Nada más entrar, se ve la marca de las voraces termitas en la escalera de madera que asciende al primer piso. Una vez arriba, y habitación tras habitación, el recorrido parece una broma, la casa del terror de una feria abandonada, más que un solemne edificio consistorial construido en el año 1900: goteras, humedades, escombros, paredes desconchadas, escalones inclinados, techos desplomados y un hedor a podredumbre insoportable en algunas estancias. Solo el salón de plenos, cuyo techo se derrumbó en 2009, sigue en uso parcialmente, gracias a unos pequeños parches para celebrar las sesiones relevantes y soltar el chupinazo en las fiestas. Pero incluso entonces una cinta policial delimita dónde se puede pisar y dónde no.
Ampuero es un pueblo, pero no un pueblo pequeño: ronda los 4.200 habitantes. Con esas dimensiones, resulta inexplicable cómo su Casa Consistorial, un edificio que debería ser de servicio diario y ajetreado, puede seguir en ese estado, amenazando con ruina cada día que pasa. Lleva así desde hace una década, tanto tiempo, que el alcalde y sus funcionarios no logran determinar una fecha exacta sobre cuándo se empezó a reclamar la reforma.
Vieja reivindicación
Afortunadamente, las hemerotecas son tozudas, y señalan que ya hubo un primer proyecto de rehabilitación en 2003, al que sustituyó otro en 2005. Los años continuaron, como la promesa de diversos responsables del Gobierno de Cantabria sobre las obras. Pero nada, olvido. En octubre de 2009, el inmueble construido por Emilio de la Torriente hace 111 años fue desalojado. Y sus dependencias, trasladadas, o más bien hacinadas, en la Casa de Cultura, donde la administración local atiende como puede desde entonces a sus vecinos. Los Servicios Sociales fueron llevados al edifico de UGT porque no cabían.
Ese panorama puede cambiar ahora. La Consejería de Obras Públicas sacó a concurso en abril un nuevo proyecto de reconstrucción integral, elaborado por el arquitecto Jaime Pérez, y en cuya primera fase de obras invertiría 1,3 millones de euros. «Esa primera fase arreglaría la estructura del edificio, y acondicionaría la planta baja y la primera planta», explica el regidor, Patricio Martínez, del PP y en el cargo desde mayo.
Amplia actuación
Los planos dibujan salas y despachos, espacios para la Policía Local y para el Juzgado de Paz y, lógicamente, áreas de atención al ciudadano adecuadas. «Es sonrojante cómo estamos», lamenta el alcalde sobre las instalaciones donde provisionalmente se recibe al público, y donde trabajan hasta 20 personas.
No solo sufren los vivos. El Archivo Municipal, miles de legajos con la historia de la localidad, con propiedades, lindes, censos y matrimonios, aguarda dentro de la destartalada Casa Consistorial porque no hay otro lugar donde ubicarlo mientras tanto. Pasan los años. Los funcionarios han buscado las salas menos deterioradas, para minimizar el mal, para proteger los documentos dentro de esta especie de Casa Usher que, de seguir así, acabará tragándose todo cuanto contiene. Incluidas las bicicletas municipales que se almacenan a la entrada, o las decenas de cajas con todo tipo de bártulos.
Pero Martínez confía en que el cambio de Gobierno regional empuje sus obras, a pesar de la crisis y aunque la segunda fase (la transformación de la segunda planta en sala de exposiciones) quede aplazada sin fecha concreta. Se conforma con lo urgente, que aún así llevará su tiempo: «El plazo marcado para la primera fase es de 20 meses», a contar desde el inicio de las obras. «Casi tres años en total», calcula el regidor.
Lo dice rodeado de cubos para las goteras y bajo un techo lleno de agujeros, en realidad pinchazos realizados para liberar el agua de las lluvias que se acumula en la cubierta. Una humedad que, por doquier, amenaza con tirarlo todo abajo.