Gerardo Diego escribió muchas páginas de la historia de la literatura española. Lo hizo como poeta, como profesor y conferenciante, como escritor y crítico literario, taurino, musical... Pero su vocación investigadora, impulsada por su amor hacia la «belleza de las letras», le llevó a descubrir en la Biblioteca de Menéndez Pelayo en 1919
un manuscrito que copió y comentó con detalle.
Aquel joven de apenas 20 años, un genial poeta en ciernes, poco sabía lo que su hallazgo iba a suponer en el futuro. Hoy, casi cien años después sale a la luz esa «joya única del Siglo de Oro» que su hija, Elena Diego, encontró y rescató de entre su legajo. Se trata de la 'Fábula de Alfeo y Aretusa', un largo poema mitológico de más de 900 versos del autor granadino
Pedro Soto de Rojas, (Granada 1584-1658), uno de los grandes poetas seguidores de Góngora.
«Cuando falleció mi padre y empecé a ordenar los papeles y documentos que atesora su rico archivo encontré unas hojas por él escritas que copiaban un manuscrito inédito del siglo XVII de la Biblioteca de Menéndez Pelayo al que acompañaba un estudio», leía ayer la directora de la fundación Gerardo Diego, Pureza Canelo, para trasladar las palabras de Elena Diego, que no pudo estar presente en el acto de entrega de la obra a la institución cultural de Santander.
El primer hallazgo
La obra se encontraba entre los fondos de la biblioteca que Menéndez Pelayo legó a Santander, su ciudad. El entonces director de la biblioteca, Miguel Artigas, ofreció a Gerardo Diego unos poemas manuscritos para que los viera. Husmeando en aquellos papeles encontró un poema manuscrito del siglo XVII cosido a otros y muy deteriorado.
De hecho, «mientras lo copiaba minuciosamente se dio cuenta de que le faltaban versos, unos 40». En 1921 y tras las obras de remodelación de la biblioteca que obligaron a trasladar los fondos a un almacén cercano, en la calle Gravina, Miguel Artigas hizo un inventario de sus manuscritos en el que ya no aparece la fábula.
Con el original perdido y el tiempo pasando por encima de la historia, fue la hija del poeta la que puso en conocimiento de la propia Pureza Canelo la existencia del manuscrito. Es entonces cuando «la catadora de textos» degustó con sorpresa y admiración el gran hallazgo.
El nombre escondido
Rosa Navarro, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y especialista en Literatura de la Edad de Oro, se sirvió «de sus 40 años de experiencia como filóloga y las posibilidades tecnológicas de las que disponemos para investigar» y dar con el autor de la obra que Gerardo Diego había copiado en 1919. «Él tenía anteojeras ideológicas pero un gran paladar literario», explicó ayer Navarro, que confesó haberse dado cuenta, apenas lo leyó, de que estaba ante algo «buenísimo», un texto «de una gran belleza, musicalidad, sensibilidad y sensualidad, con alusiones a Quevedo y Góngora».
«Estamos enriqueciendo el patrimonio cultural», defendió la catedrática, que aprovechó para romper una lanza en favor del conocimiento: «Hemos enriquecido nuestro patrimonio gracias a nuestro joven Gerardo Diego. Lo que realmente queda es la cultura y en estos momentos de crisis y de recortes hay que apostar por ella».
Rosa Navarro publicará un estudio sobre la 'Fábula de Alfeo y Aretusa', la tercera de Pedro Soto de Rojas que empareja claramente con 'Los fragmentos de Adonis', una obra que se imprimió en primer lugar en una edición anónima para volver a publicarse después firmada dentro del libro 'Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos'.