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"Hemos tenido muchísimas suerte"

Cae parte del techo de la iglesia de Matamorosa

"Hemos tenido muchísimas suerte"

07.02.12 - 01:07 -
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Foto: Sane
El cuarto banco del ala derecha, según se mira al altar, está partido. De cuajo. Justo en el lugar donde se apoyan las manos. Al borde del respaldo. Eso sirve para hacerse una idea del impacto. Eso y los restos que aún quedan por el suelo de la iglesia nueva de Matamorosa. Uno de los cascotes, que aterrizó a mayor altura que los demás, tiene el tamaño de un periódico, pero con un grosor de color rojo -el del ladrillo- que asusta al pensar en su caída. «Hemos tenido muchísima suerte. Podía haber sido peor». Es una de esas frases que se pronuncian al día siguiente. Y es cierta. Hasta para Marimar Ruiz, la vecina de Bolmir que aún permanece en el hospital. Está mejor. Fuera de peligro. Ayer le dijo al párroco que menos mal que fue ella quién se llevó la peor parte. Los niños de la catequesis estaban en primera fila. ¿Y por qué se derrumbó el techo? Es la gran pregunta. Los peritos lo determinarán estos días, pero ayer casi todos hablaban del contraste de temperaturas entre el interior y la calle. Hasta el alcalde.
«Oficiosamente, presumimos que fue por una diferencia de temperaturas. Estos días ha hecho mucho frío y, dentro, el calor de las casi doscientas personas que había, unido a la calefacción, ha podido llevar a esa fricción que ha producido la caída», resumía Pedro Martínez, el edil de Campoo de Enmedio. Su teléfono no dejó de sonar. Periodistas, vecinos, conocidos... Tampoco el de Juan Carlos Fernández, el párroco. Tenía consejo presbiteriano en Santander y, allí, se habló también de lo sucedido. «El obispo ha querido mostrar su solidaridad y ha hablado por teléfono con Marimar -la persona que aún sigue hospitalizada-». Ya se había avisado al seguro y trasladado los partes médicos de los hospitales de todas las víctimas (ocho en total). «Mañana (por hoy) o pasado, irá un ingeniero y un perito. Lo normal es que haya que tirar toda la techumbre, todo el falso techo, para evitar cualquier riesgo», explicaba. Él también se apuntaba a la teoría del contraste de temperaturas para explicar un suceso «impredecible».
Porque la iglesia no daba 'pistas'. Ni siquiera ayer. El hueco que ha dejado lo caído del techo está en el lado derecho, en una de las naves. El resto permanece impoluto. Ni grietas ni bultos ni signos de humedad... Blanco inmaculado. «Han dicho que si había mucha nieve, pero con todo lo que ha llovido no quedaba nada». Porque llover, llovía a cántaros. Eran algunos de los muchos comentarios de los vecinos que se acercaron un día después. Había goteras, sí. Aún hay cubos en la zona del presbiterio. Pero era algo tal vez filtrado por las juntas tras el deshielo. Nada grave. Todo, de hecho, estaba seco. Y es que la iglesia es relativamente nueva (de ahí hasta su nombre). Se terminó a mediados de los setenta y el techo se reformó hace unos 18 años. «Decían que, cuando hacía viento, se levantaban algunas tejas. Por eso le pusieron una cubierta como chapada», contaba el sacerdote. Hace dos años hasta le dieron una mano de pintura. «Sin mí no podeis hacer nada», puede leerse encima del altar. Junto al Cristo.
En el escenario
A eso de las dos de la tarde, a Mariaje le daba miedo entrar. Pero lo hizo, aunque fuera a la pata coja a causa de la herida en una pierna que le provocó el desplome. Se levantó la pernera del pantalón varias veces para mostrar el vendaje. Aún había un banco movido, el que ella misma intentó correr para ponerse debajo. «Serán cohetes», le dijeron cuando se escuchó el crujir previo a la caída. Estaban celebrando Santa Águeda. Cosa de las fiestas.
«Las organiza la Asociación de Vecinos Santa Águeda», comentaba Chelo Corral. Ella sabe mejor que nadie que ese día se invita a dos miembros de cada colectivo de los alrededores. Cortesía. Dejó su sitio «a la gente de fuera». Eso -y el carácter festivo- explica que, entre las víctimas, haya vecinos de otros pueblos de la zona (de Guriezo, de Bolmir...). Suspendieron el baile. No había ganas de celebraciones. «Esto ya no se nos olvida. Santa Águeda ya no va a ser lo que era»...
Pero a la santa no le faltó devoción un día después del susto. «El milagro de Santa Águeda», se escuchó decir entre el grupo de vecinos, curiosos y afectados que se acercaron un día después. «No reaccionas», «fue horrible», «podía haber sido una tragedia», «si llega a abrir más el 'roto'»... La calle estaba desierta salvo por las madres que iban a recoger a los críos al colegio, en la calle Casimiro Sainz. Un lunes feo, incómodo. De frío y lluvia y con esa nieve sucia que queda en las cunetas. Pero en la iglesia había gente. Diez personas se habían juntado allí a la hora de comer.
Casualidades
Señalaban los bancos rotos y el agujero del techo. Atendían a las preguntas de los reporteros. Recordaban qué le pasó a cada una. Repetían su versión del fatídico segundo. Cada cual, desde donde estaba. Desde donde lo vio. «Fíjate, que yo siempre me siento en el tercer banco, menos ayer». Mari Carmen Vélez lo decía sin cesar. Su sitio habitual estaba rodeado de ladrillos. Roto. Teñido del pesado blanco y rojo que cayó al suelo desde una altura de unos ocho metros. Ella se encarga del cuidado de la otra iglesia -la vieja, donde se trasladará el culto- y les preguntó a sus compañeras de la nueva si les echaba una mano para pasar 'el cepillo'. Bendita casualidad. «Decía la gente que si era alguien desde fuera que quería romper la iglesia. Cómo iba a ser eso...». Al igual que todos y, pese a librarse de las heridas que sí sufrieron otros, quedó impactada. «No pude dormir anoche. Me dio como un ataque de ansiedad después de que ocurriera. Aún lo tengo aquí, metido en la cabeza».
El 'crujido', la caída y la salida acelerada... Hay una doble puerta y los nervios provocaron «empujones». Es lógico. De hecho, el alcalde quería destacar que todo el mundo «se mantuvo muy sereno». «Tanto los heridos como los demás. Se portaron muy bien...». Otra de esas frases de un día después. Ahora tocará hacer cuentas. Valoraciones, informes, obras... Pero por Santa Águeda, el año próximo, seguirán hablando del techo.
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