Santander y Cantabria conocieron un momento de esplendor económico a finales del siglo XIX y comienzos del XX debido, de manera muy principal, al comercio con Iberoamérica en general, y con Cuba y Méjico en particular. Las casas de indianos, configuran de manera muy característica la morfología urbana de las ciudades y pueblos de la región, ya sean los viejos palacios de los siglos XVI a XVIII pertenecientes a funcionarios más o menos relevantes de la Administración de las Indias, ya sean las casonas de los emigrantes enriquecidos que quisieron dar testimonio de ello en sus lugares de origen, donde también financiaron iglesias, escuelas y hospitales. Las empresas españolas más importantes que tuvieron el acierto estratégico de internacionalizarse en los años 90 y comienzos del milenio, lo hicieron principalmente en el área iberoamericana, que tiene unos 500 millones de habitantes y donde la crisis económica (lamentablemente solo en el otro lado del Atlántico) fue superada hace ya tiempo. Un crecimiento por encima del 5 por ciento de media posibilita que una parte importante del beneficio de estas empresas se obtenga en Brasil, Méjico, Chile o Perú. Al mismo tiempo, esta expansión empresarial refuerza y prestigia el viejo vínculo trasatlántico, y lo amplia superando la división establecida por el Tratado de Tordesillas entre las tierras descubiertas por la Corona de Castilla y aquellas que corresponderían al reino portugués. Se da paso de este modo al concepto de Iberoamérica: España, Portugal y las que fueron sus colonias, concepto impulsado también políticamente a través de las cumbres iberoamericanas y mediante la creación de la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB) dirigida desde Madrid por el uruguayo Enrique Iglesias. Es también, y muy señaladamente, el caso del Banco Santander, que en el último ejercicio tuvo en Brasil el 25 % de sus beneficios y un 13% más en los restantes países iberoamericanos sin contar España.
Hace unos días ha tenido lugar la presentación del Centro de Arte Botín en la sede santanderina de la Fundación Marcelino Botín. Ante la oportunidad indudable que representa para Santander y Cantabria el contar con Renzo Piano, uno de los mejores arquitectos del mundo, que desarrollará su proyecto en el delicado y maravilloso emplazamiento que la ciudad le puede ofrecer, producto de la reforma del frente marítimo, y la extraordinaria singularidad de contar en estos tiempos de crisis con una financiación garantizada por el mecenazgo de la citada Fundación, se suscita la reflexión de que esta fantástica oportunidad de excelencia, modernización e internacionalización de la ciudad, quizá debiera considerar en cuanto a sus contenidos, el mundo del arte iberoamericano como un elemento esencial. Que los brasileños o mejicanos que vienen a Europa sepan que tienen que programar su viaje con una escala en Santander para visitar el Centro de Arte Botín, porque allí están expuestas las mejores obras del arte contemporáneo de sus países. Que los coleccionistas de arte argentinos o chilenos sepan que sus colecciones más excepcionales deben ser vistas en exposiciones temporales en el Centro Botín, que se convertiría así en el Centro Mundial de referencia para el Arte Iberoamericano, constituiría sin duda también un elemento de atracción para el turismo artístico europeo o asiático.
Se ha informado que la presentación de lo relativo a los contenidos del nuevo Centro de Arte se realizará a primeros de octubre, y que tal responsabilidad corre a cargo de una comisión compuesta por personas que gozan de una gran reputación en el ámbito artístico internacional , encabezada por Vicente Todolí exdirector de la Tate Modern.
No pretende este artículo explicar lo que tienen que hacer a muy cualificados profesionales, pero si recordar la exitosa actuación de muchos de nuestros empresarios, banqueros, constructores y editores, que aprovecharon la existencia de una muy amplia y pujante comunidad iberoamericana, al mismo tiempo que han tejido con su actividad nuevos hilos que refuerzan su urdimbre.
Con el elogio de la trayectoria americana de quienes son continuadores de esa tradición montañesa de relacionarse con América, debemos reiterar que, acaso también en el terreno del arte, pudieran explorarse exitosamente y ampliarse los horizontes de esa viva y pujante comunidad trasatlántica.