Música y poesía, entrelazadas en un singular espectáculo, fueron los materiales que dieron vida a una sólida noche escénica en este aniversario del Festival Internacional de Santander. Con guión del poeta Luis García Montero, la gran Ana Belén y la magnífica pianista Rosa Torres Pardo fueron las protagonistas de la creación de un ámbito sonoro bellísimo en el que las notas de grandes compositores y los versos de los mejores poetas se fundieron en un todo en el que el silencio, los rumores, las ideas y las imágenes crearon un ámbito de fina sensibilidad.
Fueron muchos los momentos luminosos de esta velada especial en la que la Fantasía en la menor de Mozart se fundía con el verso de Luis Cernuda; Cántico con la 'Música Callada' de Federico Mompou, que es la soledad sonora de San Juan de la Cruz; o con la Paloma de Rafael Alberti que el argentino Carlos Guastavino llevó con sapiencia a sus pentagramas. Resultó bellísima la evocación de Chopin con los versos de Alberti, y la conmovedora Nana de Lorca fundida con la de Antón García Abril, mientras que fue impresionante el Lavapiés de García Montero y el de Albéniz, en tanto que el segundo preludio de Gershwin creaba el ambiente parisino que tanto conviene a los versos de Gil de Biedma. El espectáculo, dirigido por José Carlos Plaza, también tenía un hueco para nuestro José Hierro cuyo 'Beethoven ante el televisor' combinado con la Fantasía en Do menor del genio alemán impactó, como lo hizo el portentoso arte de Ana Belén. La actriz y cantante, clara y con énfasis, en todo momento con espléndida declamación, supo sorprender, inquietar y sosegar con su buena proyección vocal, siempre cómplice con el pulcro pianismo de Rosa Torres-Pardo, quien por otra parte estuvo espléndida en los Extractos de la Petrushka de Stravinski y en la Danza húngara de Bela Bartok, del que asimismo tocó su Allegro bárbaro.
Una propuesta medida y ajustada, en la que el piano es sin duda el narrador, envuelta en una atmósfera seductora. Un programa que acaso pide a gritos un mayor protagonismo vocal de Ana Belén que hubiese equilibrado la excelencia expresiva de poemas y partituras.