Tinuca no se dio ni cuenta. Estaba muy nerviosa. En el hospital le dieron una pastilla para que durmiera bien. Ya en casa se percató de que, con el golpe, se le cayeron las gafas al suelo de la iglesia y allí debieron quedarse. Ayer, sentada en el salón de su piso en la calle Julióbriga y rodeada por los suyos, lo recordaba casi como una anécdota, una forma de quitarle tensión al «susto».
Porque Florentina Camacho fue una de las heridas que fue dada de alta a última hora del día. Aunque le han dicho que esté atenta a las próximas 48 horas. Un golpe en la cabeza es cosa seria. Peor suerte corrió Marimar Ruiz, que estaba justo a su lado en el templo. Fue a Valdecilla y, finalmente, quedó ingresada en Sierrallana. Fue la herida más grave y la única que no ha podido volver todavía a su hogar. El alcalde y el párroco contaron que ya está fuera de peligro y que se encontraba «mejor». Pero estará unos días recuperándose. «Hemos estado charlando y era ella la que llevaba el peso de la conversación», contaba el sacerdote. «Estaba brazo con brazo con Marimar», decía Tinuca, vecina de Matamorosa. A su lado sufrió el impacto. «Fue tanto el dolor que sentí que me llevé las manos a la cabeza. Estaba consciente y eso me consoló un poco. Tenía arañazos. Salí corriendo y una señora me dijo que entrara a la sacristía, pero yo fui corriendo a casa de mi hijo, que vive justo al lado».
De frente. En el 49 de la calle. Allí estaba Antonio González, el hijo de Tinuca. No escuchó nada del derrumbe, pero le extrañó oír a una niña salir llorando de la iglesia. Lo siguiente fue ver a su madre, que aún llevaba «restos de cascotes en el pelo y en la capucha». «Al principio, yo pensaba que se había caído por las escaleras».
Le pusieron hielo, pero se marcharon a urgencias. Los chichones de la cabeza, una «paletilla hinchada», un 'moratón' en la rodilla y un corte en el dedo. Recuerda el «crujir» del techo y siente todavía «como una pesadez en la cabeza» pero, con el golpe, tuvo un pensamiento muy distinto. «Me acaban de operar de la cadera», dice Fidel, su marido, al otro lado del salón. En eso pensó Tinuca. En qué iban a hacer los dos así, quién iba a tirar del marido...
En observación
Mientras, y según explicó el alcalde, Marimar había sufrido «la rotura de una escápula, un traumatismo craneoencefálico y un golpe en la zona de los riñones que requería de observación». Por eso, a media tarde -según relató el párroco desde el hospital- aún no había pasado a planta para recibir visitas. «Pero está mejor», insistían ambos. «Esta mañana ha tomado un café para desayunar y está muy habladora. El obispo le ha dicho que, cuando pueda recibir visitas, vendrá a verla».