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Mónaco bendice a sus príncipes

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Mónaco bendice a sus príncipes

Alberto, a diferencia de su padre, aguardó a Charlene en el altar para sellar el enlace

03.07.11 - 00:02 -
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Esperaron los invitados a los novios, a los príncipes Alberto y Charlene, con acordes que en su día compuso Bach. Lo hicieron en el patio de honor del Palacio del Principado, convertido de manera excepcional en una iglesia al aire libre, con mobiliario de la capilla de Palacio, sillas dispuestas en semicírculo frente a la escalera de mármol de Carrara, y una cubierta desplegada para hacerle a los asistentes más soportable el calor. Y esperó Alberto, de 53 años, a su princesa en el altar para darse el sí quiero. Y no sería noticia que el hombre espere a la mujer si no fuera porque hace medio siglo fue la entonces princesa Grace quien aguardó, envuelta en encaje y raso, a Rainiero. Imposible por tanto comparar un momento y otro. Los novios bien que se han encargado de hacer suya su boda.
Cualquier parecido con la de sus padres, pura coincidencia. Distintos escenarios en un Principado tan pequeño. Tanto en la ceremonia civil como en la religiosa. Una puesta en escena que imposible echar la vista atrás. Por mucho que en su día se empeñaron en comparar a Charlene con su suegra, ayer, por si había alguna duda, la ya princesa de Mónaco se encargó de silenciar esas voces. Su vestido en nada se parecía al de Grace, ni en tejidos ni en corte. Dos princesas de dos tiempos unidas por un mismo hombre, Alberto, que ayer lució de blanco, el uniforme de verano de la orden de los carabineros.
Sus altezas Alberto y Charlene de Mónaco se prometieron ante los ojos de Dios fidelidad en las alegrías y en las penas, también amarse todos los días de su vida, apenas 24 horas de unirse en matrimonio civil. Lo hicieron ante el arzobispo de Mónaco y ante representantes de casas reales europeas, nobles y un sinfín de rostros conocidos. 800 invitados a los que se sumaron otros 3.500 monegascos como testigos del enlace. Todo el pueblo bendijo de una forma u otra a sus príncipes.
Seria durante el principio del enlace, se pudo ver a la exnadadora algo más relajada tras la imposición de los anillos, especialmente cuando la soprano sudafricana Pumeza Matshikiza cantó en su honor. No fue el único guiño a la tierra de la princesa Charlene, de 33 años, durante la celebración, en la que los gestos de complicidad de la pareja, con tímidas miradas al principios y beso con el que sellar su matrimonio. Papel protagonista tuvieron en la ceremonia los sobrinos del príncipe Alberto, sobre todo Alejandra y Camila, las hijas pequeñas de las princesas Carolina y Estefanía.
Una vez finalizado el acto religioso, la pareja se dio un nuevo baño popular con un recorrido por lugares emblemáticos del Principado hasta la capilla de Santa Devota en el que la novia depositó su ramo. Lo hicieron en un descapotable, un Lexus LS 600h Landaulet concebido para la ocasión. Tras ese acto, de vuelta a Palacio para agasajar a los invitados con una cena a la que siguió el baile. Y hoy, rumbo a Sudáfrica, a la tierra de la novia, donde los príncipes de Mónaco iniciarán su luna de miel.
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El príncipe Alberto de Mónaco y la princesa Charlene abandonan el Palacio tras la ceremonia religiosa escoltados por sus damas de honor. :: BENOIT TESSIER / EFE

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