luego aporta un dato estremecedor. «En los últimos seis años han fallecido 57 afectados de un total de 663». Es más, en los últimos seis meses «han muerto cinco personas, cuatro de ellas de la Junta Directiva de la asociación, y de éstas, tres eran propietarios de la urbanización de Cerrias».
No sabe si las muertes guardan relación directa con el desequlibrio que provoca venir en esa interinidad, pero «creo que algo tiene que ver», aunque a renglón seguido reconoce que una de las características del perfil de estas personas es su elevada edad.
«El 80% del colectivo son mayores de 60 años. Se trata en muchos casos de jubilados de empresas de la margen izquierda de Bilbao que compraron las casas como segunda vivienda. Venían a tener una vida tranquila con su familia y, en lugar de serenidad, han cosechado desasosiego».
El médico siquiatra Baltasar Rodero realizó hace tiempo un informe para evaluar los daños morales que sufren los propietarios de la viviendas de Cerrias. La mitad de los afectados sufre, según su estudio, episodios depresivos graves, y casi la otra mitad presenta alguna patología de carácter moderado. «Algunos no es que estén mal, es que están muy mal».
Pero a pesar de esta situación siguen siendo combativos, dice Vilela. «El domingo tuvimos una reunión en Argoños para valorar una marcha a Santander, e intervino a una señora que en pie nos pidió hacer un esfuerzo final y dormir en la calle, si era necesario. Tiene más de 70 años y está luchando contra un cáncer. Es encomiable ¿no?».
Vilela reitera que el Gobierno de Cantabria y los ayuntamientos «tienen la responsabilidad» y «la obligación» de «dar una solución en el menor tiempo posible», y pide a la Justicia que tenga en cuenta su dolor. Y que dé soluciones.