Aunque los vientos fuertes y la escasa visibilidad imposibilitaron ayer la apertura de la estación de Alto Campoo, algunos de los aficionados al deporte blanco se conformaron con los alrededores de Reinosa -en localidades como Fontibre, Cañeda o Requejo- para disfrutar de un día invernal como pocos. El frío, el viento y la nieve acompañaron por momentos la tercera jornada de un temporal que dejó imágenes para el recuerdo a algunos -los que tenían opción- y trabajo adicional a otros -a los que llamó la obligación-.
Mientras, los responsables de la estación invernal miraban los pronósticos meteorológicos para tratar de saber si hoy iban a poder ponerla en funcionamiento. El único anuncio que hicieron fue que a primera hora de hoy un equipo revisaría las pistas para decidir si abrían o, por contra, se mantenía el cierre.
Alto Campoo todavía dependía de las condiciones meteorológicas para recibir a sus visitantes cuando Sonia Cuenca, una joven vallisoletana que acababa de llegar al Ventorrillo, en Pesquera, tiraba 'bolazos' de nieve a los niños del pueblo que, emocionados, no dejaban títere con cabeza y apuntaban a todo lo que se movía. Forasteros incluidos. «Habíamos venido con la intención de esquiar, pero si al final no abre, nos quedaremos en una casa rural a disfrutar lo que se pueda». Una alternativa obligada para quienes habían cerrado ya sus planes y confiaban en que, quizás, el temporal terminaría remitiendo.
A quienes, en cierto modo, parece haber favorecido el aplazamiento de la apertura de Alto Campoo es a los pequeños hosteleros de la zona, como Eusebio García, el dueño del mesón 'Ventorrillo', que dice que, «para lo mal que está la cosa», se ha visto «más movimiento». Unos vienen por días y otros, en cambio, de pasada. «Pero vienen». Como Antonio San Miguel, un vecino de Santander que, teniendo en cuenta las precauciones de las señales luminosas de la carretera pero confiando en la labor de las quitanieves, se ha acercado con su mujer y un matrimonio a echar la mañana. «A comprar carne», dice al tiempo que pide unas chuletillas en la carnicería 'Cuca', en Santiurde.
Poca clientela
Al otro lado del mostrador está Efrén Gutiérrez. «Esta nieve es una chorrada», afirma el hombre refiriéndose a que lo del temporal siberiano tiene más de «alarma social» que de otra cosa. Para complicaciones, dice, «las de antes, cuando había más nieve y menos métodos con los que combatirla». Ahora «la gente se queda en casa y es un fastidio para nosotros».
Quien no puede escoger el calor de la estufa para combatir el frío es Isabel Vázquez, una ganadera del pueblo a quien la obligación le llama fuera, allá donde estén sus animales. «A las 60 cabezas de ganado las pusimos a salvo hace dos meses porque son más delicadas, pero a las yeguas de monte las tenemos que acercar ahora porque... ¡Mire la que está cayendo!». Ella, junto a su marido y su hija, son de hecho, las únicas 'almas' que se dejan ver por una localidad que luce de un blanco impoluto, donde es mejor ponerle al mal tiempo, buena cara.