Las famosas y temidas facturas de consumo de electricidad acumuladas por meses tuvieron a la culpa. 250 vecinos del popular barrio de Porrúa (los de la zona cerrada) vieron cómo el pasado fin de semana las 68 farolas que iluminan las calles privadas de esta zona residencial se apagaban, dejándoles a oscuras. Nuevamente la famosa facturación por estimación primero, y luego por valor real, fueron las culpables.
Según la información aportada a este periódico por la administración de este conjunto de viviendas, la empresa eléctrica E.ON pasó una factura de casi 10.000 euros a estos vecinos en el mes de diciembre de 2011. El abultado sobre de cuartillas recogiendo el consumo de la luz de sus calles a lo largo de todo el año pasado, «fue entregado en diciembre, facturando el total de la lectura, ya que el consumo mensual de este barrio viene a ser de unos 750 euros», explicaba ayer este portavoz.
Con el objetivo de poder hacer frente a este 'sofocón' de la deuda, los administradores solicitaron a la empresa suministradora de la energía eléctrica un pago prorrateado «pero un error informático en sus redes no recogió esta petición». Así todo, el pasado día 4 de enero, la administradora de la finca pagó el 70% del abultado recibo y quedó a la espera de que E.ON distanciara los pagos de unos 3.000 euros hasta abonar toda la deuda.
La famosa lectura estimada
Pero, de nuevo «una caída en los ordenadores» impidió tomar nota de este hecho, por lo que el pasado viernes, y por falta de pago -quedaban por abonar unos 3.000 euros- la compañía suministradora de la electricidad procedió a cortar la luz, dejando a oscuras todas las calles de la mitad del barrio de Porrúa: Galicia, Valladolid, Logroño, Segovia, Zaragoza...
Visto este hecho, los administradores de la urbanización procedieron a adelantar a los vecinos el pago de la deuda que queda pendiente, de manera que ayer por la tarde-noche volvieron a tener luz en sus calles, que han estado unas doce horas a oscuras.
La empresa que administra esta parte de la urbanización precisó que del dinero que se le ha factura a los vecinos de Porrúa, «una parte le corresponde al alumbrado del barrio del Rey, ya que hasta el pasado mes de septiembre su alumbrado público ha estado enganchado al nuestro, de manera que nosotros hemos pagado ese consumo y lógicamente reclamaremos la parte que nos deben».
El barrio ocupa 27.000 metros cuadrados, lindando con las calles General Dávila, Camilo Alonso Vega y el Barrio Obrero del Rey. Dentro del distrito se cuentan unas 15 calles, todas con nombres de ciudades o autonomías españolas. Hay 520 propietarios de viviendas, con 487 titulares de las zonas comunes, los de la primera fase construida.
Dos comunidades, un barrio
En su nacimiento, en los años 50, era un barrio ligado a la Obra Social de la Falange. Con la llegada de la democracia, los beneficiarios de las viviendas se convirtieron en titulares de la zona, adquiriendo las viviendas, y con ellas, la alícuota parte del terreno que circundaba cada bloque de pisos. En el año 2008 se planteó un conflicto vecinal por la decisión de casi la mitad de los propietarios de cerrar su propiedad. Esta decisión conllevaba hacerse cargo de los gastos de mantenimiento -luz, asfaltado y jardinería- del entorno. La otra mitad, por el contrario, decidió traspasar la propiedad común al Ayuntamiento de Santander, dando vía libre al uso y disfrute público de sus zonas hasta entonces privadas.