«Las redes sociales son sólo herramientas y es el uso que se haga de ellas el que puede ser pernicioso, por ejemplo, el acoso a través de Internet, o 'ciberbullying'». Así opina María García Pérez (Valladolid, 1979), profesora de Teoría de la Educación y Pedagogía Social en la UNED y experta en el impacto de las nuevas tecnologías en la educación, quien participa desde ayer en el curso 'Nuevas oportunidades socioeducativas y comunitarias para menores infractores' que se imparte en la sede de la universidad en Santander.
-¿Son las redes sociales favorecedoras de la comisión de delitos?
-Las redes sociales aportan nuevas oportunidades que no siempre son bien utilizadas. Lo peligroso es cuando desembocan en malos comportamientos, tanto de los menores de edad como de los mayores. Los expertos aseguran que el uso inadecuado de esta nueva realidad tecnológica produce daños cerebrales y casos de adicción.
-¿Qué tipo de delitos son los más comunes?
-Sobre todo el acoso a los menores, el 'ciberbullying', que es un reflejo muchas veces de lo que sucede en la escuela. El 'bullying' ha pegado el salto a Internet. Por supuesto, los daños son fundamentalmente psicológicos. Son casos aislados, pero el hecho de que exista la posibilidad de colgar fotos o vídeos de terceras personas convierte las redes sociales en una fuente de cotilleo en potencia.
-¿Cuál debe ser la conducta de los padres ante el uso que hacen sus hijos de las redes sociales?
-Hay que distinguir, como Marc Prensky, entre nativos e inmigrantes digitales, según se haya nacido a partir de 1980 o antes. Las capacidades de los usuarios de las redes sociales varían según las edades. El problema es que los padres suelen enterarse tarde de lo que hacen sus hijos en Internet, debido sin duda a la falta de destreza en el uso de estas herramientas. Cuando hay delitos de acoso de por medio la respuesta debe ser contundente: padres e hijos deben denunciar el 'ciberbullying'.
-¿Deben los padres vigilar a sus hijos cuando estos se conectan a la Red?
-La libertad es fundamental, pero los padres deben saber en todo momento qué hacen sus hijos menores de edad. Si los niños acceden sin trabas al uso de las nuevas tecnologías pueden encontrarse, por ejemplo, con pedófilos. Por supuesto, existe un conflicto entre el derecho a la intimidad y el deber de los padres de proteger a sus hijos. Hallar la frontera es difícil, pero necesario.
-¿Cómo debe ser la educación que se imparte a los hijos sobre estos temas?
-Ante todo deben existir límites. Los padres, aún sin conocer al detalle el uso de estas herramientas, deben mantener la comunicación con sus hijos y saber dónde están metidos. Al igual que sucedía antes con la televisión y el vídeo. Incluso cuando nuestros padres no dominaban la tecnología, nos establecían límites para su uso. Lo fundamental siempre es mantener abierta la comunicación entre padres e hijos en todos los ámbitos y también para utilizar las redes sociales. Lo natural es que las niños ahora sepan manejar mejor estos instrumentos que sus padres.