El piano ha estado presente en el cine desde las primeras proyecciones. Empezó como un mero acompañamiento y poco a poco fue convirtiéndose en otro protagonista más de la película. Hasta que llegó el cine sonoro y fue desapareciendo de las salas y de los patios de butacas. Pero aún hay un buen número de cinéfilos que añoran contemplar una de estas cintas de cine mudo, por supuesto en blanco y negro, con el sonido del piano en directo; y aunque pocos, en España todavía hay pianistas que se dedican a ello. Uno de estos es Javier Pérez de Azpeitia, asiduo colaborador de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que compagina la docencia con una intensa actividad ligada al mundo de la cinematografía y con conciertos de música clásica. Esta tarde se sentará al piano en la Filmoteca de Cantabria para acompañar los fotogramas de 'Harakiri', la obra de Fritz Lang que se proyectará a las 20.00 horas. Será la primera de una serie desiete citas con el público de Bonifaz.
Si no hiciera todas estas cosas, el oficio de pianista de cine mudo, «no daría para vivir», según explica, «pero tiene sus satisfacciones», pues recorrer los circuitos cinematográficos le permiten disfrutar de una de sus mayores aficiones y también viajar. «Durante años he trabajado mucho, incluso he actuado más como pianista de cine mudo que como clásico. Ahora ha llegado la época de vacas flacas y las oportunidades ya no son tantas».
Plantea su trabajo de una forma concienzuda. Primero mira la película y se fija en los puntos más importantes, «aquellos en los que la música tiene que tener más o menos protagonismo, según la tensión», señala. Para cada escena, de acción, amor o humor toca unos acordes diferentes. Reconoce que hay determinados filmes que ya tienen una partitura asociada como 'Metrópolis', de Fritz Lang, «pero en otras nos tenemos que hacer un pequeño esquema tras el visionado. Por ejemplo, en 'Harakiri' que es la que veremos hoy en la Filmoteca, me baso en los personajes para la interpretación porque cada uno tiene su motivo y por ello yo llegaré con dos o tres partituras y luego improvisaré según la acción». Y es que este músico reconoce que una de las cosas que más le gusta es la improvisación. También se declara un «pianista de melodrama». «Es donde más puedo sacar de mi, pues me parece que la comedia con tantos gag repetidos es un poco monotemática».
En cuanto al público, suele responder de forma muy positiva, afirma. «No cabe duda de que la música del piano ayuda, porque si se emitiese en silencio se escucharía hasta la respiración del espectador de al lado. Eso siempre y cuando el pianista sea capaz de transmitir».