1, 2, 3, 4... Marines americanos, media vuelta! Bahrein. 17.00 horas. Toque de queda. Prohibido reunirse. Los tanques pueblan las calles más céntricas de la capital, Manama. Los militares pasean por las aceras y se mezclan con los habitantes. La estampa es peligrosamente normal. En medio de ese decorado, rueda una bicicleta con colorines chillones. La conduce un ciclista que viste un peto con las piernas y los brazos, a la altura de los hombros, al descubierto. Casco aerodinámico y gafas psicodélicas. Sin duda, rompe llamativamente con el paisaje de semi-guerra civil que ha asolado al país los últimos meses. Se trata de Mikel Calahorra. Un componente del equipo Triatlón Santander que vive en la capital del país árabe. Un triatleta que por motivos profesionales se trasladó el pasado mes de abril al Golfo Pérsico, se instaló en la capital y entrena y comparte sesiones de entrenamiento con algunos de los marines americanos desplazados a la zona en labores de control. «Trabajo para Ibom, una ingeniería. En el área de Industria y energía. En Bahréin se estaba construyendo una acería y el cliente solicitó apoyo y para allá me mandaron», indica el protagonista. Lo que empezó con un viaje terminó con una estancia. «Al principio, cuando llegas, todo es distinto. Militares, controles, toques de queda, pero pronto te das cuenta que a los extranjeros ni les miran. La guerra es entre ellos», añade Calahorra para quién esos primeros días fueron lo más parecido a «estar en otro planeta».
Calahorra compartió sus primeros días con un crisol de culturas. En su trabajo, chinos e indios ganan por goleada. «Unos comen con palos y los otros con las manos, así que también para comer tienes que ponerte las pilas». La gente al pasar le miraba como un 'bicho raro'. Montar en bicicleta por en medio de la ciudad con un tráfico caótico, en medio de un paisaje de camuflaje, tanques y militares era una invitación al riesgo.
«Escribí un email a la Federación de ciclismo de Barhéin. Me contestaron y conocí a un grupo de triatletas que entrenaban juntos. Dos de ellos eran marines que se encontraban destinados a la zona», rememora el improvisado habitante de país árabe. Los primeros días dónde se instaló al llegar fue en un Hotel. «Recuerdo que justo al lado estaba la base de los marines americanos. Sólo controlaban por si había alguna revuelta». Pronto cuajó amistad con su grupo de entrenamiento. «Había un par de ellos que estaban muy mazas y tatuados. Dos eran marines y están preparando el Ironman de Sudáfrica así que hicimos 'migas'». Calahorra cuenta que el calor condiciona la vida y, por supuesto los entrenamientos. «Quedamos a las 5.30 de la mañana. Hay que estar antes de las 9.30 en casa, porque sino el calor te achicharra. Siempre viene un coche por detrás dándonos apoyo, ya que en el desierto no hay fuentes y el agua a los diez minutos está caliente». Hace dos semanas corrió un triatlón al sur de Bahréin. «Había miles de personas. Lo gané y estaban todas las autoridades de la zona. Una pasada. El pistoletazo de salida lo dieron con una pistola de verdad».
Alí, un héroe
La vida en ese país es distinta. Se entra a trabajar a las 6.30 de la mañana. Ya no por el toque de queda, que también, pero a partir de las 20.00 horas es difícil ver pasear a alguien por la calle. El calor, los militares, los turbantes, los cochazos, el caos circulatorio... Y Alí. «Cuando llegué me quedé alucinado. En la prensa local aparecía, un día sí y otro no, Alí en portada. Alí tiene una prensa muy buena. Está bien visto. Allí, en Bahréin, la idea que se tiene es que este señor cogió el Racing y lo ha conseguido levantar». «Aquí siempre se le relaciona con la familia real. De hecho tiene un apellido como ellos, Alcalifa, aunque debe ser tan común como González en España», ironiza este joven aventurero.
Barhéin, según Calahorra es uno de los países de Oriente Medio más liberal. «Por la calle ves a mujeres con burka y sin él. Venden alcohol y cerdo, pero a unos precios prohibitivos». Calahorra, después de buscar una piscina para poder entrenar (la más larga que encontró tenía 12 metros), después de correr entre los habitantes y los tanques. «Hay varias bases militares, pero son de la monarquía. Los marines están en la Avenida Americana, por si acaso. La verdad es que impresiona, pero no hay ningún problema. Hay tolerancia y sobre todo a los extranjeros».
Los componentes del Triatlón Santander mantienen contacto con su 'emigrante'. Calahorra asume el reto de preparar el Ironman de Hawai (octubre) desde el desierto, ya que hasta septiembre, por lo menos, permanecerá en Barhéin. «En la planta trabajas doce horas, pero luego hay tiempo en el que necesitas seguir enganchado a lo que dejas en casa». Internet no está prohibido, pero sí las retransmisiones en directo. «Quise ver el Giro y ya me dijeron que aquí en directo nada». Entrenar a 50 grados de calor y en medio de una guerra le hará más fuerte. «En Hawai pasaré frió», concluye este aventurero.