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Vicente Molina Foix y el cuento novelesco

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Vicente Molina Foix y el cuento novelesco

En 'El hombre que vendió su propia cama' el autor ilicitano continúa con la narrativa breve y rinde un homenaje a Henry James

25.11.11 - 00:09 -
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En los últimos años Vicente Molina Foix ha dejado aparcada su faceta de novelista para dedicarse al cultivo de la distancia corta del relato. Sus primeros pasos conocidos como cuentista los había dado en 1989 con su participación en una antología de varios autores titulada 'Cuentos de terror' (Ed. Grijalbo) con un relato -'El niño con orejas'- que dos años después daría nombre a un breve volumen editado por la Biblioteca de El Sol. Pero cuando se volcó en la narrativa breve fue en 2009 con un libro - 'Con tal de no morir' (Ed. Anagrama)- que ya definía muy nítidamente un estilo y un mundo temático marcados fuertemente por lo cotidiano y, acaso por esa misma razón, próximos al arte de la novela.
'El hombre que vendió su propia cama', su nuevo libro de cuentos, confirma esa línea narrativa, como nos lo advierte explícitamente el título, que pertenece a la última de las prosas de la colección. Nada más cotidiano que lo doméstico y nada más doméstico que los muebles, la cama en este caso; un armatoste art decó de fabricación alemana que los antecesores del protagonista adquirieron en plenas vísperas de la Guerra Civil española y que, tras una serie de avatares familiares, acabó en sus manos que, ahora, en el tiempo del relato, tratan de desprenderse como de una engorrosa carga. En éste, como en los otros ocho cuentos que conforman el volumen, se aprecia ese tono novelístico que ya se acusaba de modo llamativo en su anterior entrega y en el pacto fáustico que Diego Núñez, el héroe del cuento principal, un extravagante catedrático, establecía con el demonio. En realidad aquella pieza sintetizaba muy bien la poética narrativa de Molina Foix en la que lo cómico se combina con lo trágico y lo cotidiano con la extraordinario y sorprendente. Si aquel profesor de 'Con tal de no morir' estaba lleno de rarezas, en esta ocasión lo rutinario, vulgar y cercano -la cama- se encuentra con la excepcionalidad de una situación en la que ésta es puesta y expuesta a la venta.
Dividida la obra en dos partes, la primera de ellas se abre con 'El cuento de Gogol', un texto en el que la pasión del héroe por la literatura rusa se mezcla con las crisis y los problemas matrimoniales, así como se cierra con 'A su edad', cuento en el que un cincuentón comienza a observar las primeras goteras en su salud y se topa con la realidad cruda del universo laboral pasando del descubrimiento de una hernia de hiato a la cuestión de las prejubilaciones y los despidos, o sea a una cotidianidad fea en la que el amor trata de ser un ilusionante contrapunto. De ese bloque es particularmente destacable 'La ciudad dormitorio', en el que Sixto, el protagonista, es capaz de conmoverse con el olor del perfume que impregna la rebeca azul que lleva una muchacha con la cual coincide en el tren en el trayecto que repite hacia su trabajo desde el feo barrio donde tiene su domicilio.
Lo cotidiano se cuela, huele, se respira en estos textos no sólo por la temática sino por el tono con el que se hallan escritos, por la forma natural que tiene el narrador de aludir a referencias cercanas y reconocibles de la vida española. Los protagonistas de Vicente Molina Foix ven de pronto una película de Telecinco o van a un consultorio de un médico de la Mutua. Curiosamente, estas invocaciones no le dan a sus historias en ningún momento un típico cariz costumbrista porque este autor narra con el alma puesta en otra parte que no es la realidad reconocible a la que alude.
La segunda parte del libro no se titula 'A partir de James' por un puro capricho sino porque sus cuatro relatos están inspirados en unas anotaciones que hacía el escritor norteamericano al planear los argumentos de sus novelas y que no solía utilizar. Dichas anotaciones aparecen con sus respectivas fechas al final de cada uno de los textos de ficción que el autor desarrolla a partir de ellas. Aunque éstos tengan algo de inevitables ejercicios de estilo gracias al método creativo que el escritor emplea, quizá sea la naturaleza novelesca de las fuentes de inspiración la que hace que se imponga en ellos más que nunca el relajado tono de la novela a lo cual contribuye la fórmula coral o polifónica que usa en algunos de ellos como es el caso del que cierra este segundo bloque, 'El hombre que vendió su propia cama', o de 'La segunda boda', que es el que lo abre y que relata una historia de amor entre dos profesores ingleses.
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