Tras 20 años como músico profesional alquilado a famosos de la talla de Mocedades, Alejandro Sanz o El Consorcio, el guitarrista Carlos Velasco desarrolla sus instintos jazzísticos en su primer disco propio, 'Muy personal', álbum instrumental y arriesgado que presenta hoy, domingo, en Santander, en el Café de las Artes, en en formato cuarteto con la compañía de Borja Barrueta (batería), Santi Ibarretxe (saxo y flauta) y el cántabro Iván San Miguel (contrabajo).
Los nueve cortes de su debut estilista y elitista, influidos por maestros de las seis cuerdas como Joe Pass o Wes Montgomery y a veces animados por arreones swing, están explicados en el libreto por el propio autor. Por ejemplo explicita sobre la cuarta pieza, 'That Old Touch': «Este tema, como la mayoría, está compuesto en mi coche, mi estudio. Desde hace años compagino la música con el taxi. Siempre llevo en él la guitarra y el portátil, todo lo que necesito para estudiar y preparar el material en el que estoy inmerso». Aunque vestido de calle, nuestro protagonista nunca se quita el traje de artista, ni siquiera en pleno atasco. Su creatividad se pasea a lomos de su taxi.
Carlos Velasco (Basauri, 1963), pionero del jazz vasco en el seno del grupo Pork Pie Hat y también integrante del grupo de swing Botxo Boogies, abandonó las largas giras fuera de casa en pro de la conciliación familiar. Consiguió una licencia de taxi gracias a la cual se gana la vida y ha dejado atrás los largos periplos por Sudamérica. Así satisfizo a su esposa, a quien dedica la composición 'Por ti', pero no ha podido quitarse del veneno de la música, su otro gran amor. Y cuando conduce su taxi y se le ocurre una melodía, la puede grabar en su móvil, como hizo para 'Five in blue', tema incluido en su primer disco como líder que, por fin, ve la luz después de recorrer mil y una noches de la escena musical y alquilar su talento a otros artistas. Un trabajo que, tal y como demostrará esta noche en directo en el Café de las Artes, es un compendio de sus sueños de cuerda a través de composiciones cocinadas a fuego lento que dejan respirar y reposar las construcciones melódicas y sus fraseos más libres y abiertos, algo impropio de este mundo de prisas y tensiones.