San Sebastián, de dimensiones similares a Santander, es un buen ejemplo para que la capital cántabra perfile su futuro. Durante la última década, ha afianzando la condición de ciudad señorial, melancólica para el paseo, con los mejores 'pintxos' del mundo y capaz de reunir el glamour más exquisito en su festival internacional de cine. Se ha convertido en el principal destino viajero del norte de España y ha sostenido una vida cultural de gran ambición y alcance. No en vano, fue elegida Capital Europea de la Cultura de 2016 el año pasado, tras una pugna donde, por cierto, derrotó a Santander.
El fallo del jurado se conoció el 28 de mayo, seis días después de las elecciones que cambiaron de mano el bastón municipal y también la diputación de Guipúzcoa. El nuevo Ayuntamiento, que encabeza el alcalde Juan Carlos Izagirre, ha frenado 20 años de ininterrumpido mandato del PSOE. Sin embargo, y como Cascos en Asturias, también gobierna en minoría, con 8 concejales de 27 cuya gestión está siendo muy contestada.
«Bildu quería intensamente un cambio político, pero no sabía para qué lo quería. Uno de los principales debes de su gobierno es su permanente falta de definición del modelo de ciudad que quiere», censura el responsable de Comunicación del PNV, Oscar Rekalde. La indefinición se ha traducido en parálisis «tanto en el turismo como en el resto de las actividades», recrimina.
«Estamos dando la imagen de una ciudad aislada, crispada constantemente, cuando ésta es una ciudad tranquila», protesta Ernesto Gasco, portavoz municipal del PSOE. «Se están reivindicando políticas de aislamiento y separatismo», y eso ahuyenta a potenciales turistas, a organizadores culturales o a inversores, según avanza el socialista en su razonamiento.
«Es un análisis de ciencia ficción. ¿Crispación? La que quieran poner ellos. Estoy anonadado. Aquí no hay paralización cultural ni política», replica el concejal de Desarrollo Económico, Josu Ruiz.
Según los datos del Gobierno vasco, San Sebastián perdió visitantes en 2001 frente al notable incremento disfrutado por Bilbao y Vitoria. Bildu, en réplica, sostiene que esas cifras son erróneas y que las pernoctaciones aumentaron. Guerra de números, donde no hay que olvidar la repercusión del cierre de dos de sus hoteles más señeros: el Londres y el María Cristina.
Ajeno a las cuitas internas, Santander también podría aprovechar ese hueco, aunque el momento sea difícil. Cantabria cerró 2011 con un 4,4% menos de pernoctaciones.