Cuando Berlanga visitó Santander hace seis años, se escapó de las aulas del Palacio de la Magdalena -donde el singular cineasta impartía un seminario- para visitar un escaparate de la calle Lealtad. Fetichista declarado de los tacones femeninos, aceptó complacido la invitación que le trasladó el propietario de la zapatería Francisco Ayllón, en la esquina con Calvo Sotelo, para mostrarle su peculiar y exclusiva colección de más de dos mil zapatos en miniatura de porcelana, cristal y cuero. El maestro del cine quedó absolutamente conquistado por las singulares piezas que durante años se exhibieron en los escaparates de este establecimiento y que ahora permanecen guardadas en cajas.
El poder de atracción comercial de la calle Lealtad va más allá de este recorrido puntual. En realidad, es un escaparate ineludible para todo el que transita por el centro de la ciudad, como punto de encuentro del comercio clásico, franquicias, cafeterías, despachos profesionales y consultas -hasta una personal shopper, Ana Román, ofrece sus servicios- que conviven en un curioso mestizaje.
Densidad comercial
Es una vía abarrotada, con una densidad comercial apabullante que trepa por sus edificios invadiendo las primeras plantas y conquistando los portales, saturados de referencias comerciales. Suma cerca de ochenta establecimientos a pie de calle, a los que añaden más de un centenar de negocios y despachos con acceso desde los portales; como el taller de arreglos de Cristina o el salón de Mercedes Díez. Merche, su propietaria, trabaja con tal exquisito cuidado las uñas de porcelana que cuesta distinguirlas de las naturales. Desde su salón toma el pulso a la calle Lealtad.
Enfrente tiene la cafetería La Mundial, la más antigua de Santander -desde que La Austriaca, hoy sede de Banif en Puertochico, cerró sus puertas-. Presume de ello su actual propietario, Rafael Abascal, quien lleva una década detrás de unos veteranos mostradores que, inicialmente, estuvieron en el actual edificio de Hacienda. «Tras el incendio La Mundial se trasladó provisionalmente a un barracón del Paseo de Pereda y después pasó al número 13 de la calle Lealtad, donde sigue», explica.
Veterano en la calle es también el remodelado Café Oporto, conocido por sus excelentes tortillas, que han recibido el segundo premio en dos categorías del Primer Concurso de Tortillas Santander 2011. Concretamente se galardonaron la tortilla de verduras dos texturas (también ganadora en la disciplina de tortilla creativa) y la de setas, espárragos y brotes de ajo.
Además de las barras de pinchos que le dan vida, Lealtad es, también, la calle de las zapaterías: Suma diez, en su mayoría dedicadas a calzado femenino. A falta, ya, de Pakar, una de las más conocidas de Santander, de holgada superficie comercial, que cerró sus puertas hace casi dos décadas. Estaba ubicada en una esquina privilegiada entre las calles Lealtad y Juan de Herrera, que hoy ocupa la franquicia de moda Blanco.
Mestizaje de comercio
Lealtad se conduce desde el añorado y desaparecido cine Coliseum, en la Plaza de los Remedios, hasta la bahía de Santander, a través de una serpiente comercial con solera que conserva toda su esencia. Pieza fundamental del esqueleto urbano, la calle -haciendo honor a su nombre- conserva algunos de los apellidos más emblemáticos de la estirpe comercial santanderina como Presmanes, Lostal, Oruña, Samot o Ayllón.
Son verdaderas referencias comerciales en la ciudad, aunque las franquicias, sobre todo de moda femenina, han ido conquistando la calle que, gracias al poder de atracción de marcas como Zara, Springfield, Bershka, Bennetton o Blanco se mantiene viva, donde otras han cerrado ya muchas persianas.
Únicamente el local que ha dejado libre Adolfo Domínguez, y que antaño ocupó la ferretería Ubierna, y donde estaba la tienda Custom permanecen a la caza de inquilino. Perviven comercios que llevan 58 años abriendo la puerta cada mañana, como la Joyería, relojería y platería Kostman, regentada ahora por su hija.
Azucena Aja es una de las caras nuevas de la calle. Acaba de abrir un gabinete de psicología clínica, educativa y de terapia sexual y de pareja, basada en lo que llama terapias de tercera generación, la Terapia de Aceptación y Compromiso y en la Terapia Breve Centrada en Soluciones.
Hace unos meses -y en plena crisis económica- Elisa Bascuñana se lanzó a abrir una tienda de complementos femeninos, la franquicia Aïta, que ha triunfado con sus cascos de diseño para motoristas, especialmente los revestidos con los colores de la bandera española, que en Santander tienen mucha aceptación. Y hace unos meses, también, se sumó la tienda de fotografía SFC, que emigró desde el callejón de Emilio Pino a un local más luminoso.
Otros, como el Centro Médico Lealtad, llevan más de dos décadas en la calle. En este caso, está especializado en efectuar los reconocimientos necesarios para obtener y renovar certificados médicos oficiales de permisos de conducir y armas, entre otros.