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Los techos de Santander

La torre Feygón y el número 46 de la calle Alta, los edificios más altos de la capital

04.12.11 - 00:12 -
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Los techos de Santander
Foto: Andrés Fernández.
Desde la azotea, la S-20 parece una lengua que se extiende hasta el horizonte. Dicen en el vecindario que los pisos más altos se 'menean' cuando el viento aprieta. De la Punta de Ajo a las torres del Hotel Real. Del green de un hoyo de Mataleñas a la iglesia de los Salesianos. Se ve el -últimamente polémico- palco de El Sardinero. «Y, antes, desde el edificio que está ahí, más abajo, se veía el campo antiguo entero». En el número uno de Rubén Darío está la 'terraza de Santander'. Es el edificio más alto de la capital, el techo urbanístico de una ciudad más bien bajita, chata. Pero la Torre de Feygón gana, literalmente, 'por un pelo'. De hecho, en realidad, es un empate técnico con el número 46 de la calle Alta. La moderna máquina de mediciones marca un 51,4 metros para cada uno, pero separa su techo en cinco insignificantes milímetros. Se trata del primer estudio 'de altura' que se hace. Había referencias en base a las plantas de cada construcción, pero nada concreto en cuanto a metros. El Diario Montañés, con la ayuda del Grupo de Tecnología de la Edificación de la Universidad de Cantabria y la empresa Gim Geomatics, responde a una de esas preguntas que animan los debates de los curiosos: ¿Cuál es el edificio más alto de Santander?
Los años setenta sirvieron para mirar alto. Casi todos los edificios son de esa época. Feygón -el que gana- es una torre de aspecto vertical y ángulos rectos. Rectangular y clara, asoma su cabeza desde la distancia, sin competidores a la vista. Su 'rival' está lejos y parece escondido. El 46 del Alta (portales 'A', 'B' y 'C'), de entrada, no se muestra. Es necesario cambiar de acera para ver su auténtica magnitud. Porque de un bloque que no destaca sobre bajos comerciales, surge otro y otro más hasta alcanzar sus más de 51 metros. Algo parecido a lo que ocurre con los números 49 y 51 de la calle Vargas, justo al lado del edificio de los Ministerios. También pasa de los 51 a base de torres 'interiores'. Gana el portal con número más bajo porque el suelo está ligeramente inclinado. Unos centímetros marcan la diferencia.
Son los tres primeros. Los 'colosos' de hormigón y metal de una ciudad con vértigo a las alturas. El Hospital Cantabria -la Residencia- llega hasta unos 48 metros que le permiten adelantarse a la 'tanda' de edificios de Cazoña. Ésta es la zona alta de Santander. Los números 9, 11 y 13 de la calle Leonardo Torres Quevedo parecen un podio. 'Tres Mares', 'Dobra' e 'Ibio' son tres edificios que recogen sus medallas de altura bajo la atenta mirada del 'Santillana' (38,46 metros), el 'Verdesol' (37,866) o el 'Pleamar' (37,582), competidores inamovibles pero más bajitos calle arriba y calle abajo.
A estos tres últimos también les gana la Torre de Miranda (la dirección exacta es Canalejas, 89), con 38,648 metros y un curioso piso ciego casi en lo más alto. Con este singular edificio se acrecienta una idea de perspectiva que hace que Santander tenga 'truco'. Al igual que sucede con el hospital, se sitúa en una zona ya de por sí elevada. Por eso, fruto de ese efecto 'grandioso', muchos ciudadanos le dan un galardón que le viene un poco grande.
El parámetro
Y es que la clave para que el estudio permita las comparaciones es un parámetro idéntico a la hora de medir. «Esto es como aquella película de 'El inglés que subió una colina pero bajó una montaña'», explica gráficamente Vicente Bayarri, el experto de la empresa Gin Geomatics, mientras carga el equipo en la furgoneta junto a su socio Jesús Herrera.
La ciudad no lo pone fácil. Los edificios están construidos sobre laderas, en cuesta o con fachadas que dan a dos calles y que muestran diferentes alturas. Además, algunos son bloques y no torres individuales con espacio a su alrededor. Asesorados por Luis Villegas, el director del Grupo de Tecnología de la Edificación de la UC, se opta por tomar como referencia la distancia entre la rasante (marcada por la línea del portal) y la azotea. Es lo más fiable. Se dejan fuera, de entrada, antenas, chimeneas o casetones en las azoteas (salvo que pertenezcan a la propia estructura de la construcción). También aquellas partes 'visibles' (en superficie) de garajes o sótanos que quedan al descubierto sólo puntualmente en algún lado del edificio (en otro están bajo tierra, cubiertos). Este segundo aspecto es muy común en Santander y puede alcanzar alturas de hasta 7,95 metros, como en el número dos de Ramón Menéndez Pidal, en lo alto de una empinada cuesta. Aparentemente es un edificio que no destaca. Uno más de su zona. Pero tiene dos 'caras' muy distintas según se mire de frente o desde la parte de atrás (de 35 metros a 43). También la torre de Miranda tiene 'coletilla'. En este caso de 6,78 metros y visible desde el arranque de Tetuán.
¿Y cómo se mide? Los especialistas usan un láser escáner en tres dimensiones. La máquina, montada sobre un trípode, pone su 'ojo' sobre todo lo que detecta en 360 grados a través de la proyección de un rayo sobre un espejo. «Con un puntero láser uno toma la referencia de dos puntos y puede medir la distancia entre ellos. Esto puede tomar hasta 42 millones de puntos en un segundo», explica Bayarri. Les costó unos 100.000 euros hace unos cinco años y ya le han actualizado 'las tripas' un par de veces.
O sea, que Bayarri y Herrera se colocan ante el edificio, montan el equipo y comienzan a tomar referencias. Muy rápido. En una mañana midieron hasta doce aspirantes a coloso. «¿Sois de Google?», les preguntan con frecuencia. También el día elegido para tomar medidas a Santander. La máquina despierta la curiosidad. «Hacemos algo así como 'ingeniería inversa'. Lo normal es tener unos planos para montar el edificio. Con este aparato, tomamos las referencias de algo que ya existe y podemos establecer los planos». Cuevas, iglesias... Ya han medido casi todo. Al final del día tienen las alturas, pero también disgregan los 'apartes'. Chimeneas, casetones externos, subterráneos...
«Pues no pensé yo que éste era el más alto», comentan en el portal de la torre de Feygón cuando el fotógrafo y el redactor de El Diario se dirigen a la azotea. «El viento que más se nota es el que viene del oeste. La vaguada de Las Llamas lo encañona hacia aquí y pega fuerte...», dicen. Es un día soleado y la vista encuentra motivos para jugar. Hay cables, chimeneas mucho más grandes de lo que parecen desde abajo y antenas. «Resisten bien, no hay problema». Pero el espectáculo está a la vista en forma de ciudad. Ni siquiera el vértigo puede con la curiosidad. Es Santander a 51,44 metros.
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