Convertido desde el pasado 9 de julio en el país más joven del mundo, el devenir de Sudán del Sur en los últimos meses ha oscilado entre los fuegos de artificio y las celebraciones. Un proyecto unánime -la declaración de independencia fue apoyada por casi el 99% de su población- que ya se está enfrentando a las miserias propias de la generación espontánea. ¿Las grietas? Numerosas. Porque construir un país de cero nunca fue sencillo.
En la actualidad, más de la mitad de los funcionarios del Gobierno apenas dispone de estudios primarios. De igual modo, en 2005 -fecha de los acuerdos de paz que pusieron fin a más de dos décadas de conflicto entre el norte y el sur-, el país africano tan solo contaba con 20 kilómetros asfaltados de carreteras, mientras que el 90% de su población era analfabeta.
Y, sin embargo, en un Estado incapaz de leer la letra pequeña de su generación espontánea, la 'burbuja' inmobiliaria no para de crecer. Un informe de la organización humanitaria Norwegian People's Aid revela que desde que comenzó el expolio del país en 2007, el 9% de la superficie total del nuevo Estado ha sido adjudicada ya a empresas extranjeras.
En el estudio se denuncia, además, que cerca de 30 contratos de explotación vulnerarían las leyes que rigen la propiedad de la tierra en la región. No obstante, solo se centra en proyectos agrícolas, forestales y turísticos, obviando los acuerdos ya existentes con las compañías petrolíferas y mineras.
Y no son menores. A día de hoy, el 98% del presupuesto de Sudán del Sur se basa en la extracción de petróleo. A su vez, Sudán (norte y sur) es el tercer mayor exportador de crudo del África subsahariana, con una producción cercana a los cerca de 480.000 barriles diarios. Sin embargo, y pese a estar casi el 75% de sus reservas en el sur, los acuerdos de paz de 2005 estipulan que ambas regiones se dividan los ingresos del petróleo por igual.
En esta partida económica las cartas ya nacieron marcadas. Como denuncia el ministro de Cooperación Regional (Exteriores), Deng Alor Kuol, desde el comienzo de las extracciones el Gobierno del norte «mintió» sobre la capacidad real de sus reservas, por lo que ahora toca «volver a negociar los términos del acuerdo».
Precisamente, para paliar este expolio, el Gobierno de Juba se ha embarcado en la construcción de tres refinerías y un oleoducto a través de Kenia, que evite así territorio musulmán. Aunque esto no implique el fin de la dependencia extranjera. A día de hoy, la empresa estatal China National Petroleum Corporation controla el 40% de los consorcios petrolíferos en Sudán (norte y sur).
Por ello, los guiños diplomáticos no dejan de sucederse. Antes de la independencia, Pagan Amun, secretario general del Movimiento Popular de Liberación de Sudán, anunció que mejoraría las condiciones de las inversiones foráneas, especialmente las asiáticas. El gesto no es menor, pues algunas petroleras han tenido serios problemas en el país por la presión de los grupos sociales.
¿Guerra de divisas?
Pero el conflicto va más allá. El vicegobernador del Banco Central de Sudán (del norte), Badr al Din Mahmud, ha amenazado en varias ocasiones con llevar a cabo «una guerra de divisas» contra su vecino sureño, después de que el Gobierno de Juba comenzara a emitir una nueva moneda, la libra sursudanesa.
Y ello pese a que un acuerdo tácito entre ambas partes establecía que la antigua divisa -la libra sudanesa- continuara en circulación entre seis meses y un año (el primer plazo se ha superado ya). Curiosamente, en la nueva moneda no aparece fecha alguna, lo que acrecienta los rumores sobre cuándo fue en realidad impresa.
Sin embargo, y como la mejor defensa es un buen ataque, el propio Badr al Din Mahmud ha afirmado que su país no renuncia en modo alguno a la puesta en marcha de una nueva divisa como «medida preventiva» para proteger su economía frente al recién nacido Estado, si bien 'la sangre no ha llegado (todavía) al rio'.
En el horizonte, no obstante, se mantiene el futuro de los cerca de 2.000 millones de libras que actualmente están en circulación en Sur de Sudán (casi 700 millones de dólares al cambio). Y, lo que es más importante, también la gestión de la economía de ambos países que, a diferencia de otros vecinos, se moverá en términos negativos en 2012. Son los riesgos de la generación espontánea.