De escritores a libreros

Escritores, arquitectos, poetas y editores se convirtieron en asesores para celebrar el Día de las Librerías en Gil La cultura cántabra 'vende' por unas horas sus títulos predilectos

MARTA SAN MIGUELSANTANDER.
Nacho Noguer, Juan Antonio González Fuentes, Paz Colvé, Domingo de la Lastra, Javier Menéndez Llamazares y Toño Buenaga, ayer en Gil. :                            :                             D. PEDRIZA/
Nacho Noguer, Juan Antonio González Fuentes, Paz Colvé, Domingo de la Lastra, Javier Menéndez Llamazares y Toño Buenaga, ayer en Gil. : : D. PEDRIZA

'Stoner' es un libro secreto. De esos raros, que apenas nadie conoce, con una portada de colores chirriantes diseñado por una editorial que dista mucho de ser mayoritaria. Probablemente nos encontremos ante uno de los fenómenos literarios del año. Perdido sobre una superficie donde cohabitan cientos de títulos, la obra de un desconocido John Williams se eleva hasta las manos de varios lectores que ayer decidieron llevárselo a su casa. No es un best seller, ni tampoco una novela histórica de tapa dura y promoción deslumbrante. Es tan sólo una «grandísima novela» que recomendó ayer el poeta Juan Antonio González Fuentes. Él fue ayer uno de los muchos representantes de la cultura de Cantabria que, durante unas horas, se convirtieron en libreros en Gil, el espacio de la Plaza de Pombo que con esta iniciativa celebraba el Día de las Librerías. La jornada se conmemoró por primera vez en España y a ella se sumaron una treintena de establecimientos en la región.

La «satisfacción» de González Fuentes fue la nota de su primera experiencia como librero: «Ha sido fantástico, tenía ganas de recomendar 'Stoner' y he conseguido venderlo. Es una satisfacción porque sé que alguien va a ser feliz leyéndolo». Ese componente de descubrimiento, el brillo de los hallazgos entre las tapas de los libros es lo que impera para el arquitecto Domingo de la Lastra: «La librería es un buen lugar donde investigar, encontrar y descubrir un camino por el que aprender», reconocía ayer ataviado con la camiseta y la chapa que la responsable de la librería santanderina, Paz Gil, entregó a sus 'nuevos libreros' voluntarios como Jesús Ortíz, de la editorial Milrazones, el poeta Alberto Santamaría o Toño Buenaga, de la Fundación Botín.

«Mi recomendación ha sido 'El intendente Sansho', de Ogai Mori, un libro que no conocía pero que he descubierto al leer su contraportada». Ese fue su hallazgo: «Los relatos del último samurái escritor». El escritor Javier Menéndez Llamazares, en cambio, se revuelve si tiene que recomendar «sólo un libro». Sus propuestas van desde los 'Apuntes de medicina interna', José Manuel de la Huerga, y 'Tangram', de Juan Carlos Márquez, a la edición revisada «sin lo pasajes más ásperos» de 'En el nombre de la Rosa' para aquellos amantes del best seller histórico. Porque el librero, si hay algo que debe tener, además de buen gusto, es un sexto sentido: reconocer las preferencias de los clientes y afinar el tiro entre la marabunta de títulos.

«Al cliente le preguntaría cuáles son sus gustos y en función de ello le recomendaría varios», dice Paz Colvé, saboreando los nombres de sus autores preferidos para compartirlos con el primer cliente que se le acerque. Una buena costumbre la de compartir, una forma de vincular.

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