En el año 1953 Francisco Arias, acompañado del joven Manuel Arce, inició una tradición que con los años se convertiría en uno de los museos más originales de España. Su pintura en la tapa de una de las barricas de la bodega El Riojano aún se conserva en el mítico establecimiento del Río de la Pila. A aquella le siguieron muchas otras, la Universidad de Cantabria catalogó recientemente 109, y el local se convirtió en el Museo Redondo, un curioso lugar en el que la gastronomía y el arte han convivido durante décadas.
La iniciativa salió adelante gracias al empeño de mucha gente ,y entre ellos y sobre todo, de Manuel Arce, que ayer, ya convertido en una de las grandes e indiscutibles figuras literarias surgidas desde Cantabria, volvió a la bodega disfrutar de una cena-tertulia en compañía de muchos de sus amigos.
El segundo encuentro cultural de la nueva etapa de El Riojano quiso brindarle ayer un homenaje. Y al mismo se sumaron decenas de asistentes que completaron el comedor y que no quisieron perderse la oportunidad de compartir la velada con el escritor y galerista. Entre ellos, tres muy especiales que tuvieron la oportunidad de glosar su figura: el fotógrafo Ángel de la Hoz, el periodista y escritor Guillermo Balbona y el editor Jesús Herrán.
El primero puede presumir de ser uno de sus amigos más antiguos, tanto que incluso recordó que Arce de joven «se aburría en todas las partes menos leyendo». El fotógrafo tiene centenares de anécdotas que contar del escritor, pero ayer, sobre todas ellas, quiso recordar la parte más visionaria de Arce, ya que, según explicó, fue el primer galerista de España en montar una exposición sólo de fotografía, con las imágenes del propio De la Hoz. «Fue de las primeras personas en comprender que sí las imágenes fotográficas trascienden a la realidad se pueden considerar arte», recordó.
Guillermo Balbona, redactor-jefe de EL DIARIO MONTAÑÉS, también disfruta de la amistad del autor de 'Testamento en la montaña' que, en su opinión es «como un 'red bull' cultural con el que te vienes arriba» y, aunque destacó su gran calidad literaria y su activismo en el panorama de las letras, reconoció que «hablar, conversar, pero sobre todo escuchar es una de las mayores obras de Arce». Y es que, en su opinión, «del dato a la anécdota, del archivo a la cita, es ya la excepción: alguien a quien no le ha hecho falta morirse para que hable de él y... encima bien».
Para Jesús Herrán, responsable de la editorial Valnera, Arce es «un faro en un páramo cultural; un faro que alumbró los años oscuros de la posguerra y ha permanecido cincuenta años enhiesto frente a las galernas de la censura y en más de una ocasión frente a las críticas provincianas de las gentes pacatas».
El homenajeado por su parte recordó los inicios del Museo Redondo y no quiso explayarse mucho antes de la cena. «He escrito tanto en mi vida que ya casi no tengo nada que contar», reconoció. Sin embargo, respondió a todas las preguntas que los comensales y modo de coloquio le iban formulando durante la cena. La mayor parte de ellos representantes del mundo de la cultura cántabra como los pintores Gloria Torner o Roberto Orallo; el galerista Manuel Messía, la directora del CDIS, Manuela Alonso; el cineasta Mario Camus o el escritor Javier Menéndez Llamazares, entre otros.