Zona 30 significa algo más que limitar la velocidad de los vehículos hasta ese límite; si no, ni merecería la pena implantarla en Floranes, una calle de aceras anchas y carretera estrecha donde es difícil circular más rápido incluso proponiéndoselo. Peatones y ciclistas dispondrán de prioridad en el paso para poder cruzar por donde quieran -como ya hacen muchos- con más derecho y seguridad.
«No sé si será buena idea», opina Carmen Pérez, repartidora a la carrera, obligada a dejar la furgoneta a la entrada de un garaje comunitario ante la imposibilidad de aparcar ni en doble fila. «Más que de peatones, aquí el problema que hay es de falta de aparcamiento. Es casi más complicado que en el centro».
«Yo creo que ya tenemos preferencia», dice Raúl García, de Sport Auto, mientras señala a un hombre que cruza por donde mejor le parece. «Es una calle estrecha y hay que ir despacio, y si te encuentras a alguien no le vas a 'mochar'».
Luis Sierra, que camina con dos niños sí considera una buena noticia la llegada de la Zona 30. «Con niños, siempre lo prefieres. Y lo de la velocidad, no siempre es así. Si no hay semáforo los coches van más rápido, y aquí ir a 60 ya es bastante».
Según la concejala de Movilidad Sostenible, Carmen Ruiz, la ampliación de la Zona 30 a esta parte de la ciudad responde al trabajo progresivo de «calmado de tráfico». «Es algo que se suele hacer en zonas comerciales, céntricas; sería imposible en la calle Castilla, por ejemplo. El objetivo es dotar de más seguridad y hacer más confortable la ciudad, que el peatón esté más tranquilo».
Antes de tomar esta decisión, el Ayuntamiento ha contado con un informe sobre la idoneidad de la medida realizado con el Departamento de Transportes de la Universidad de Cantabria, con el que se estudian las posibilidades de llevarlo a otras calles de Santander.
David García ha encontrado acomodo irregular a su furgoneta mientras entrega su mercancía. «A mí no me influye mucho. Mientras no me pongan todo lleno de peraltes... De todas formas en esta calle siempre hay colas y no se puede ir rápido. A mí me haría falta que hubiese más zonas de carga y descarga: hay más repartidores que sitio, y siempre nos aparcan. La calle es complicada, pero la ciudad en general también lo es, y sucede lo mismo en todas las ciudades».
Roberto Núñez circula con su bicicleta... por la acera. «No sé si la medida es buena o mala. Yo es que soy 'bipolar', porque también conduzco. Por un lado está bien, pero por el otro creo que limitar la velocidad en una ciudad en que el tráfico tampoco se caracteriza por su fluidez... quizás sería necesaria alguna medida alternativa. Se trata de medidas cosméticas, para tener visos de ecologismo, de modernidad. Yo voy por la acera porque la ciudad no está preparada para las bicis fuera de las zonas turísticas, y todos no tenemos la suerte de trabajar en El Sardinero. Las rotondas y los túneles son un peligro porque al ciclista no se le respeta, así que aquí o vas por la acera o te juegas la vida».