Desde que el árbitro pitó el final del partido ante el Logroñés no ha habido un minuto de calma. Tampoco la hubo durante un partido que mostró la peor cara sobre el césped de la Gimnástica y que ha dejado poso en forma de enfados -algunos futbolistas se molestaron por las críticas recibidas tras el varapalo- y hasta una multa por alteración del orden en el campo al escupir un grupo de aficionados al colegiado. Una tarde social y deportiva para olvidar y de la que conviene pasar página cuanto antes. Hoy, ante el Lemona, los cántabros tienen la oportunidad de hacerlo. Victoria necesaria en la tabla y en el ambiente. Un respiro para Gómez, la directiva, los futbolistas y el contexto gimnástico en general. Ganar para no echar más leña al fuego.
Raro ha sido el día durante la semana en que no ha habido cierta inquietud. En el ambiente gimnástico han reaparecido viejos fantasmas y, entre todos, con fuerza, el repetitivo eco que habla de una inexistente relación -o, al menos, nada cordial- entre el entrenador y la junta directiva. Para evitar que se encendiese la mecha de ese polvorín, tan propenso a estallar en cuanto el rumbo se tuerce, los dirigentes del club acudieron al entrenamiento el pasado lunes para apoyar con su presencia a los jugadores y al cuerpo técnico. No era cuestión de dramatizar, más que nada porque el equipo ocupa la zona media de la tabla y la liga apenas acaba de iniciarse. Y como, además, se había vuelto a remover el tema de los presuntos desencuentros entre el de Cabezón y los dirigentes, José Gómez y el presidente Pablo Sámano mantuvieron, al día siguiente, otra reunión. Un encuentro cordial con el propósito de encauzar las aguas revueltas y afrontar 'temas internos del club' como la preocupación por el estado de la plantilla o el desembarco de Raúl Val como segundo entrenador, algo que sucedió dos días después. No ocultaron, sin embargo, esos problemas y rumores de fondo. «El tema se comenzó a hablar por cosas que dice la gente en la calle», coincideron en señalar. Para que el discurso sea más creíble y para no alimentar las heridas, el mejor bálsamo son las victorias. El míster lo sabe.
Peligrosa costumbre
Hay una inclinación peligrosa en esta Gimnástica más o menos cumplidora en lo que a la tabla se refiere. El equipo, en cuanto los resultados no acompañan, tiene una tendencia a la autodestrucción. La derrota contundente del pasado fin de semana hizo daño. En el vestuario escoció el resultado abultado y la forma. Tardó en digerirse la crítica. Pero eso tiene hoy la oportunidad de invertirse. El cuadro cántabro está herido de orgullo y ese tipo de cosas deben transmitirse sobre el campo. Los futbolistas ya han dado muestra de que su nivel en la categoría puede ser alto. Se trata de recuperarlo y de regresar a la calma.
Por eso, en la semana de entrenamientos (y también en las reuniones en los despachos y en la actividad del club) se ha buscado trabajar con intensidad y, sobre todo, con mano izquierda. El aspecto psicológico ha estado muy presente en el vestuario, además de la técnica, la táctica o, por ejemplo, la mejor forma para la sustitución de los futbolistas sancionados tras la debacle de Santa Ana (algo que tampoco debe repetirse). Llamamientos a la calma, la llegada de un segundo entrenador... Todo encaminado a reforzar la calma. Y es que, con la paz social, llegará la paz deportiva. Tras sufrir dos derrotas consecutivas que han hecho a la Gimnástica caer en la clasificación hasta la mitad de la tabla, ahora es el momento de regresar, por la vía del triunfo, hacia los puestos altos. Eso terminará con los rumores con más rapidez que cualquier discurso.