Esta semana en Torrelavega se habla de todo menos de fútbol debido a la inauguración del Nuevo Malecón, pero no hay que olvidar que mañana sábado la Gimnástica tendrá enfrente al Guijuelo. Mientras la ciudad se va engalanando de azul y blanco a medida que se acerca el momento, el cuerpo técnico y la plantilla entrena intentando aislarse de la atmósfera festiva.
José Gómez y sus jugadores son plenamente conscientes de que, a pesar de tratarse de una jornada atípica, especial para el club e inolvidable a todas luces, tienen por delante un partido de liga en el que se disputan los tres puntos. Y que de poco habrá servido empatar en Vitoria o ganar al Arandina si la victoria se escapa de la hierba del remozado Malecón en dirección a Guijuelo. Así pues, los entrenamientos prosiguen como si fuera una semana normal, entre ejercicios técnicos y preparación física. El entrenador blanquiazul intenta aislar a sus jugadores del aire de ilusión que baña estos días la ciudad.
Y desde luego, desea y confía en que lo festivo no empañe lo deportivo y la fiesta previa que se vivirá en el nuevo estadio no deje un regusto amargo en el paladar a consecuencia de una derrota.
Ilusión y cautela
El míster, siempre cauteloso, no esconde la ilusión que le hace volver a casa. Y ya no solo por el estadio, por la grada, sino por el propio campo de juego, por sus mayores dimensiones, en las que los futbolistas locales podrán volver de nuevo al fútbol de los amplios espacios. A su juego, como lo denomina de manera sencilla Gómez.
En el Malecón, además, el equipo se va a sentir mucho más arropado por su público. Los futbolistas podrán sentir casi literalmente el aliento de ánimo de sus fieles e incondicionales hinchas. También es cierto, apunta el entrenador, que en caso de no marchar bien las cosas, también las críticas, los silbidos y las palabras menos amables se podrán escuchar mucho más cerca. Son las dos caras de la realidad.
Momento dulce
La Gimnástica atraviesa por un momento dulce. Los resultados acompañan, el equipo se mantiene arriba y el juego ha ganado en eficacia y solidez. El equipo se ha convertido en una roca, un escollo para los rivales, que ya saben que enfrentarse a los blanquiazules y salir indemnes de la lucha les va a resultar, cuanto menos, complicado. Este es el equipo que no quiere soñar, que teme hacerlo no sea que resbalen sus pies, pero que invita a que los que le siguen sí lo hagan. O al menos se atrevan a ello.
Y entre tanto llega el Guijuelo, que esta semana parece que no existe, pero que ahí está, con su experiencia en la categoría, con su gusto por el toque y su apuesta por el juego elaborado a fuego lento, desde atrás y sin prisas.
José Gómez destaca de ellos, además, su velocidad y la capacidad que poseen para manejarse en las contras. No podrán participar Gárban, Eloy Martín y Gascón, pero a futbolistas como Eneko, Chema o Koeman poco les va a importar que la Gimnástica estrene o no su campo. En el vestuario blanquiazul lo saben y están trabajando en ello, buscando neutralizar los puntos fuertes de su rival.
Lejos, por tanto, de pensar en cuál será la alineación que quede para la historia como aquella que inauguró el nuevo estadio, el entrenador de Cabezón apostará, como en él es costumbre, por aquellos jugadores que están en mejores condiciones. Víctor Sánchez, lesionado, no será uno de ellos. «La inauguración, la fiesta, todo eso está muy bien», concluye Gómez, «pero lo importante es sacar el partido adelante». Más claro, imposible.