El Comité de Empresa abordará el próximo martes la decisiva negociación del ERE de Teka en el Hotel Hoyuela con un objetivo clave: minimizar el impacto de las draconianas medidas que quiere tomar la empresa. «Es ilusorio pensar que vaya a retirar el expediente, por lo que hay que mirar hacia el futuro», aseguró a este periódico uno de los sindicalistas que asesora al comité. Y ese futuro ya diseñado por la empresa -198 despidos y el traslado de línea de fabricación de cocinas a Turquía- es visto por los sindicalistas y por toda la plantilla como la sentencia de muerte para la fábrica de Cajo.
«El departamento de Cocinas es la clave, es el producto de mayor valor añadido, el que más tecnificación requiere y uno de los que tiene mejor mercado», sostiene Luis Fernández Obregón, el presidente del Comité de Empresa. Dejar la fábrica sin ello y dedicarla únicamente a fregaderos sería su fin. Y además es de sentido común pensarlo así: las cocinas tienen un mayor índice de reposición por roturas y otras incidencias, es un mercado más vivo. Sin embargo, los fregaderos dependen mucho más de la obra nueva, la que no acaba de repuntar en España.
Hay datos que corroboran la pujanza de Teka en este mercado de las cocinas (denominación que engloba a las vitrocerámicas clásicas y a las encimeras de gas y de inducción). Estadísticas de Anfel, la Asociación Nacional de Fabricantes de Electrodomésticos de Línea Blanca, manejadas por el comité cifran en 250.000 las cocinas que se instalan al año en España, de las que Teka tiene el 50% del mercado. Perder ese producto estratégico significará situar a la fabrica de Cajo en el disparadero de un futuro cierre total, como ya ha ocurrido en otras factorías del grupo en España.
«Dejarnos en una fábrica de fregaderos, en la que incluso se plantean despidos entre el personal que se dedica a ello, nos reduciría a un proceso fabril de embutir y embalar. Quedaríamos sin los departamentos de investigación y desarrollo, huérfanos del diseño y las mejoras de calidad. En definitiva, con un producto de escasísimo valor añadido», augura Fernández Obregón.
Para el Comité de Empresa, la palabra clave que explica la decisión de la empresa es deslocalización. Obregón es tajante en este punto. «Teka está inmersa en una política global de traslado de sus fabricaciones. Emigra a otros países y cierra sus fábricas en España. «La de campanas de Alcalá se clausuró despidiendo a 54 trabajadores y se trasladó a Portugal; la de grifos de Mallorca acabó en China tras despedir a 90, ahora quiere dejar Cajo reducida a la mitad, con 198 despidos. Y la próxima etapa puede ser Zaragoza y sus hornos».
Apoyo del Gobierno
Tras este primer objetivo, el comité intentará disminuir el número de afectados por el expediente de despido «para mantener una fábrica potente». Y para ello necesita que el apoyo del Gobierno de Cantabria y su influencia en el Gobierno central del Partido Popular se traduzca en hechos. «La enseñanza de lo ocurrido en Mallorca es decisiva. La oposición del Gobierno regional balear y su rechazo al expediente torció el brazo al patrón de Teka e impidió el cierre de Buades», recuerda uno de los miembros del comité.
La segunda consideración es que el rechazo del expediente obligaría a la empresa, de mantenerse en su intención de despedir, a pagar el máximo estipulado de 45 días por año trabajado. «Habría despidos, pero por lo menos bien pagados».
La batalla principal del comité sigue siendo el tener acceso a las cuentas completas de la empresa, no sólo las del grupo que la dirección asegura registra unas pérdidas de 8,5 millones de euros en 2011. «Somos conscientes de la bajada de la facturación, pero creemos firmemente que la fábrica de Cajo es rentable. No es de recibo que en un expediente de 2.000 páginas las cuentas se salden con un folio», asegura Fernández Obregón.
La realidad económica de la línea blanca, no obstante, es complicada. La patronal Anfel estima que en 2011 la caída de ventas en los electrodomésticos, sector en el que está Teka, ha sido de un 14%. En el acumulado desde 2007 la caída es de un 40%, habiéndose pasado de una venta total de más de 10 millones de unidades en 2008 a apenas 5.8 millones en 2011. El pasado año, por ejemplo, la caída de ventas en vitrocerámica e inducción fue de un 13%, con un total de 847.600 unidades. En 2008 la cifra fue de 1.187.000.
La empresa no ha querido facilitar datos para este reportaje.