La historia se repite. Una semana después del atraco a mano armada a un supermercado, Torrelavega volvió a vivir un hecho similar. Dos encapuchados robaron en la tarde del miércoles, pistola en mano, la Administración de Lotería número 4, situada en el barrio de Nueva Ciudad. Según ha podido saber este periódico, el botín superaría los 10.000 euros.
Lidia Gutiérrez, una de las propietarias del establecimiento, se disponía a bajar la persiana para fregar, una vez acabada la jornada a las ocho de la tarde. Un encapuchado, que vestía una sudadera naranja, entró por sorpresa y la empujó, cayendo sobre la puerta de acceso al búnker, que acababa de abandonar. El ladrón, siempre mirando hacia el suelo para evitar las cámaras de seguridad, ordenó que bajase la persiana y abriese la caja fuerte. Tuvo que esperar varios minutos, dado que cuenta con un sistema de retardo. Una vez abierta la caja, el encapuchado exigió a Lidia que vaciase su bolso y le llenase con el dinero, la recaudación de lo que iba de semana. Los propietarios de la Administración de Lotería han preferido no desvelar la cantidad sustraída.
Varios testigos
Siempre con guantes y portando una pistola, el individuo pidió a la lotera que levantase la persiana. Fuera le esperaba otro encapuchado, con el que huyó. Ambos fueron vistos por varios vecinos, a los que no sorprendió que llevasen la cara tapada, dado el intenso frío del miércoles.
Pilar Gutiérrez, que ayer atendía el negocio, reconoció que su hermana lo está pasando «muy mal» y todavía tiene «el susto en el cuerpo». Esta administración de lotería lleva abierta 25 años y es la primera vez que sufre un atraco. La Policía Nacional investiga el caso. Al parecer, los atracadores son jóvenes, de nacionalidad española y no serían los mismos que el pasado 31 de enero se llevaron 3.000 euros, también pistola en mano, del supermercado Norcash, situado en el barrio Paseo del Niño.
En aquella ocasión, el suceso se produjo a la una de la tarde, cuando ya no quedaban clientes y los dos empleados que permanecían en el negocio se disponían a cerrar. Además de la recaudación, los delincuentes se llevaron las carteras de los trabajadores. En una de ellas, además de las tarjetas de crédito y la documentación, había 350 euros para efectuar un pago. Los ladrones exigieron a los empleados el dinero y que se tumbasen en el suelo. No fueron agresivos, pero el susto que se llevaron los trabajadores fue mayúsculo.