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«Es meritorio el esfuerzo de los restaurantes por adaptarse a los tiempos de crisis»

CANTABRIA EN LA MESA II

«Es meritorio el esfuerzo de los restaurantes por adaptarse a los tiempos de crisis»

José Emilio Criado. Concesionario de Citroën en Cantabria. «Para mí comer es un hobby, que te permite disfrutar con la gente, con los amigos y con la familia»

04.02.12 - 01:35 -
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Aunque la situación en el sector del automóvil, donde se desenvuelve desde hace 25 años, es complicada, José Emilio Criado, un empresario que tomó el testigo de su abuelo y de su padre como representante de la marca Citroën en la región, no abandona el semblante tranquilo y afable. Le gusta conversar y si es delante de un plato, mejor. Está al frente del grupo Auto Gomas, donde cuenta con un equipo de 90 profesionales que lideran desde hace años el mercado del automóvil en la región. En esta ocasión, la cita no es en el concesionario y no se trata de hablar de coches, ni de rallies, otra de sus pasiones; hablaremos de gastronomía, de gustos y preferencias, y para ello, un sitio a la altura de un empresario emprendedor y con inquietudes, el hotel Bahía, en el corazón de Santander y en el centro del soñado anillo cultural del que se quiere dotar la ciudad al hilo del proyecto del Centro Botín.
Sobremesa
José Emilio Criado, por su trabajo, reconoce que «me toca muchas veces comer fuera de casa, tanto aquí como fuera de Cantabria» y, fruto de esta experiencia, no duda en afirmar que se come «mejor en el norte de España, de Galicia a Cataluña, que en otros sitios, y por supuesto en Cantabria. En el sur de España, por ejemplo, hacen una cocina divertida, pero no preparan los pescados como aquí».
Al mediodía, si puede, la mejor opción es comer en casa, disfrutar un rato de sus hijos de 7 y 5 años, y, sin perder de vista el reloj, volver rápido a trabajar. «Por eso prefiero las cenas a las comidas. Son notablemente más relajadas y me permiten disfrutar de algo que me gusta mucho, la sobremesa». Habitualmente, además de los compromisos por trabajo, los fines de semana se los dedica a la familia, pero sin olvidar a los amigos, con los que siempre hay un hueco para compartir mesa y mantel una vez al mes. «Comer es un hobby, que te permite disfrutar con la gente, con tus amigos, con la familia. Además, también muchos negocios se hacen en la comidas, incluso se venden coches -comenta con ironía-. El ambiente de un almuerzo predispone a cerrar un negocio».
Casi no es necesario preguntarle sobre sus preferencias, porque rápidamente se pronuncia: «Soy de cocina tradicional y casera, me gustan sitios como La Mulata, El Hipódromo, La Bombi...». Y como empresario que es, valora todas las facetas del negocio: «Creo que Cantabria no es una región cara para comer. Se puede almorzar bien con menús de 10-12 euros y a la carta se puede comer francamente bien por unos 30 euros». Y al respecto, pone especial énfasis en «el esfuerzo que han realizado los restaurantes por adaptarse a los tiempos que corren, es meritorio, por ajustar sus precios, y eso es digno de ser valorado. Sin ir más lejos lo he podido comprobar el pasado fin de semana en El Hipódromo de Bellavista».
Arroz y carne
Al concesionario de Citroën no se le puede invitar a coles de Bruselas, coliflor, repollo o puerros, por ejemplo, porque no le van. Sin embargo, algo tan sencillo como unas rabas, un arroz o una carne roja le hacen feliz. «En Cantabria, el mejor comienzo de una comida son las rabas. No he visto en ningún sitio que preparen los calamares como aquí, y si son de rejo, mejor».
Respecto a los arroces y las carnes, reconoce que antes se atrevía con ambas cosas, «ahora hay que elegir, arroz o carne. El arroz me gusta de cualquier modo y la carne roja, vieja, a la plancha o la brasa, poco hecha, o en steak tartar. Me gusta la que tienen en Parrilla Ginés. Sobre la carne creo que la clave es el punto de maduración, algo que no se cuida lo suficiente en muchos restaurantes», señala José Emilio, quien a renglón seguido no dirá que no a «un buen guiso de alubias, que las nuestras en ocasiones son mejores que las famosas fabes asturianas, o a un pescado al horno con patatas panaderas, por ejemplo un machote o un besugo».
Otro manjar que le apasiona es el queso, y como los franceses, de postre, con un poco de pan y de vino, tinto. Porque si hay que elegir bebida, lo tiene claro, «vino tinto, antes era más de Rioja, pero ahora me decanto más por el Ribera, por su olor, para mí es algo muy importante. Además, los riberas están volviendo a un precio aceptable».
Desde hace años, fruto de sus viajes por diferentes países o regiones, ha conformado una pequeña bodega: «Siempre que puedo traigo una botella de la zona a la que viajo, a modo de recuerdo».
Y llegados al postre, José Emilio renuncia a la fruta en favor de un dulce: «No soy muy postrero, pero me gusta cambiar de sabor, primero con el postre y después con el café. Para mí el café es irrenunciable».
De sus viajes, guarda buen recuerdo de las cocinas más latinas, Italia, Grecia, Argentina e incluso de la cocina árabe o de la china. Peores recuerdos tiene, curiosamente de Francia o de la del norte de Europa, y no le atrae la tan de moda cocina japonesa.
Entre fogones, mejor otros
Y cuando toca cocinar, José Emilio se confiesa: «Soy muy malo, me gusta, pero soy muy aventurero. Empiezo a innovar y a echar cosas y la lío. Soy incapaz con un arroz, no tengo buena mano, y sin embargo me gusta la cocina por placer, incluso ir a la compra, algo que me distrae muchísimo».
No obstante, en su entorno reconoce que tiene quien le hace disfrutar: «Mi suegro Joaquín hace un arroz con verduras, muy sencillo, exquisito, es el que más me gusta. Agustín, mi cuñado, cocina muy bien, pero últimamente se prodiga poco... y me queda por probar un arroz que dicen que le sale muy bien a José Antonio Sañudo, pero todavía no se ha manifestado».
Precisamente con estos y otra aproximadamente docena de amigos suele hacer una vez al año un viaje para vivir en directo un rally del Mundial. En estos momentos están preparando el viaje a Suecia donde no faltarán provisiones: «Habitualmente llevamos productos para preparar las comidas de los rallies y las noches son más de cenas en restaurantes o en el hotel, exageradas en cantidad. En esos casos, Sañudo suelo ejercer de cocinero y yo me encargo de recoger». Quizá mejor así, aunque el arroz esté pendiente.
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Eduardo Fernández, director del Hotel Bahía, José Emilio Criado y Jesús González, maitre del restaurante, a la conclusión del almuerzo. :: DM

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