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«Alpinistas buenos hay muchos, personas auténticas, menos»

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«Alpinistas buenos hay muchos, personas auténticas, menos»

18.01.12 - 01:16 -
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«Alpinistas buenos hay muchos, personas auténticas, menos»
Jorge Egocheaga, ayer en Santander, antes de pronunciar su conferencia 'Ahora ya para siempre'. Foto: Daniel Pedriza.
Afirma Jorge Egocheaga (Oviedo, 1968) que su corazón se debate entre dos pasiones: la medicina y la montaña. Ajeno a los ecos mediáticos de quienes han hecho del alpinismo una profesión, este asturiano –que considera su labor «una fuerza» frente a la cual no quiere ni pretende luchar–, prefiere continuar con esta forma de vida desde el silencio y el anonimato. Egocheaga, que ha ascendido doce de los catorce ‘ochomiles’ (las cimas más altas del mundo), se gana el pan como especialista en medicina deportiva e impartiendo clases en la Universidad. Sus gestas no le han salido gratis. Un pedazo de sí quedó en aquellas montañas, junto a sus amigos y colegas que no pudieron volver a casa. La amistad y el amor; la aventura y la «autenticidad» de la vida en su estado más puro fueron algunos de los temas que abordó ayer Egocheaga en el Casyc Up de la calle Tantín, durante su conferencia ‘Ahora ya para siempre’; un relato sobre su experiencia de la primavera pasada en el Makalu, en el Himalaya. Y un homenaje a Joëlle Brupbacher, su compañera fallecida durante el descenso de esta mítica montaña.
– En una cariñosa carta de despedida a Iñaki Ochoa (fallecido en el Annapurna en 2008), usted afirma que su apuesta por la montaña pasa por rechazar «el mundo virtual que pretenden endosarnos».
– El montañismo es, en realidad, una parte más de la vida y está abierta a múltiples facetas. Dentro de la montaña nos podemos encontrar con muchísimas vertientes, variables y caminos. Y el mío va en la búsqueda de una libertad, sobre todo, interior. Y no es que rechace la sociedad en la que vivo, pero desde luego, me encuentro bastante incómodo en ella.
– En pocas actividades humanas la muerte, o su posibilidad, está tan presente como en la alta montaña. ¿Se afronta de manera diferente un deporte cuando ejercerlo trae consigo la posibilidad de no volver a casa?
– Yo siempre digo que la montaña y, sobre todo, la alta montaña, no es un deporte en sí mismo, sino una forma de vida. Desde luego, yo cada vez que voy a una montaña de estas características sé que puedo no volver, pero forma parte de mi libertad de escoger.
– ¿Alguna vez, tras la muerte de algún compañero ha pensado: «Hasta aquí; lo dejo»?
– Sí, cuando en una expedición en el año 2003 murió uno de mis mejores amigos, José Buenaga, y mi chica, Nancy (Silvestrini ). Pero me duró lo que tardé en volver a una ciudad. En el momento en que aterricé, supe que no lo podía dejar porque forma parte de mí. Desde que tengo uso de razón –además sin antecedentes familiares, ni de ningún tipo–, la montaña me ha atraído con una fuerza frente a la cual ni quiero, ni pretendo luchar.
– Usted se ha quejado del ‘circo’ en el que se ha convertido la alta montaña a nivel mediático. ¿Considera que se está frivolizando la labor de los alpinistas?
– Sí, totalmente. Yo creo que el problema de la alta montaña hoy en día y, sobre todo, del círculo de los 'ochomiles', es que ha entrado el dinero. Y el dinero, bajo mi punto de vista es como el poder: lo corrompe todo.
– Es conocida su reserva a la hora de salir en los medios de comunicación y a impartir charlas. ¿La búsqueda de la soledad es un aspecto que se encuentra intrínsecamente ligado al deporte que realiza?
– Sí, me gusta estar solo. Y, si por mí fuese, me gustaría pasar lo más desapercibido posible. Pero yo comprendo también que los medios de comunicación tenéis vuestro trabajo e intento ser lo más educado y colaborador posible, aunque me cueste, lo reconozco.
– Usted lleva a gala prescindir en la medida de lo posible de los patrocinadores.
– Desde hace unos años recibo ayuda de Cajastur y estoy muy agradecido porque no quieren imponerme absolutamente nada. Mi filosofía es que nadie me imponga nada. Yo quiero ir a la montaña con una libertad absoluta de acción. Y este espónsor me permite eso. Me da libertad absoluta. Y no me pide a cambio ninguna mediatización de la actividad salvo, posiblemente, un libro que escribí y este tipo de charlas. Yo no me cierro a ninguna colaboración, siempre y cuando se me respete.
– Uno de sus ídolos fue el fallecido Erhard Loretan. ¿Qué otros alpinistas han sido referentes para usted?
– Sin duda, Erhard Loretan fue la persona en la cual me intenté siempre reflejar. Entre otras cosas, porque lo conocí personalmente. Y no sólo como alpinista, que era un auténtico fuera de serie, sino también como persona, por su simplicidad y autenticidad. Alpinistas buenos hay muchos, personas auténticas hay menos.
– ¿Cómo es el entrenamiento diario de un alpinista?
– Yo me preparo, siempre lo digo, con la vida diaria. Intento llevar una vida lo más simple y austera posible. Para mí, ése es el mejor entrenamiento: la austeridad.
– ¿Pasa miedo cuando afronta una expedición?
– Sí, desde luego que lo paso. Y, de hecho, yo creo que uno de los objetivos de ir a estas montañas es, teniendo mucho miedo, vencerlo o ser capaz de controlarlo.
– ¿Es usted enemigo de las cuerdas fijas?
– Las cuerdas fijas las tiene que poner alguien. Y, desde luego, hay determinadas montañas donde tienes que colocarlas para asegurar el descenso. Incluso, en muchas ocasiones, aun colocando cuerdas fijas, como nos sucedió la pasada primavera en el Makalu, el descenso conlleva una tragedia. No me cierro a nada; intento siempre hacer las cosas con la mayor pureza posible, pero tampoco soy un suicida. Trato siempre de buscar una salida gestionada o segura.
– Usted ha afirmado que, algunas veces, no ha disfrutado de hacer cima porque está pensando que tiene que bajar después.
– Sí, las cimas las he disfrutado muy pocas veces. En realidad, la cima está en el campo base. Es decir, cuando bajas. Y la mayoría de los accidentes se producen en los descensos. Porque uno está ya muy cansado y pierde la concentración. Para mí, la culminación no es llegar arriba, sino volver abajo.
– ¿Cómo es la relación con los sherpas durante una expedición?
– Yo, salvo cuando subí al Everest, nunca he escalado con sherpas directamente. Pero sí, indirectamente. Y me encanta la relación con ellos porque creo que son los verdaderos escaladores del Himalaya. Sin sherpas el 99% de los montañeros no haríamos nada. Yo trato de aprender siempre de ellos porque a mí me motivan especialmente; mucho más que los alpinistas occidentales. Nacen a 3.000 ó 4.000 metros de altitud y tienen unas condiciones de vida de extrema dureza. Eso hoy en día se está perdiendo en la cultura sherpa. Los hijos de los sherpas gozan en la actualidad de una bonanza económica importante, lo que hace que la fortaleza de los jóvenes sea menor que la de los de hace años.
– ¿Qué opinión tiene de las expediciones comerciales? ¿Cree que eso es alpinismo de verdad?
– Yo creo que una forma más de hacer montaña y la respeto, siempre y cuando la expedición comercial haga lo mismo con la montaña. Yo creo que esto se puede hacer de muchísimas maneras.
– ¿Está a favor de esa moda de ‘coleccionar ‘ochomiles’?
– Ni en contra ni a favor. El que quiera vivir de subir ‘ochomiles’, que viva. Desde luego, mi objetivo no es ése. Yo me gano la vida pasando consulta, dando clases y trabajando muchas horas al día, para luego tener un poco de tiempo para entrenar e irme de expedición, que son mis vacaciones. De hecho, yo nunca me he planteado subir los catorce 'ochomiles'. No tengo ninguna obligación, ni siquiera personal. De hecho, el Annapurna es una montaña a la que nunca pensé ir, y si fui, fue porque allí se quedó Iñaki, y su familia me pidió que ascendiese en homenaje a él. Yo siempre dije que, posiblemente, no subiría nunca los catorce, porque el Annapurna es una montaña demasiado peligrosa, una ruleta rusa.
– La muerte de Joëlle Brupbacher empañó la conquista del Makalu.
– A mí mucha gente, cuando bajé de la montaña, me felicitó por bajar. Yo no entiendo cómo se puede felicitar a alguien por bajar de una montaña en la cual se ha quedado una persona. Para mí, hacer cima ahí es totalmente un absurdo. El Makalu para mí no es la cumbre, sino la muerte de Joëlle.
– Fue un caso, además, en el que, supuestamente, una expedición comercial les negó su ayuda.
– La gente paga muchísimo dinero por ir en una expedición comercial. Las empresas están muy sujetas a sus clientes. Y lo que es realmente triste es que prime el negocio sobre la posibilidad de salvar una vida. Pero, por desgracia, ocurre con frecuencia.
– Usted es consciente de que mucha gente no sólo no comparte esa atracción por la montaña, sino que algunos, incluso, la detestan y la consideran irracional o suicida.
– Yo lo que digo es que no podemos vivir la realidad de los demás pensándola desde la nuestra. Porque yo no critico que a una persona le guste ir a la playa. Me parece estupendo si, con ello, ella disfruta. Yo creo que es un gran error (y eso lo hacemos mucho aquí), comentar, criticar y decir de los demás desde nuestra realidad. Nuestra realidad, no es la del otro.
– En el Nepal el aspecto religioso es muy importante. Percibe una atmósfera, digamos, espiritual en esas montañas?
– Yo tengo una sensación espiritual en las montañas, pero no sólo en Nepal. En Pakistán ocurre lo mismo. Te vas a Sudamérica, a Australia, a Nueva Zelanda, o a cualquier lugar del mundo y las montañas tienen una relación especial con la gente que las habitan o que las rodean. En realidad, los dioses están arriba y, cuanto más arriba estés, más cerca de ellos estarás.
– ¿Cómo afronta usted este tipo de charlas? ¿Es posible transmitir a la gente cómo se vive una aventura de este calibre?
– Es difícil de transmitir, porque, como te digo, es una forma de vida, de existencia. Es duro y más en mi caso, que no me gusta. Esta proyección es un homenaje a Joëlle. Intento evocar los años que pasé con ella y lo que sentíamos en la montaña cuando estábamos juntos. No es fácil, pero lo intento.
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