Un largo poema mitológico de gran valor literario, «con pasajes de extraordinaria musicalidad y belleza y gran sensualismo», ha sido la nueva aportación patrimonial y documental a la historia de la literatura por la Fundación Gerardo Diego. La investigadora, filóloga y catedrática Rosa Navarro ha desvelado esta semana que la 'Fábula de Alfeo y Aretusa', conservada en el archivo personal del poeta santanderino, es una obra hasta ahora desconocida de Pedro Soto de Rojas (Granada 1584-1658), uno de los grandes seguidores de Góngora.
-¿Cómo define esta fábula y cuál es su valor literario?
-Es una espléndida silva de unos 950 versos que recrea la fábula mitológica de Alfeo y Aretusa, contada por Ovidio en el libro V de sus Metamorfosis. Nos ha llegado incompleta (faltan casi 50 versos), porque el manuscrito del que la copió Gerardo Diego estaba deteriorado -como indica el poeta-; pero como las lagunas están al comienzo, en la descripción del lugar, la bella historia de la ninfa Aretusa y del río Alfeo ha quedado a salvo. Se ve perfectamente que es del mismo autor de 'Los fragmentos de Adonis' -Soto de Rojas-, escrito también en silvas.
-La pasión por el gongorismo de Gerardo, ¿ha sido clave en la recuperación?
-Así es. En el artículo, inédito, en que da cuenta de su hallazgo, dice: 'Mi primera impresión fue la de hallarme, desde luego, ante un poema gongorino'. Ve que debía de ser 'de la falange culterana seguidora de Góngora', e incluso duda de 'si estaría en presencia de un poema inédito del propio don Luis'; y Gerardo Diego dice que estas deducciones le llevan a 'una lectura atenta y a una transcripción del poema'. Advierte que es gongorino, se da cuenta de que es muy bueno y se pone a copiarlo y a analizarlo.
-¿Hay algo especial, azaroso o casual que le lleva a atribuir esta pieza a Soto de Rojas, o es la consecución lógica de la investigación?
-El azar es el que lo puso en mis manos; luego vino la investigación, que no es nada azarosa. Pureza Canelo -directora de la Fundación- me pidió que interviniera, como experta en la Edad de Oro, en la entrega de la copia digitalizada del artículo inédito y la transcripción de la 'Fábula de Alfeo y Aretusa' por parte de la Fundación a la Biblioteca Menéndez y Pelayo: esa fue la intervención del azar. Luego vino mi atenta lectura y, como llevo analizando textos muchos años, comprobé enseguida lo bueno que era el largo poema, los maravillosos que eran algunos de sus pasajes (por ejemplo, el desnudo de Aretusa), y ya me puse a investigar a fondo. Solo podía ser de un gran poeta gongorino: tenía clarísimas huellas de las 'Soledades' y de la 'Fábula de Píramo y Tisbe' (que es de 1618). No fue tan difícil llegar a los sensuales versos del granadino Soto de Rojas, que tanto gustaron a Federico García Lorca y al propio Gerardo.
- ¿Este hallazgo puede devolver más atención hacia autores como Soto de Rojas?
-¡Qué más quisiera! Mientras no vuelva a enseñarse la literatura en la ESO o en el bachillerato, todo es inútil. Leerán a Soto de Rojas los que leían a Soto de Rojas, y nada más; es decir, una minoría cada vez más pequeña. El gusto por la lectura tiene que despertarse en la escuela; todo lo demás, son gotas de agua en un campo seco.
-¿Hay algún rastro del original? ¿Fue una pérdida durante el traslado, un robo...?
-La directora de la Biblioteca Menéndez Pelayo ha dicho que no hay rastro del manuscrito original. Con la copia del texto y los datos que da Gerardo Diego, tal vez pueda reanudarse la búsqueda o esperar al hallazgo casual porque esté oculto, quizá mezcladas sus páginas a las de algún otro códice manuscrito. Pero todo lo que digo son solo palabras sin valor, conjeturas vanas.
-Su estudio final sobre la 'Fábula', ¿desvelará otros aspectos significativos que implican a la biblioteca santanderina y al poeta?
-Estoy solo en el comienzo, pero confío en que sí; sobre todo confirmará lo que ya sabemos de las lecturas del poeta. Elena Diego me ha proporcionado copias minuciosas que hizo Gerardo Diego de muchos poemas de Soto de Rojas, y eso muestra el gusto que tenía por sus versos. Y tengo muchos hilos de los que tirar, ¡me están esperando muchas horas gozosas de trabajo!
-La curiosidad y el estudio del poeta santanderino son un eslabón decisivo. ¿Qué valoración hace de esta 'historia literaria' desde el patrimonio cultural?
-La buena poesía funde sus aguas, como cuenta la historia que sucedió con las de la ninfa Aretusa, transformada en fuente, y las de su enamorado, el río Alfeo. Es asombroso comprobar el paladar literario, la curiosidad investigadora, el tesón en el estudio del joven poeta Gerardo Diego en la copia y análisis de esta Fábula. No es el azar el que une a esos dos poetas, el granadino Soto de Rojas y el santanderino Gerardo, a lo largo de los siglos: es el gusto común por la buena poesía, su admiración por Góngora, y la condición que ambos compartían de ser grandísimos creadores. Es un pequeño capítulo de la historia de nuestra cultura y que enlaza dos momentos de nuestra gran poesía: la primera mitad del siglo XVII y la del XX. Si encontrar un cuadro que pueda ser de Velázquez nos enriquece a todos, hallar ese hermoso poema también lo hace: esa es la auténtica riqueza de un país.
- ¿Qué busca el poeta granadino? ¿se recrea en las posibilidades de las imágenes mitológicas o en el lenguaje?
-Al poeta granadino -siguiendo la estela de Góngora- lo que lo interesa es la creación lírica, la musicalidad, la belleza del verso. Estos poetas, cuando recreaban fábulas mitológicas, contaban una historia y tenían, por tanto, licencia para utilizar el estilo sublime, es decir, en complicar al máximo la expresión verbal porque su asunto lo requería. Estos grandes poetas quieren demostrar que la lengua castellana, una lengua romance, 'vulgar', podía alcanzar las mismas cimas de belleza que la lengua latina. Si recreaban una historia conocida, un mito narrado por Ovidio, podían lanzarse a los máximos experimentos líricos, a acumular metáforas, porque el lector culto sabía de qué estaban hablando. Y esas insólitas y bellísimas asociaciones que logran con las imágenes, con las metáforas, asombraron a los poetas del grupo del 27. Soto de Rojas funde en esta descripción lecciones aprendidas en Góngora y en Quevedo y así crea nuevas metáforas superponiendo otras.
-¿Cómo es la escritura del joven Gerardo en su estudio entusiasmado sobre la fábula que él creía de Góngora?
-Hace alarde de una sabiduría asombrosa porque narra la pequeña historia de su investigación. Dice a qué obras acude para intentar saber quién es el autor del poema, cómo va rechazando alguna posibilidad; se mete luego en la vindicación (le llama él así) de Góngora, y acaba haciendo un resumen del contenido y la composición de la Fábula y de lo que podría analizarse en ella. Por cierto, el título se lo da él.
-¿Es en estos casos cuando se aprecia el trabajo y la aportación de una Fundación?
-En efecto, así es. La Fundación Gerardo Diego es modélica en su tarea de conservación y catalogación de la obra del poeta y de todo lo que la rodea. Se ha convertido en el lugar de referencia de los estudiosos de la poesía del siglo XX. Esta conjunción de azares: la búsqueda de Pureza Canelo de un regalo que uniera simbólicamente esos dos bellos edificios vecinos con un puente literario en el centenario de Menéndez Pelayo es lo que ha llevado a este sorprendente hallazgo. Los santanderinos pueden sentirse muy orgullosos de esos dos centros de Cultura con mayúscula.
-Seguro que todos los días encuentra respuestas nuevas a ese interrogante que presidió uno de sus libros: 'por qué hay que leer a los clásicos'
-No puedo más que decirle que sí, con una í muy fuerte y larga. En ellos hay tesoros infinitos, y me gusta mucho enseñárselos a los niños; por eso me dedico también -desde hace unos años- a adaptar los clásicos para ellos. En mis horas bajas, recurro a una medicina que nunca falla: me voy a los capítulos que más me divierten del Quijote, y al rato he reducido el tamaño de mis preocupaciones.
-Como investigadora, el carácter de enigma de estos procesos ¿es un acicate especial?
-Sí. El placer de la investigación arranca desde el misterio, desde la pieza que no encaja, desde lo oscuro.
-Su aportación al misterio de la autoría del Lazarillo de Tormes es su labor más mediática. Pero ¿también es la de mayor valor literario?
-Creo que sí, porque cambiar la fecha de escritura de una obra fundamental de nuestra literatura, ponerle nombre a su autor, y modificar su lectura no es tarea pequeña; es una pequeña revolución, y por eso pasarán muchos, muchos años antes de que se acepte. Pero nada de esto pretendía cuando me di cuenta de que el último párrafo del prólogo del Lazarillo era en realidad el comienzo de la obra, porque en él ya hablaba el personaje, Lázaro de Tormes. Ahí empezaron años de investigación, que me han dado las mayores satisfacciones y los mayores disgustos de mi vida como filóloga.
-Es una de las personas que más trabaja en el cuerpo a cuerpo con los clásicos. ¿De qué se siente orgullosa?
-El orgullo no es un sentimiento con el que me sienta a gusto, aunque lo del 'cuerpo a cuerpo' me parece genial. Mi secreto es que hago lo que me gusta.