Lleva una gran parte de su vida adulta vinculado con movimientos que buscan rescatar al cántabro del olvido. Emiliano Rodríguez de 48 años y tres hijos es propietario de la 'Taberna-Restaurante Trescaños' de Comillas y uno de los alumnos que ha finalizado el ciclo de seis años del curso de cántabro organizado por la asociación 'Acurrie Pola Lingua'. En su discurso se mezcla la vocación por extender este 'idioma' con la defensa del «patrimonio lingüístico de Cantabria». Se trata, pues, de un 'cántabroparlante' diplomado.
-¿Prefiere que hagamos la entrevista en cántabro?
-No, no. Mejor en castellano.
-¿Cómo se animó a participar en el curso?
-Siempre he tenido muchas inquietudes acerca de la cultura de Cantabria. Todo lo que supone la defensa de nuestra propia identidad siempre me ha interesado. Y he estado muy vinculado al cántabro. Así que, cuando comenzaron los cursos en Torrelavega me animé sin dudarlo un instante.
-¿De dónde le surgió la pasión por este 'idioma'?
-Yo participé hace muchos años en las iniciativas de la asociación 'Montañes abora', también en Torrelavega. Ahí comenzó a investigarse sobre el cántabro. Colaboré durante los años 80 y 90, durante sus primeros encuentros.
-¿Cómo es un día cualquiera en el curso?
-Como el del aprendizaje de cualquier otro 'idioma'. Lo que pasa es que, como para el cántabro no existen métodos ni libros de enseñanza, se empieza con asuntos relacionados con el hogar, o los trabajos en el campo y en la mar.
-Usted completó los seis años del curso. ¿Sería capaz de mantener una conversación en cántabro?
-Bueno, me cuesta un poco. No con mucha fluidez. Así que debo pararme a pensar un poco. El hecho de que no existan medios de comunicación (radios y televisión) en cántabro, desde los que absorber la información en este 'idioma', hace que cueste más.
-En su día a día en Comillas, ¿tiene ocasión de practicar el 'idioma' con algún vecino?
-En el local, no. El restaurante sólo funciona como tal durante el verano. El resto del año hace las veces de taberna, donde tengo colgados muchos carteles sobre este 'idioma'. Y en la época estival, suelo escribir los menús y la denominación de los platos que servimos en cántabro.
-¿Sigue en contacto con sus compañeros del curso?
-Nos vemos los sábados en clase. Lo que sí vemos es que hay mucha inquietud y está creciendo el interés por el cántabro. Esperemos que salgan más escuelas por ahí.
-¿C0n sus hijos comparte su conocimiento del cántabro?
-Bueno, son pequeños. Aunque les hablo mucho de ello y de la historia de Cantabria. Le enseño palabras y expresiones. De hecho, hoy la menor, que tiene nueve años, ha hecho un trabajo en el colegio sobre Halloween, y yo le he hablado de la variante cántabra: La Noche de los Difuntos.
-¿Cómo animaría a alguien que quisiera apuntarse al curso?
-Más que animar, lo que haría es intentar hacer entender a la gente que se trata de nuestro patrimonio lingüístico. Debemos protegerlo, al igual que nos gusta conservar la gastronomía, los monumentos y los paisajes.
-¿Puede despedirse en cántabro?
-Por supuesto: 'Dendi Comillas aina jastasiempri', que significa: 'Desde Comillas, hasta siempre'.