La familia Crespo-Silván atraviesa una situación muy complicada. Viven en su casa, que ya no es suya, porque se la expropió Fomento hace cinco años, pero de la que no se pueden marchar porque el Ministerio no les paga la indemnización que les debe desde 2006. «Vivimos en tierra de nadie, nuestra casa está pero no existe porque no figura ni en el Registro de la Propiedad», explica apesadumbrada Vanesa Silván, la madre de familia.
Para comprar la casa, en el año 2004, tuvieron que pedir un préstamo hipotecario, por el que tienen que seguir pagando, a pesar de que la vivienda es oficialmente propiedad de Fomento desde hace cinco años, pero de eso, el banco, no quiere saber nada. «El banco nos dio el dinero a nosotros y a nosotros no lo exige. Estamos pagando una hipoteca de una vivienda que es de Fomento».
Más aún. Para la expropiación de la casa se pactó un justiprecio de 360.000 euros que, aunque no se los han pagado, ellos sí tienen que declararlos, como ingreso, a Hacienda, «lo que nos repercute en la declaración de la renta 40.000 euros. Es la ruina», explica.
«Una cosa de locos»
Tampoco pueden buscar otra casa para vivir, ya que el dinero que les adeuda Fomento es el que necesitan para comprar una nueva vivienda. «Es una cosa de locos», afirma, resignada. Y hay más. El tramo de la Ronda Bahía que pasa por delante de su casa, de la que les separan sólo seis metros, está prácticamente finalizado, por lo que temen que pueda ponerse en servicio «en cualquier momento».
Seis metros escasos les separan de la vía rápida, teniendo como única protección una valla de alambre. Tienen miedo por la seguridad de sus hijos pequeños, de 11 y 4 años de edad. Pero no acaban ahí sus desgracias. Las obras de la autovía, que incluyen dos túneles (los que unen Revilla de Camargo con Parbayón), a escasos metros de la vivienda, han producido daños en la estructura, de manera que el firme de la casa se ha hundido unos 15 centímetros. «El interior, está lleno de humedades producidas por el agua que se cuela por las grietas», señala.
Como si el destino quisiera gastarles una broma macabra, su casa, una vivienda rural de 110 metros cuadrados, con una finca de 1.560 metros, está situada en el número 39 de un barrio de Revilla de Camargo que se llama 'A medias'.
Y es que es así como viven Jacinto Crespo Pelayo, encofrador de profesión, su esposa, Vanesa Silván, en paro, y sus dos hijos, Nicolai y Adriana.
«Vivimos en tierra de nadie»
«Estamos desesperados», explica Vanesa, «vivimos desde hace cinco años en tierra de nadie. Ni tenemos casa ni dinero para poder comprar otra y encima, gastos. Nos preocupa el problema de seguridad que supone estar al lado de una vía rápida, casi sin protección, teniendo dos niños pequeños. Así se lo dije a Manuel Domínguez, el encargado en Madrid de las expropiaciones de Fomento, y me contestó que de la seguridad de mis hijos me tenía que ocupar yo».
Muestra una carpeta repleta de escritos dirigidos al Ministerio, intentando cobrar el dinero que les deben, «y siempre me contestan lo mismo: que no hay dinero, y que lo poco que hay es para las obras. Me hablan de, por lo menos, dos años más de espera para pagarnos». El teléfono de su contacto informativo en la delegación del Ministerio de Fomento en Cantabria, César Poyatos, se lo sabe de memoria «de las veces que le llamo. Siempre tenemos la misma respuesta: no hay dinero».
Este periódico recabó información en la delegación de Fomento en Cantabria, sobre el caso de la familia Crespo-Silván, y a través de un portavoz, confirmó que, «en efecto, el dinero se adeuda pero se está tramitando una operación crediticia en Madrid, para pagar la indemnización. Cuando se conceda, se abonará».
Pensaron en no librar la batalla solos y contratar a un abogado que se encargarse de litigar con el Ministerio, «pero nos cobran el 10% de lo que tenemos que percibir, 36.000 euros, y no lo podemos pagar».
De toda la cantidad que se les adeuda sólo han recibido diez mil euros «que nos dieron como señal al ocupar nuestra propiedad. Desde entonces no hemos recibido ni un euro, todo lo contrario, ya que para que nuestros hijos vivan en una casa decente, procuramos tenerla bien. Las ropas se destrozan por las humedades. Vivimos en unas condiciones lamentables», se queja esta vecina de Revilla.
Recuerda «la ilusión» con la que compraron su casa a finales de 2003, «lo que nos costó conseguir la hipoteca» y que cuando llevaban viviendo poco más de un año «y nos sentíamos felices, nos llegó el mazazo de la expropiación. Intentamos conformarnos pensando que con el dinero podríamos comprar otra casa pero no tenemos nada. Estamos desesperados».